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El clasismo ante el paro del 25

Lanús, el 23: un enorme laboratorio obrero para organizar el paro activo e impulsar un plan de lucha.

Indudablemente, la convocatoria a un nuevo paro nacional es expresión de la magnitud de los choques sociales que están planteados en el debut del pacto del gobierno con el FMI. Pero en la perspectiva de sus organizadores no está la pretensión de llevar a la clase obrera a la victoria, sino de administrar su derrota.

Finalmente, la CGT convocó a parar el 25 de junio, sin movilización. Un año y tres meses después del último paro nacional de las mismas características, la gran central obrera argentina vuelve a parar por 24 horas. Es claro que a estos dirigentes no los mueve la idea de un plan de lucha contra el ajuste macrista. En el medio, vale recordarlo, ocurrió el paro de 12 horas, también sin movilización, que pocos cumplieron, aquel inolvidable 18 de diciembre. Cuando centenares de miles de trabajadores, en cambio, se movilizaron para intentar impedir la aprobación de las reformas previsional y tributaria.

El primer dato que surge a gritos, entonces, es que la CGT le teme como a la peste a la movilización de los trabajadores y a la movilización popular en general. La misma que por estas horas inunda las calles por el aborto legal, como parte de un gigantesco movimiento de masas por los derechos de la mujer, que esta burocracia tampoco defiende. Salvo algunos sindicatos del clasismo, como AGD, el sindicalismo no ha dispuesto un “cese” para la concurrencia masiva de las trabajadoras a luchar por el derecho a la interrupción voluntaria del embarazo.

Macri no pudo evitar el paro, pero hasta cierto punto tampoco quiso, incluso ninguneó al desgastado Triunvirato que esperó las “propuestas oficiales”. No es mal mensaje al mundo financiero internacional, pendiente del destino del descomunal crédito del FMI y el plan de guerra contra la clase obrera que lo acompaña, que algún pataleo se produzca ante el comienzo de tamaño ajuste y devaluación.

La CGT fue empujada al paro, porque hubo cero concesiones a los módicos reclamos planteados, ni siquiera la exención de ganancias en el aguinaldo. Pero no se nos puede escapar que hay un acuerdo tácito de no tomar una senda huelguística en torno a la reapertura de paritarias, a partir del decreto presidencial que fija un tope de dos cuotas adicionales de 2,5% cada una, legalizando una ruta de intervención directa y despótica del Estado en las paritarias. Es el camino para que los estatales queden clavados en el 15% anual (los municipales y los porteros de los kirchneristas Genta y Santa María en 12%) y para que el conjunto del movimiento obrero quede al menos diez puntos debajo de la inflación que nadie espera por debajo del 30%.

De suspensión de despidos es ridículo hablar, cuando la propia Cámara Argentina de la Construcción denuncia que el parate del 81% de la obra pública puede dejar 300 mil trabajadores de la construcción en la calle. Y cuando el memorándum del FMI establece para el 2018 un crecimiento del 0,4%, lo que quiere decir que en la segunda mitad del año tendremos crecimiento negativo, es decir una aguda recesión económica de la mano de la caída del consumo, del mencionado parate en las obras, de las tasas de interés siderales y del proceso general de desinversión y fuga de capitales.

Es claro entonces que el propósito del paro general es posicionar a la CGT en una postura opositora, sin obstaculizar la marcha de esta tercera fase, ahora fondomonetarista, del plan de guerra de Macri contra los trabajadores. Es el plan que los gobernadores y legisladores pejotistas empezarán a acompañar con desplantes y críticas, como la ley de tarifas (cuyo veto pasó sin pena ni gloria). Son parte de una oposición que, para la clase capitalista, tiene que empezar a jugar el rol estratégico de eventual recambio 2019, pero brindándole gobernabilidad al rescate del FMI en el mientras tanto.

Como parte del paisaje opositor, resulta notable que el moyanismo, y con él la centroizquierda sindical kirchnerista –y no tanto–, se adapten al paro matero del 25. Pablo Moyano dijo: “ellos tendrán su estrategia”, tomando distancia del Triunvirato, pero adaptado al carácter de la jornada.

Lo nuestro, paro activo y plan de lucha

Nadie, en el variopinto escenario de la burocracia sindical argentina, quiere un paro activo con abandono de tareas para confluir en todas las plazas del país, empezando por la Plaza de Mayo, en un verdadero paro activo nacional que pondría en movimiento a las masas para enfrentar al gobierno del FMI y abrir un curso huelguístico capaz de derrotarlo. El Vaticano, de fuerte intervención en todo el arco de la burocracia sindical y los movimientos sociales del trío San Cayetano, está en la misma: bendición de las protestas, mucho asistencialismo frente a lo que viene, pero de ninguna manera organizar la irrupción de los trabajadores. Es esa irrupción la que empezó a ocurrir en Nicaragua, en Jordania y en distintos países árabes, abriendo otra ola de levantamientos frente a la descarga de la crisis capitalista sobre las masas.

Precisamente, ese es el rumbo estratégico que ponemos a debate del clasismo. Por ello, tenemos que empeñarnos en garantizar el carácter masivo del paro, pero a partir de asambleas y plenarios de delegados que impulsen darle carácter activo y que sea el puntapié de un plan de lucha. Por otro lado, debatir un programa integral de reivindicaciones y un verdadero programa de los trabajadores para que la crisis la paguen los capitalistas.

Las listas clasistas que la CSC-PO organiza en las elecciones de la CTA, servirán también como punto de reagrupamiento. La tarea estratégica es poner en pie a la clase obrera para encabezar un movimiento de masas capaz de derrotar el ajuste de Macri, los gobernadores y el FMI.

El plenario de Lanús, que crece cada día, –como lo demuestra la adhesión de la asamblea general de 800 compañeros de Luz y Fuerza de Córdoba, que se suma a una treintena de sindicatos y centenares de cuerpos de delegados convocantes–, será un gran laboratorio en esa dirección de independencia política del movimiento obrero de las fuerzas políticas patronales y de las burocracias sindicales asociadas a ellas. Al mismo tiempo será la caja de resonancia y de adopción de medidas de acción para combatir el aislamiento de las luchas en curso y llevarlas a la victoria.

Como están dadas las circunstancias, Lanús no parará de crecer, porque la perspectiva de los trabajadores es de grandes choques contra el régimen, dentro de los cuales, el paro del 25 será apenas una instancia.

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cgt

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