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4 de septiembre de 2016

Marcha Federal: movilización de miles, ningún plan de lucha contra el ajuste

Gran columna independiente del sindicalismo combativo
Foto: Sebastián Baracco
 
La marcha convocada por la CTA de Hugo Yasky y los restos de la CTA de Pablo Michelli movilizó a alrededor de 50.000 asistentes. En medio de la más absoluta tregua de la “reunificada” CGT –unidad reivindicada en su discurso por Yasky- y de la parálisis de la facción degennarista de ATE dirigida por Hugo Godoy y Oscar De Isasi, en la varias veces postergada Marcha Federal se filtraron los conflictos y reclamos populares contra el ajustazo de Macri y los mandatarios provinciales, incluidos especialmente los gobernadores K. Ante un gobierno golpeado por la crisis del tarifazo, la movilización es un antecedente de las audiencias públicas por los aumentos en los servicios. De todos modos, sus organizadores condicionaron cualquier continuidad a una iniciativa de la CGT, una socia fundamental de la coalición del ajuste.
 
 
Radiografía de la marcha
 
En una jornada en la que sólo pararon los docentes de Capital Federal, Buenos Aires y Neuquén, y los estatales de la Capital, las columnas sindicales fueron reducidas. Una de las más importantes, las de ATE-Capital, dirigido por el kirchnersimo, congregó alrededor de 2000 trabajadores, a los que se sumaron algunos centenares de la provincia de Buenos Aires; Ctera movilizó alrededor de 2500; el sindicato K del subte aportó alrededor de medio centenar de lo más cercano al aparato pianellista; la Corriente Sindical Federal kirchnerista de la CGT, entre los que se encuentran algunas seccionales de la UOM, la Federación Gráfica Bonaerense –que aportó un centenar de asistentes-, y la Bancaria, entre otros, aportaron alrededor de 3000 trabajadores.
 
El mayor peso de la marcha, entonces, corrió por cuenta de los movimientos sociales vinculados al kirchnerismo, como La Cámpora, la Tupac Amaru, Kolina, el Miles de D’Elia, o el Evita –que viene de romper con el FpV y está en una luna de miel con Macri, a cambio de miles de planes sociales. Los organizadores hablan de más de cien organizaciones sociales –algunas de ellas tributarias del espectro de la izquierda y la centroizquierda-, incluyendo a multisectoriales contra el tarifazo. También sumaron los sectores políticos del espacio K, como Encuentro Popular, Quebracho y otros. 
La iniciativa fue parcialmente impulsada por el PJ. La marcha “contó con el apoyo de su titular José Luis Gioja, así como del titular del Partido Justicialista porteño, Víctor Santa María, y del presidente Pro Témpore del Parlasur, Jorge Taiana” (El Cronista, 2/9). Por esa vía, la movilización contó con la participación de 60 intendentes pejotistas bonaerenses, según informó el propio Yasky.
 
Y fue también un terreno para que jugaran las internas que ya bullen al interior de la recién unida CGT, como lo expresó la delegación que aportó Camioneros con 200 choferes, Peajes (Pablo y Facundo Moyano subieron al palco), del Suterh -Porteros- del mencionado Santa María o varias delegaciones de la Uocra. 
 
A este entramado de la burocracia sindical K y del pejotismo se le sumaron miles de trabajadores que se movilizaron en forma autónoma, detrás de las consignas enarboladas por los convocantes: contra el ajuste, los despidos y el tarifazo.
 
Cuadratura del círculo
 
Así las cosas, la burocracia sindical kirchnerista se encontró con su propia cuadratura del círculo: cómo servirse del clima de luchas obreras y populares para recauchutar a un kirchnerismo que, al mismo tiempo, carga con el peso de un desprestigio y descomposición crecientes. Por eso, y a pocas horas de la debacle de la “Marcha de la Resistencia K”, Yasky intentó colocar en segundo plano a los elementos más conspicuos de la camarilla kirchnerista. Aún así la impronta a favor del “volveremos” que definió a la Marcha Federal rebasó por todos los rincones. Una parte del lugar ocupado por la marcha, algo reconocido por todos los medios, se la deglutió la presencia en los palcos laterales (un intento fracasado de disimulo) de decenas de ex funcionarios K. La presencia de cadáveres políticos de la corruptela K como Martín Sabatella, Héctor y Mariano Recalde, Aníbal Ibarra, Daniel Filmus, Marcó del Pont, Mariotto, Fernando Esteche, Scioli y nada menos que el ex vicepresidente Amado Boudou, acompañados por D'Elía, desnudaron hasta qué punto la Marcha Federal fue colocada al servicio de su rescate.
 
También estuvo en el palco el ex ministro de Trabajo, Carlos Tomada, el mismo que durante 12 años le negó la personería gremial a la CTA.
 
En este cuadro, los discursos no pasaron de bravuconadas contra el ajuste detrás de dos objetivos: emplazar al macrismo para que otorgue a la CTA de Yasky un lugar en un eventual acuerdo económico y social, y posicionarse frente a la crisis de la CGT.
 
Yasky señaló reiteradamente que había llegado el momento de terminar con el ajuste, pero nada planteó para que la clase obrera se coloque a la cabeza de la lucha contra el ajuste de Macri y de los gobernadores K, a los que no mencionó en momento alguno. El sometimiento al kirchnerismo se reveló, una vez más, como un bloqueo directo a una lucha de carácter nacional por las reivindicaciones amenazadas. 
 
De todos modos, la amenaza de que comenzaba la cuenta regresiva del paro nacional… si el gobierno no escuchaba la necesidad de discutir la “agenda social” se paralizó la misma noche del 2 de setiembre, cuando el ministro Triaca citó a la CTA yaskysta a “dialogar”. La propia convocatoria a la marcha tuvo ese carácter, contrario a cualquier proceso de paro nacional y plan de lucha que coloque a los trabajadores como única fuerza capaz de quebrar el ajuste capitalista en curso. No hubo paro de la CTA, ni tampoco de la Ctera,ni asambleas, ni plenarios de delegados para organizar e impulsar la huelga general.
 
La Marcha Federal actuó así, por un lado, como una canal de contención a las luchas, cuando la burocracia K sigue dejando aisladas las huelgas de los petroleros, de los trabajadores azucareros, de los trabajadores del neumático que hoy pelean por su paritaria y de la propia docencia, que ha demostrado en las últimas semanas sobradas muestras de lucha con los paros arrancados por los Sutebas combativos en la provincia de Buenos Aires. Por el otro, fue otro intento de someter a los trabajadores al carro del kirchnerismo fracasado.
 
Multitudinaria columna y acto independientes del sindicalismo combativo
 
Los Sutebas multicolores de la Matanza, Escobar, La Plata, Tigre y Ensenada, el Sutna, Ademys, la seccional ferroviaria de Haedo, el Sitraic, Amsafe-Rosario, decenas de comisiones internas gráficas, de la alimentación, papeleras, de ATE, la AGD-UBA, el Polo Obrero, delegados telefónicos, ATE-Mendoza, y agrupaciones clasistas y antiburocráticas de decenas de gremios se autoconvocaron en una gran columna de cerca de 3000 trabajadores, defendiendo el programa obrero contra el ajuste enarbolado en la gran movilización a la Plaza de Mayo del pasado 9 de agosto (ver nota). Los miles de compañeros se dirigieron a los trabajadores proclamando la consiga de paro nacional y plan de lucha contra el ajuste.
 
La Coordinadora Sindical Clasista del Partido Obrero se empeñó a fondo en defender el programa y el método del clasismo, que en su columna y en el acto previo a marchar se delimitó por completo del sindicalismo K. La concreción de la columna y del acto fue el resultado de una dura lucha política, ante un amplio espectro de la izquierda que se integró detrás de la burocracia yaskysta.
 
Los organizadores de la movilización del 9 de agosto colocamos una ruta para el activismo. La bandera de la independencia política de la clase obrera flameó y fue expresada por los oradores del PO advirtiendo sobre los operativos de la Iglesia y otros sectores, en función de un acuerdo económico y social para enchalecar al movimiento obrero detrás de la oposición patronal y ante la posibilidad de una temprana fundición política del macrismo.
 
 
 
 

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