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29 de julio de 2005 | #910

Los docentes pueden terminar con la miseria salarial

Una causa nacional, una huelga general nacional
Por Corresponsal
Declaración de la Comisión obrera del Partido Obrero

Las huelgas parciales de maestros y profesores abarcan ya a ocho provincias. Para el 1 de agosto está prevista la reanudación de las huelgas en Salta. Las expectativas son de que ocurra lo mismo en San Luis y en Neuquén. Con motivo de una feroz represión que sufrieron anteayer los docentes de Chaco, ha sido declarado en la provincia un paro de 48 horas.

La lucha de los docentes, que es también la lucha por la educación, tiene un alcance nacional. La dirección de Ctera la sigue considerando como una lucha localizada, por provincias, sin conexión de unas con otras. Trabaja para su derrota.

De otro lado, la reacción del Estado ha sido brutal. Descuento de días de huelga; afirmación de que los docentes se encuentran muy bien pagos; movilización de punteros para producir choques entre padres y maestros. Con el antecedente que tiene D’Elía, de haber apaleado maestros de Suteba de La Matanza en 2001, cuando su jefe Kirchner ni siquiera existía, a alguien se le podría ocurrir enfrentar a los piquetruchos oficiales a los maestros en ocasión de las huelgas en curso. En Salta, Barrios de Pie no interrumpe sus actividades de punterismo educativo cuando se desarrollan huelgas docentes.

El gobierno nacional acaba de elevar al 11% la contribución previsional de los estatales, lo que incluye a los maestros, con la consiguiente reducción de los salarios. Luego de haberse echado atrás de un anuncio de aumento del 10% a los jubilados, no puede decirse que Kirchner sea permeable al reclamo de los sindicatos de la educación. El gobierno confía absolutamente en sus métodos de presión sobre la burocracia de los sindicatos para poner fin al plan de lucha. No tiene otra política.

Del lado de los maestros y profesores, el apoyo a las huelgas parciales ha sido masivo, a pesar de las amenazas. En Córdoba tuvo lugar una movilización de casi diez mil maestros.

La vía para quebrar la obstinación oficial (una obstinación que responde a la necesidad de cumplir con las exigencias de los dueños de la deuda pública y del FMI) es, en primer lugar, la huelga nacional. Sea de 48, de 72 o de 96 horas, la huelga debe ser nacional, o sea organizada en común y con un propósito reivindicativo común por parte de todos los sindicatos en lucha. Es falso que la negociación es obligadamente provincial, ya que todas las huelgas provinciales que hubo hasta ahora se arreglaron como consecuencia de una intervención directa del gobierno nacional.

La huelga nacional debe abarcar a la totalidad de las provincias, incluso las que no están en huelga, pero que ya lo estuvieron y no consiguieron lo que reclamaban.

Las huelgas parciales no pueden ser la única forma de lucha; desgastan a maestros, padres y alumnos. Al cabo de una o dos huelgas parciales se impone la huelga indefinida. O se atienden de una vez las reivindicaciones, o no hay clases. Si se atienden las reivindicaciones hay espacio para reorganizar el año lectivo, sin imposiciones, para colaborar con que los alumnos puedan recibir el dictado de clases establecido.

Las luchas se sostienen si tienen un carácter popular y si involucran directamente a la masa de los trabajadores que necesitan de esa lucha. La conducción de la lucha debe ser asamblearia y de ningún modo burocrática; los docentes deben decidir, no recibir órdenes. La conducción burocrática de una huelga delata la intención de liquidar la huelga, lo que sólo puede hacerse burocráticamente. Siguiendo los ejemplos de los autoconvocados de Salta; de Amsasfe Rosario, San Lorenzo y Caseros; de los plenarios de delegados de escuela de las seccionales opositoras de Suteba; esos ejemplos indican que es necesario convocar a asambleas locales y generales y elegir comités de lucha y de huelga.

La burocracia bonaerense de Baradel ya ha frustrado numerosas luchas una vez que le fueron concedidas, por el gobierno, posibilidades de negociación que, sabidamente, no pretendían llegar a ningún lado y que efectivamente no llevaron a nada; de lo contrario, Suteba no estaría de nuevo en huelga, ni el ministro de Educación de la provincia actuaría como un provocador. Ahora se pretende repetir la operación, esta vez con una reunión con Solá. Pero Solá no tiene nada que ofrecer. El hecho de que admitiera reunirse con Suteba, luego de haber puesto la condición de que se levantara el plan de lucha, es una señal de su debilidad política, que hay explotar, no compadecer. Salvo que Solá haya recibido seguridades previas de la burocracia de que el plan de lucha quedaría en suspenso.

Las huelgas docentes en todo el país testimonian el malestar social enorme de las masas argentinas y la presión política creciente que ese malestar suscita. No son un fenómeno ‘gremial’; a través de las huelgas docentes se expresa una fuerte necesidad del pueblo.

Llamamos a apoyar con actos y marchas a las huelgas docentes y llamamos a impulsar una política de huelga nacional, masiva, indefinida; una huelga capaz de quebrar la resistencia del gobierno. Es el camino de la victoria.

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