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15 de enero de 2015 | #1347

Malhe: reincorporar a Ariel Tribas

Defendamos el cuerpo de delegados
Por Corresponsal
El 24 de diciembre, la patronal despidió a uno de los principales referentes del cuerpo de delegados de Malhe Rafaela. La patronal eligió el día del despido con el fin de desmoralizar al compañero, su familia y el resto de los trabajadores.
 
Este ataque se suma a una serie de provocaciones que incluyen insultos a compañeras y amenazas verbales a los representantes de los trabajadores, en el contexto de una negativa general a resolver los problemas más elementales de las condiciones de trabajo.
 
Desde hace un tiempo, la gerencia viene aplicando una política de despidos hormiga, arreglando con plata a los compañeros para que acepten la cesantía de forma voluntaria. El objetivo es producir cada vez más con menos gente, es decir, aumentar los ingresos y achicar los costos laborales.
 
La empresa se prepara para aumentar la producción hasta un 40% en 2015, pero pretende hacerlo con la misma cantidad de compañeros en las secciones. Para eso quiere agregar nuevas máquinas aumentando la contaminación sin respetar las condiciones de seguridad e higiene.
 
El cuerpo de delegados se ha puesto al frente de los reclamos y ha tomado iniciativas. En primer lugar, ha reclamando el bono de fin de año ante la parálisis de la UOM y ha denunciado el ajuste que quiere imponer la patronal. 
 
La empresa sabe que se enfrenta a una nueva camada de activistas y quiere cortar el proceso de raíz. En Rafaela ya se han hecho acuerdos por empresa por el bono salarial en otras fábricas como Appo y BMC; viene creciendo fuertemente el activismo combativo en las diferentes fábricas.
 
Hace cinco años, los compañeros de Malhe Rosario sembraron una gran experiencia para la clase obrera contra el cierre de la planta y dejaron una enorme enseñanza sobre el papel de la burocracia de la UOM, el ‘socialismo’ santafesino y las patronales, de las cuales el nuevo activismo ha tomado nota.
 
En el actual cuadro de crisis se suma un fuerte movimiento antiburocrático de los metalúrgicos cordobeses y un crecimiento de cuerpos de delegados combativos. Es necesario -y posible- poner en pie una agrupación metalúrgica nacional que luche por un programa independiente de los trabajadores y que sirva de trampolín para echar a la burocracia sindical. 
 
Ahora impulsaremos una gran campaña para defender el cuerpo de delegados y preparar las condiciones para un plan de lucha por la reincorporación de Ariel Iribas cuando los trabajadores retomen las actividades el 19 de enero.
 

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