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23 de noviembre de 2016

Bullrich: “No me paro como ministro de Educación, sino como su gerente de RRHH”

Así se presentó en la Conferencia Industrial de la UIA. Acompañó los planes flexibilizadores de Macri en el campo educativo.

“No me paro como ministro de Educación, me paro como gerente de Recursos Humanos, eso es lo que soy para ustedes”. Así se presentó el ministro de Educación Esteban Bullrich ante los empresarios reunidos en la conferencia industrial de la Unión Industrial Argentina (UIA). Fue el santo y seña para explicitar cuál es la orientación de fondo para la educación y el trabajo en la Argentina.

De este modo, Bullrich acompañó la disertación antiobrera de Macri en el mismo escenario, aplicada al campo de la educación. Dejó claro el rol del principal responsable del sistema educativo argentino en función de crear una futura mano de obra a la medida de los requerimientos de las patronales: flexible, degradada, descalificada y con “capacidades” para adaptarse a la precarización y flexibilización laboral.

Educación y precarización

Bullrich precisó la pretensión de vincular la educación con el mundo empresarial. Retoma y profundiza lo establecido por la Ley Técnico-Profesional de 2005, la propia Ley Nacional de Educación de 2006 y las principales resoluciones del Consejo Federal de Educación, especialmente las referidas a educación media.

El vaciamiento de contenidos de formación específica que impone la Nueva Escuela Secundaria (NES) supera incluso al operado por la Ley Federal de Educación en los ‘90.

Se trata de adaptar la escuela media y técnica a los lineamientos de –entre otros- la OCDE que privilegia la formación en “habilidades blandas” por sobre el conocimiento científico-técnico.

En un reciente informe del Instituto Nacional de Educación Tecnológica (INET) titulado “Demanda de Capacidades 2020-Análisis de la demanda de capacidades laborales en la Argentina”, en el que se consultan a más de 800 empresas que operan en el país, se concluye en que existe un “desacople” entre la educación y el sector productivo, destacando la necesidad de trabajar en “las capacidades blandas como la iniciativa, la motivación y el trabajo en equipo, la capacidad de adaptarse a escenarios de incertidumbre, innovación, flexibilidad para los cambios, etc.”

Esta descalificación de la formación se complementa con el desarrollo del negocio de la “formación permanente”, y los cursos y carreras (privadas, “gestionadas” o conveniadas con fundaciones, empresas o sindicatos) de formación laboral o para la “empleabilidad”.

Estatuto Docente

Ya está en marcha para los docentes de todo el país lo que anunció Macri ante el empresariado de la UIA. Se intenta introducir una reforma cualititativa en la relación laboral entre los docentes y el Estado, introduciendo la productividad en la tarea educativa. Esto, a través de la evaluación, intentando incorporar el salario por mérito atado a los resultados de las evaluaciones y determinar a partir del "índice de mejora de la calidad educativa", el acceso y permanencia en los cargos docentes, un ranking de escuelas con presupuesto diferenciado y atando el otorgamiento de becas para el estudiantado a los resultados de las pruebas estandarizadas y externas.

Es un plan de ataque a la docencia y al conjunto de los jóvenes y trabajadores para desvalorizar la fuerza laboral.

En la ciudad de Buenos Aires, Rodríguez Larreta estaría por firmar un decreto que establece la caducidad cada 5 años del puntaje docente por los cursos de capacitación realizados, de tal manera incentivar el negociado de la venta de cursos por parte del sector privado y la burocracia sindical, e introducir la evaluación como mecanismo punitivo del puntaje a través del cual se accede a los cargos.

El Operativo Aprender, si bien fue una continuidad de los Operativos Nacionales de Evaluación (ONE) que se vienen aplicando ininterrumpidamente desde la década del 90, al igual que las pruebas PISA, fue una línea estratégica para Macri y Bullrich de imponer la “cultura de la evaluación”, es decir, la precariedad educativa, salarial y laboral, para adaptar la educación a los requerimientos del mercado laboral, el empresariado y los organismos internacionales a los que está sujeto el país.

Enfrentar este plan de ataque a la educación y al movimiento obrero requiere de una intervención activa e independiente para superar y derrotar a la burocracia sindical y todos los sectores políticos patronales, para abrir un curso de acción que permita desenvolver un plan de lucha en defensa de la educación pública y de las conquistas obreras de las últimas décadas.

 

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