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23 de septiembre de 2010 | #1147

EXCLUSIVO DE INTERNET | ¿El Subte a la CTA o la CTA al subte?

El cordero bajo la piel del lobo

Uno de los puntos más fuertes de la campaña de la fracción Yasky en las elecciones de la CTA consiste en la presentación de Roberto Pianelli, dirigente del sindicato del Subte, como candidato estrella y próximo secretario general de la CTA Capital. La presentación alude, como un aporte a una nueva CTA, a la historia de lucha del subte y sus enormes conquistas. Como contrapartida incluso -así la presentan- de una política impotente de la CTA, basada en marchitas aisladas y en la organización de "sindicatos de desocupados" (reportajes a Pianelli en La Tribu, Canal 7 y otros). Esto como si Yasky o Baradel no hubieran sido coautores responsables de estas políticas durante los últimos quince años.

Se trata, entonces, de un proyecto político que trasciende estas elecciones de la CTA y que se plantea como un aggiornamento del viejo aparato, por lo que merece una apreciación a más largo plazo, en el cuadro de la etapa abierta con la crisis del régimen kirchnerista y los realineamientos de la burocracia sindical y la transición hacia una nueva dirección en los sindicatos.

La lucha del subte, de más de diez años a esta parte, y la correspondiente organización a que dio lugar -combativa, antiburocrática e independiente del Estado- se convirtieron, objetivamente, en un punto de referencia para todo un espectro de comisiones internas, sindicatos y agrupamientos antiburocráticos, que fueron surgiendo desde el Argentinazo y al ritmo de la declinación del régimen K y de las fisuras del dominio despótico de la burocracia sindical integrada al Estado.

En septiembre del año pasado, el nuevo sindicato del subte, que había roto con la UTA casi un año antes bajo las banderas de la independencia sindical y la democracia asamblearia, preparaba la huelga general por el reconocimiento gremial que se le negaba y que consagraría la expulsión definitiva de la patota de la UTA.

El alto voltaje de esos días estaba dado por la amenaza que significaba un paso tal, a la línea de flotación del conjunto de la burocracia sindical. Y, por ende, a la gobernabilidad del régimen K, golpeado por la derrota electoral, la crisis ‘del campo' y una serie de luchas obreras. Se convirtió, junto al conflicto de Kraft, en una cuestión de Estado. Al punto que la UTA amenazó con un paro nacional, Moyano con una movilización masiva y la burocracia de la UOM se despachó con el exabrupto de un ataque contra "la Cuarta Internacional". Era imperioso montar una operación de alto nivel para domesticar al subte y calmar a Moyano. Y así se hizo.

El operativo contó con el concurso del gabinete de Tomada y de la CTA, a través de operadores de primera línea como Claudio Marín de telefónicos y Pedro Wasiejko, del neumático, para cooptar al grupo de delegados del subte encabezado por Roberto Pianelli. Y no se escatimó, según versiones periodísticas del momento, la intervención personal del propio matrimonio K. Como aporte colorido, el MST se acercó demasiado al fuego con su delgado Néstor Segovia y lo perdió en el intento a manos del yaskismo, que hoy lo cuenta entre sus más activos colaboradores, empujando por la candidatura de Norberto Pía.

El resultado fue el establecimiento de una suerte de tutelaje ministerial sobre los delegados del subte, con la finalidad de diluir sus reclamos en estériles negociaciones burocráticas y un compromiso de congelar durante un año el reclamo del reconocimiento del nuevo sindicato (AGTSyP), lo que conlleva la continuidad de la UTA como representación gremial oficial.

Esta política de domesticación y subordinación al Estado, conocida como las actas de la "paz social" de noviembre, es la marca de fábrica de la política del pianelismo yaskista. La política de la CTA aplicada al subte y no al revés.

A partir de entonces, el clima que reina en el subte es de estancamiento. Las pautas salariales las impone la UTA, en maridaje con el gobierno bajo la batuta de De Vido; a los delegados del subte sólo los llaman a firmar. La política de ingreso de personal y ascensos, disfrazada bajo la forma de una "bolsa de trabajo" trucha, es manipulada por la patronal y la UTA, montando permanentes provocaciones contra el activismo y la AGTSyP, lo que incide en la desorganización del trabajo y el desangre de las líneas en decenas de conflictos. Y la organización asamblearia y de bases es, cada vez más, desplazada por el manejo de un grupo de delegados que monopoliza las negociaciones con los funcionarios del gobierno y concentra en sus manos las decisiones. Con ese método, sin debate en la base, sin preparación alguna, los delegados yaskistas precipitaron un "ingreso a la CTA", que para la masa de los trabajadores es absolutamente ajeno.

A la luz de este balance, corresponde pronosticar que un eventual dominio yaskista de la CTA y un liderazgo Pianelli de la seccional Capital no auguran la proyección de la real experiencia clasista del subte al resto del movimiento obrero como la pintan. Sino una malversación demagógica del capital conquistado por el subte, en función de la subordinación al Estado -hoy al régimen K- y de una domesticación de los sectores "levantiscos".

El hecho de que un sector de los delegados y varias asambleas de sectores se hayan delimitado y opuesto -tanto a la maniobra de la paz social de noviembre como al ingreso a los empujones a la CTA- y de que esos delegados y sectores sean los que encabezan la lucha reivindicativa en las líneas es lo que sienta los cimientos para la continuidad del desarrollo de los luchadores del subte. Y es la base del mentís a la impostura y la manipulación que desde el yaskismo se pretende imponer al movimiento obrero.

 

Sergio Villamil

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