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19 de diciembre de 2016

Paro del transporte: bronca obrera y maniobras burocráticas

Por G.M.

Foto: Télam

El paro convocado por la Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte (CATT) tuvo un enorme impacto en Capital Federal, el Gran Buenos Aires y otras grandes ciudades del país como La Plata y Rosario. La enorme adhesión mostró el repudio de los trabajadores del sector al impuesto al salario.

En contraste, la directiva de la CATT lo defiende y limitó la medida al reclamo de que queden desafectadas del impuesto las horas extras, viáticos y feriados, que constituyen hoy cerca del 60% del salario de buena parte de los trabajadores del transporte.

Tempranamente, el triunviro de la CGT y dirigente de la CATT, Juan Carlos Schmid, aclaró ante los medios que no se trataba de un paro contra el oficialismo. El ministro del interior, Rogelio Frigerio, confirmó por su parte que se encuentran avanzadas las tratativas para cerrar un acuerdo que garantice la aplicación del impuesto al salario en una banda intermedia entre el proyecto original del macrismo y el proyecto aprobado por el massismo y el kirchnerismo en Diputados, suspendido en el Senado como parte de las negociaciones entre todos estos sectores, las patronales y la burocracia.

Los colectivos no circularon entre las 5 y las 7 de la mañana. El paro fue rotundo, pero la burocracia de la UTA boicoteó toda deliberación de los trabajadores. Los sectores combativos del gremio promovieron asambleas en lugares como la línea 503, de la ex Ecotrans.

Los trenes no funcionaron hasta el mediodía y fueron suspendidos los vuelos nacionales e internacionales. El acatamiento fue absoluto en todos los gremios aeronáuticos, pero la burocracia no promovió asambleas, realizando en su lugar algunas movidas de aparato.

En el subte, las medidas se extendieron hasta el mediodía y el malestar con el impuesto al salario empalmó con la bronca por la inseguridad laboral que se cobró recientemente la vida del operario Matías Kruger. Metrovías no suscribe el protocolo presentado por los delegados del subterráneo y los obreros de los talleres han empezado a negarse a desarrollar tareas donde no hay condiciones de seguridad.

La llave del pacto antiobrero por Ganancias lo constituye la burocracia sindical. El gobierno confía en destrabar el asunto en la reunión de hoy con la conducción de la CGT.

Pero las conclusiones que deja el paro son otras: la necesidad de pelear por la abolición del impuesto al salario y el establecimiento de un mínimo no imponible de 69,000 pesos.

Este reclamo, ausente en las conducciones de los gremios del transporte, estará presente en la movilización del sindicalismo combativo y la izquierda del próximo 20 de diciembre a Plaza de Mayo.

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