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17 de noviembre de 2016 | #1437

CGT: una estrategia de desmovilización

Dicen que los animales no tropiezan dos veces con la misma piedra. Pues bien, la CGT se moviliza al Congreso por una ley de Emergencia social, acompañada por las organizaciones sociales-papales de la Mesa de Concertación y… con una nueva propuesta de ley para suspender los despidos por 90 días. Eso sí, “en caso de que no haya respuesta positiva ante el reclamo en la Mesa de diálogo”, según uno de los representantes del triunvirato cegetista, Juan Carlos Schmid (El Cronista, 8/11).
 
Recordemos el derrotero de la ley antidespidos, votada por las cámaras legislativas luego de largos 50 días de debates parlamentarios, circunscripta a seis meses de plazo, la cual, sin embargo, fue vetada de inmediato por Macri.
 
La CGT no fue al paro ante semejante golpazo. La oposición tampoco insistió buscando las dos terceras partes para que fuera ley, algo que tenía cómodamente en el Senado y de lo que estaba cerca en Diputados.
 
¿Desde qué lugar vuelve ahora al Congreso? ¿Qué balance presentó a los trabajadores para volver sobre sus pasos?
 
Despidos
 
Los despidos han seguido y no son menos de 200 mil en lo que va del año, y la crisis industrial se agrava. La construcción volvió a caer en septiembre y octubre luego de un repunte mínimo en agosto. Los despidos oficiales suman 72.000, pero hay que sumar allí la enorme proporción de compañeros en negro, algo que puede casi duplicar la cifra. La UOM denuncia unos 20 mil trabajadores afectados entre despedidos y suspendidos y la industria textil perdió, según la cámara empresarial, 20 mil puestos.
 
De hecho, el número más abarcativo es la capacidad industrial ociosa, que se estima en un 40%. Esto demuestra, por un lado, la generalización y magnitud del parate. Por otro, que no sólo no vinieron inversiones, sino que cualquier reactivación tiene por delante la propia capacidad instalada antes de que nadie ponga un peso.
 
Volver… al Parlamento
 
Desde el ángulo de los intereses de los trabajadores, el fracaso de la estrategia cegetista no puede ser mayor. Por otro lado, la oposición en estos meses acentuó su sociedad con las leyes del ajuste: blanqueo, rebaja de impuestos a las terminales automotrices, blanqueo de capitales, presupuesto de endeudamiento y ajuste a salarios, jubilaciones, educación, investigación y salud. ¿Por qué volver a apoyarse en esa oposición?
 
Indudablemente, hay dos motivos estratégicos. El primero, gambetear otra vez el paro nacional, disimulando -con una acción de movilización- el acompañamiento al ajuste, la contención del movimiento obrero y el aislamiento de quienes salen a luchar, como los choferes platenses y cordobeses, los obreros azucareros de Seabord o los docentes que piden reapertura de paritarias.
 
El segundo motivo, reforzar a la oposición socia del ajuste para darle de nuevo protagonismo en el Congreso, alrededor de maniobras, como la ley de Emergencia social, que ya tiene curso en el Senado. Esa ley, no sólo parlamentariza el reclamo del que fuera el movimiento más revolucionario de los trabajadores, a fines de los ’90, el movimiento piquetero. Plantea una sanata, porque sólo promueve un Consejo de la Economía Popular, que, a su vez, determinaría el monto de un “Salario Social Complementario para un millón de puestos de trabajo de la economía popular a crearse”.
 
No establece monto alguno para los Argentina Trabaja, que jamás podrían estar debajo del salario mínimo. Al contrario, propone a la burguesía una línea asistencial para más precarización laboral con apoyo del Estado.
 
No ha sido gratis la integración de Barrios de Pie, la CCC y la Ctep del Movimiento Evita a la “articulación” con la burocracia sindical de la CGT y, a su turno, a la Mesa de Concertación impulsada por el Vaticano, donde mueren todos los reclamos del movimiento obrero. Los gordos de los ’90 no quieren repetir la experiencia de aquel período, donde surgió un movimiento de carácter independiente que mediante cortes de ruta y movilizaciones, escapando a los punteros y a la regimentación de los sindicatos, salió a enfrentar el hambre y la desocupación en todo el país.
 
El clasismo y el Polo Obrero confluirán en Atlanta con el Frente de Izquierda, 24 horas después de esta movilización con destino de derrota. Allí plantearemos un programa y un rumbo de independencia y lucha de clases para poner en pie al movimiento obrero y transformarlo en alternativa política. Luchar por un paro activo nacional y un plan de lucha, reagrupando al clasismo, llevando las luchas a la victoria, luchando por la expulsión de la burocracia sindical, con el método y el objetivo de un congreso de bases del movimiento obrero que discuta un plan económico de los trabajadores y un plan de lucha para imponerlo.

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