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20 de febrero de 2017

Crisis entre la Iglesia y los Scouts por “la ideología de género"

El clero quiere una total subordinación de los jóvenes
Hace unos días trascendió una carta de Mario Poli, máxima autoridad de la Iglesia Católica en Argentina, donde manifiesta su malestar con la Asociación Scout debido a un cambio en el plan educativo aprobado en su última Asamblea Nacional, donde se modifica el concepto de familia como “formado por un varón y una mujer” por el de “formado por personas”.
 
Afirma que esto constituye un punto de no retorno y ataca el “avance (de) la ideología de género” en la asociación juvenil. A su vez, confiesa la intención de apuntar a un mayor grado de regimentación conformando una Federación de scouts cristianos, luego de la separación de los Scouts de Argentina. (Infobae, 11/2).
 
En diciembre pasado, Héctor Aguer, arzobispo de La Plata, había retirado el financiamiento a la regional de los Grupos Scouts de La Plata en el marco de la misma modificación del concepto de familia que, según él, allanaría el camino para la aceptación del “divorcio, las parejas ensambladas y el cambio de sexo” (Clarín, 19/12/16).
 
La crisis abierta entre la Iglesia y su principal asociación juvenil (nuclea a más de 75.000 niños, niñas y jóvenes) pondría en juego una fuente muy importante de reclutamiento para la curia. Los grupos Scout son una de las patas mediadoras en el control educativo e ideológico de la juventud por parte del clero, a la vez que constituyen una valiosa herramienta de contención social, en el marco del ajuste en curso, en los barrios más pobres del país donde realizan actividades asistenciales.
 
En respuesta, la cúpula de la Asociación Scout llama desesperadamente a un diálogo con el Obispado, en una demostración del carácter oscurantista y conservador de los principios rectores de esta organización.
 
El rol reaccionario de la Iglesia en la educación de los jóvenes se despliega cotidianamente, privándolos de educación sexual, obstaculizando la interrupción de un embarazo no deseado y persiguiendo las sexualidades divergentes.
 
A su vez, asistimos a esta crisis en un país sacudido por enormes escándalos originados en el abuso de menores por parte de curas, con la complicidad del Vaticano y el Estado.
 
La Iglesia, en tanto institución retrógrada y reaccionaria, batalla contra el “avance de la ideología de género” en sus organizaciones juveniles en el marco de un ascenso del movimiento de mujeres a escala mundial en la lucha por sus derechos.
 
Queda clara la enorme impostura de quienes hoy en día justifican su transformación en el brazo piquetero de la Iglesia a partir de expectativas en el supuesto discurso “progresista” del Papa.
 
Los Estados han tercerizado buena parte de la cultura, el deporte y el esparcimiento de la juventud en el clero y sus organizaciones satélites. A esta orientación reaccionaria le oponemos la libre organización de la juventud, forjada en la lucha por ganar los recursos para su desarrollo material y espiritual.
 
Hoy más que nunca los jóvenes debemos organizarnos en forma independiente exigiendo la separación de la Iglesia y del Estado. Y, de este modo, terminar con el financiamiento a la educación clerical y confesional y conquistando una verdadera educación sexual laica, científica y no heteronormativa.
 

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