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3 de marzo de 2016 | #1401

Por qué naufragó el encuentro del 5 de marzo

Una izquierda que no está a la altura de las tareas en el movimiento obrero
El encuentro de sindicatos combativos y de izquierda convocado para el 5 de marzo naufragó definitivamente, cuando ya estaba reservado el Miniestadio de Racing, excelente escenario para un reagrupamiento de esta magnitud frente al ajuste en marcha y ante el defol de la burocracia sindical. La iniciativa, planteada por el cuerpo de delegados de la Línea 60 y el Sindicato Aceitero de Capital en diciembre, atravesó una dilatada lucha política en la izquierda del movimiento obrero, que terminó en su desarticulación definitiva una semana antes.
 
En nuestra edición impresa de Prensa Obrera advertimos sobre la impasse. El primer acto de esta desarticulación fue sacar del eje de la convocatoria y organización del encuentro a los sindicatos y comisiones internas convocantes iniciales: nos referimos a la Unión Ferroviaria de Oeste, el Sutna San Fernando, AGD-UBA, y, desde luego, aceiteros y la 60, que habían logrado reunir a más de ochenta dirigentes sindicales el 11 de diciembre pasado.
 
Allí se acordó trabajar por una convocatoria para principios de marzo. Pero, en esa misma reunión, se debatió la necesidad de una primera respuesta del activismo clasista ante el reclamo del momento: el bono de fin de año frente a la escalada inflacionaria. El planteo chocó con rotundas negativas, en particular de Izquierda Socialista, pero finalmente se llevó adelante -y exitosamente- a partir de una iniciativa de la CTA Micheli que concretaron los sindicatos de izquierda. El día anterior habíamos acompañado una movilización a la Plaza de Mayo de Cresta Roja. La convocatoria debió ser una lección respecto de las posibilidades de agrupamiento y movilización del sindicalismo clasista y la izquierda fundadas en una política de lucha e independencia política.
 
Pero en lugar de profundizar ese rumbo, convocando a nuevos sindicatos y mandatos de lucha, el ex Encuentro de Atlanta -IS, MAS, Rompiendo Cadenas-, con acuerdo del PTS, logró imponer que el Encuentro de marzo girara en torno de un “acuerdo de la izquierda”, con o sin representación, con o sin mandato, al margen de toda campaña política por las reivindicaciones, cuando arreciaron los despidos y la inflación. Se llegó a un documento común, de compromiso, pero que tuvo poca o nula difusión y trabajo en el activismo del movimiento obrero de todo el país, porque rápidamente el encuentro se empantanó en una discusión sobre la “mesa”: única y real preocupación de la mayoría de los grupos, que derivó en una guerra faccional a varias bandas.
 
A iniciativa de la Coordinadora Sindical Clasista-PO nos agrupamos en una columna independiente que marchó a la Plaza de Mayo en el formidable paro estatal del 24 de febrero, frente al cual, sin embargo, el futuro encuentro no jugó ningún papel activo planteando una perspectiva superadora de la dividida burocracia sindical de ATE. En Mendoza, después de vacilar ante la convocatoria divisionista del kirchnerismo, el PTS acompañó a la Verde degennarista en lugar de marchar junto a la dirección clasista del sindicato provincial.
Mientras se desarrollaba este debate, el PTS improvisó una lista divisionista en gráficos contra la Naranja, con apoyo indisimulado de la burocracia oficial. El MAS y el PTS trabajan por otra lista divisionista en el Sutna, contra la lista seccional y nacional que organiza la Negra de la seccional San Fernando.
 
En apoyo a esta política contraria al frente único de clase, empezaron a poner como condición la participación en la mesa de estos sectores, desconociendo mandatos y representaciones. A la par de esto, el PTS puso como condición la inclusión de Alejandro Vilca, delegado jujeño de un sector municipal y expulsado por la dirección del “Perro” Santillán, en la mesa del Encuentro, a lo que se opusieron todas las corrientes (especialmente el CRCR en representación del Sindicato Unificado de los Trabajadores de la Educación Fueguina -Sutef) con la excepción de la CSC-PO.
 
El Encuentro debía expresar un frente único de lucha y por la agenda urgente de los trabajadores, contra el ajuste y sus agentes sindicales. Ello planteaba colocar al frente de la convocatoria a las organizaciones obreras reales, cuyas directivas se jugaron debatiendo y aprobando mandatos. En cambio, se siguió el camino contrario: colocar al Encuentro como un campo de disputas, donde el faccionalismo es la expresión de una política de seguidismo a la burocracia y sus agentes políticos. Hay que tomar nota que, en las reuniones de diciembre, el MAS y el PTS reivindicaron una supuesta “resistencia” del sindicalismo kirchnerista, en referencia a los Iadarola, Baradel, Yasky o Wasejko. El Sutna San Fernando, que votó concurrir al encuentro como sindicato, está librando una batalla titánica para conquistar el sindicato nacional del Neumático de aquella burocracia, elogiada por una parte de la izquierda. No fue casual que toda la izquierda que sucumbió en esta convocatoria fuera a la Plaza de Mayo de Rossi, Mariotto y Moreno por la libertad de Milagro Sala. Es decir, una izquierda rápida de reflejos para hacer de furgón del kirchnerismo en decadencia, pero atada de pies y manos para abrir un rumbo de independencia política en el movimiento obrero.
 
El desarrollo sindical de la Coordinadora Sindical Clasista y su decidido aporte al encuentro no fue reconocido jamás, esto como resultado de la estrategia de disputa entre grupos, con la excepción -en la mayoría de los puntos- de Rompiendo Cadenas. No obstante ello, realizamos todas las concesiones imaginables, pero el encuentro naufragó por razones profundas.
 
Cuando faltaba una semana para el encuentro, no había ningún acuerdo para que allí se resolviera una movilización para mediados de marzo por las reivindicaciones centrales: 40% de aumento y mínimo equivalente a la canasta familiar, abolición de ganancias, contra los despidos y por el reparto de las horas de trabajo, contra el protocolo y la represión.
 
La izquierda demostró que no está a la altura de las tareas que tiene planteadas el movimiento obrero, y que no advierte el potencial de desarrollo que nos ofrece la precariedad del nuevo gobierno macrista y la crisis del peronismo, que incluye especialmente a la burocracia sindical.
 
Solamente fundada en otras bases políticas y metodológicas podrá prosperar una iniciativa de frente de único de las izquierdas en el movimiento obrero. Con seguridad, la evolución de las tendencias de lucha que se expresaron en el gran paro de ATE colaborarán para que esto ocurra.
 

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