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14 de octubre de 2016

La “modernización” del Estado se cobra otra víctima

Gerardo Abraham trabajaba en la Subsecretaría de Hábitat del Ministerio del Interior.
Por Corresponsal
Gerardo Abraham trabajaba en la Subsecretaría de Hábitat del Ministerio del Interior. Falleció el 13 de octubre por la madrugada de un infarto al corazón. Por la mañana había concurrido al médico laboral de la oficina porque se sentía mal. Le diagnosticaron tendinitis. Continuó en el lugar de trabajo, pero tuvo que retirarse en medio de una reunión porque le dolía el pecho y le faltaba el aire.
 
La jefa de gabinete de la Secretaría de Vivienda y Hábitat, Mónica Rivera, dijo que Gerardo había fallecido porque estaba gordo. Desligándose de toda responsabilidad. Pero a renglón seguido confesó: “la gestión tiene ritmos de trabajo, el que no pueda seguirlos, queda afuera”.
 
Gerardo fue uno de los creadores del Programa Arraigo y un baluarte de la Comisión Nacional de Tierras. En la subsecretaría de Hábitat puso a disposición su gran experiencia y conocimiento sobre los problemas en hábitat y urbanismo. Su compromiso con las tareas que le encargaban, lo llevó a chocar con sus jefes inmediatos ya que el tiempo que demoraba en hacerlas no se correspondía con los ritmos que se le exigía. La semana pasada Gerardo había expresado un tremendo malestar por la presión laboral que tenía encima, llegando al borde del llanto.
 
Este malestar se repite en muchos otros compañeros del área que manifestaron diversos problemas de salud, desde ACV y pérdidas de embarazos hasta gastritis.
 
Sus compañeros realizaron una asamblea el viernes por la tarde. Pegaron carteles en todos los pisos denunciando que la presión laboral fue la que mató a Gerardo y escracharon a Rivera por sus dichos. Se convocó a una asamblea para el próximo martes para exigir el fin del maltrato laboral.
 
Gerardo es otra víctima del ajuste del macrismo y los gobernadores. La precarización, los despidos y los bajos salarios son la herramienta de extorsión de la patronal para aumentar los ritmos de trabajo en función de justificar convenios millonarios por obras de infraestructura que firman con las provincias.
 
Los trabajadores vamos a salir a pelear con más fuerza contra la “modernización” del Estado que implica miles de despidos y más flexibilización. 

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