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18 de octubre de 2017

La paritaria aeronáutica en su laberinto

Que los trabajadores de base opinen y que nada se firme sin ser aprobado en asamblea general.
Por Corresponsal
La paritaria de Aerolíneas-Austral está empantanada. La patronal nos ofrece un 16% de aumento, y plantea meter mano en las condiciones de trabajo con cláusulas de productividad –aceitadas con sumas por única vez–, en línea con la reforma laboral por sector.
 
El macrismo agita en los medios que los aeronáuticos cobramos $70.000, salario que reciben sólo algunos pilotos con antigüedad o personal gerencial, pero el 90 % de los 11.000 trabajadores no llegamos ni a la mitad de esa cifra. Con el mismo argumento, en 2011 Cristina inauguró la “sintonía fina” acusando a los aeronáuticos de boicotear Aerolíneas.
 
Mario Dell'Acqua, presidente de Aerolíneas Argentinas S.A. y hombre de Techint, dijo que en la paritaria anterior recibimos un 42% de aumento. La realidad es que fue un 35%, no remunerativo (en negro) durante 11 meses, sin tributar aportes, contribuciones sociales ni jubilaciones. Ahora, cuando el aumento pasa a estar en blanco y se aplican los descuentos, vemos reducido nominalmente nuestro ingreso.
 
Las burocracias aeronáuticas se rasgan las vestiduras denunciando la mentira del 42%, pero fueron ellas las que disfrazaron aquel aumento para hacerlo pasar a los trabajadores.
 
Las sucesivas reuniones conciliatorias fueron terreno de provocaciones patronales con el objeto de someter a las conducciones sindicales a una capitulación completa. En lo que va de la gestión macrista, la “unidad” de los cinco sindicatos sólo sirvió para que nadie saliera del libreto conciliador. Incluso por fuera de estos cinco, la conducción de Aeronavegantes –moyanistas de Facundo– declaró “no tomaremos a los pasajeros de rehenes”.
 
Todos ellos fueron del apoyo incondicional a Mariano Recalde (ex presidente de ARSA) al apoyo a su sucesora Isela Costantini, dejando pasar el cierre de SOL (300 despidos) y la autorización de centenares de frecuencias a las líneas de bajo costo –puntas de lanza de la precarización laboral. En Aerolíneas se baten récords de pasajeros transportados y de nuevas frecuencias, sobre la base de la superexplotación de una planta de trabajadores que disminuye constantemente con los retiros voluntarios y jubilaciones anticipadas, que no son compensados con nuevo personal.
 
Los gremios se niegan a confrontar rogando al macrismo para que les tire algo que puedan dibujar mejor ante la base. En este escenario la patronal se agranda y va por todo. Hace rato que quieren destruir los convenios aeronáuticos, arrancados con duras luchas contra los vaciadores estatales y privados. Convenios que privilegian la seguridad del trabajo y de los vuelos por sobre la productividad y las ganancias patronales.
 
No hubo medidas de fuerza. Sólo asambleas informativas sin debate que por algunas horas demoraron vuelos. De mayor a menor, se pasó de una movilización sin paro en diciembre a “asambleas” de 4 horas primero y luego de 2.
 
Los aeronáuticos debemos salir del inmovilismo. Que los trabajadores de base opinen y que nada se firme sin ser aprobado en asamblea general.
 
La política de las burocracias aeronáuticas nos lleva a la derrota. Un resultado electoral favorable al macrismo será utilizado para justificar el “no se puede hacer nada”.
 
Aerolíneas puede ser el caso testigo –luego de la flexibilización brutal  del convenio petrolero– de un ataque masivo a nuestras condiciones de trabajo y salario. Retomemos la tradición de lucha de los aeronáuticos para derrotar el ajuste.

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