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Plenario del 23 de junio: la autoexclusión del PTS

El 23 de junio, en el estadio cubierto de Lanús, tendrá lugar el plenario convocado por el sindicalismo combativo, que reunirá a gran parte de la vanguardia luchadora del país y a la inmensa mayoría de las corrientes que se reivindican clasistas o anti-burocráticas.

El puntapié inicial lo dio el SUTNA y rápidamente se plegaron la UF de Oeste, la AGD-UBA, los gremios neuquinos (ATEN, Ceramistas, telefónicos) que venían de protagonizar una iniciativa similar en su provincia. Con el correr de los días, se han sumado una larga lista de sindicatos, internas y cuerpos de delegados, que seguramente crecerá mucho más hasta el 23.

La ofensiva capitalista contra los trabajadores y su profundización – a partir del acuerdo con el FMI – clarifica y delimita de manera tajante los campos con la oposición patronal y la burocracia, en todas sus variantes. Por lo tanto, el plenario nacional del 23 será una oportunidad extraordinaria para reagrupar detrás de un pliego o un programa común y un plan de acción, a numerosas experiencias antiburocráticas y de lucha que recorren al movimiento obrero.

La autoexclusión del PTS

El PTS ha resuelto no participar. Una nota publicada en La Izquierda Diario –“Plenarios, coordinación y dirección del movimiento obrero”– justifica esa autoexclusión criticando una de las consignas de la convocatoria: “por una nueva dirección del movimiento obrero”.

Según el PTS, la amplitud del llamado le abre la puerta a “sectores que si bien no son parte de la burocracia oficial… están separados de los sectores clasistas”. En vez de atraer a esos sectores a partir de una delimitación con la burocracia sindical –con ese método estamos sumando fuerzas al plenario– el PTS pretende confinarlo a los llamados “realmente clasistas”; en nombre de ello, el PTS rechaza la hipótesis de compartir una mesa del plenario con, por ejemplo, los aceiteros. De la exclusión de antemano a diferentes sectores en lucha, el PTS pasa a la autoexclusión.

Esquematismo

Nosotros, los convocantes al plenario, hemos seguido otro método. En primer lugar, establecimos en la declaración de convocatoria una fuerte delimitación política y sindical. Aquel texto apunta “contra Macri, los gobernadores, el FMI” y denuncia “la enorme tregua de la CGT”, “las acciones testimoniales de la CTA”; desenmascara a “Moyano, los K de la Corriente Federal y el espacio del 21F” por su insistencia a “votar bien en el 2019”, y resalta la articulación de todas las alas de la burocracia “con los sectores políticos que le han aprobado a Macri las leyes del ajuste en el Congreso”.

La declaración reivindica además “la asamblea, la huelga y la movilización” y reclama “el paro activo y el plan de lucha”; avanza en definir aspectos programáticos fundamentales, no sólo reclamos urgentes como “la reapertura de las paritarias”, sino también la “estatización de las empresas privatizadas”, el “monopolio estatal del comercio exterior” y la “nacionalización de la banca”.

¡Si la Federación Aceitera y otros sindicatos aceptaran participar del plenario para discutir este programa ese sería un innegable paso adelante! En cualquier caso, la decisión de participar o no sería resultado de una delimitación clara. O sea que el proceso mismo de convocatoria al plenario está resultando un gran factor de agrupamiento de fuerzas en torno de un programa y una estrategia. Desde luego, ese programa será objeto de una elaboración mayor a través de la deliberación del propio plenario.

Ahora bien: que el PTS, un ausente “histórico” de las luchas de los desocupados argentinos, reclame ahora “levantar trabajo genuino y unidad efectiva de ocupados y desocupados” a las organizaciones que desde hace dos décadas batallan incansablemente por eso, y que en su momento fueron protagonistas del proceso de las Asambleas Nacionales de Trabajadores que marcaron a fuego la historia de nuestra clase obrera, suena a impostura.

La participación de delegaciones del Polo Obrero y otros movimientos materializa esa unidad práctica y programática. Los desocupados presentes el 23 también expresarán una delimitación –en este caso, respecto de las organizaciones de San Cayetano, que aspiran a actuar de cordón asistencial del plan de guerra contra las masas, y no a derrotarlo en unidad con toda la clase obrera.

Lucha política o “luchismo”

La función del plenario es ayudar, mediante el debate y la lucha política – centrada en los problemas de la etapa y las acciones que se desprendan de allí – a desarrollar un polo y un punto de referencia para todo el movimiento obrero que quiere luchar contra el ajuste oficial, y que necesita desembarazarse de la burocracia y de sus capitulaciones. El PTS opone el plenario a “la unidad con cualquier organización obrera para impulsar la lucha”. ¡Como si los participantes del plenario no hubieran participado de luchas! Después de exigirle al plenario que agrupe a los “francamente clasistas”, el PTS disuelve cualquier delimitación detrás de las “coordinaciones” –necesariamente episódicas– entre diferentes conflictos. La política del frente único para luchar, pero que evita una delimitación y una lucha contra la burocracia, ha conducido al PTS a confluir, no con la lucha, sino con la parálisis de los kirchneristas en CTERA, cuando en nombre de esa “unidad para luchar” votaron en contra de los paros de los SUTEBA combativos. Meses atrás, en un plenario de sectores en lucha que el PTS promovió en el hospital Posadas, colocaron en la mesa a un representante de Pablo Moyano. Nosotros, por el contrario, trabajamos para que emerjan de las luchas conclusiones sindicales y políticas.

El plenario es un instrumento para ayudar al surgimiento de una nueva dirección; pero no cualquiera, sino una moldeada en un programa y un plan de acción dirigido contra el Gobierno y toda la “coalición de ajuste”.

La importancia de las posiciones conquistadas

Pero al cabo de tanta inconsistencia, nos topamos con las verdaderas y ramplonas razones de esta autoexclusión. El PTS cuestiona, al fin, una supuesta sobrevaloración de “los cargos en los sindicatos” en el diseño de la mesa organizadora, lo que se opondría, según ellos, a “la militancia real de las corrientes en la clase”. Compañeros del PTS: cuando las direcciones sindicales son clasistas, lo son, precisamente, como resultado de la “militancia real”. O mejor dicho: son la expresión más alta y concluyente de esa militancia real cuando, como resultado de un proceso de luchas y demarcaciones en el curso de la experiencia misma, hemos logrado expulsar a una burocracia de los sindicatos. Es tan elemental lo que acá decimos, que sólo podemos llegar a otra conclusión: este cuestionamiento del PTS sólo apunta a disimular su propio retroceso en los sindicatos, producto de una política autoproclamatoria que lo ha dejado con una representación raquítica. Retroceder no es un pecado, cuando ello es acompañado de un balance y una política –en este caso, apoyarse y apoyar los avances del clasismo y contribuir a su desarrollo. La conclusión del PTS parece la contraria: escudarse en su propio retroceso para repudiar las conquistas alcanzadas por el clasismo.

El PTS soslaya otra cuestión importante. El plenario, además, es convocado por organizaciones sindicales, no por las corrientes políticas que militan en ellas. El rechazo a reconocer el protagonismo de los sindicatos –el Sutna, la UF, AGD, Aten, los Sutebas multicolores, etc– que han encabezado las grandes luchas y las movilizaciones del último periodo, es de un sectarismo inadmisible.

El Frente de Izquierda –y el PTS, como integrante del FIT– debe abocarse con toda energía a elevar a la clase obrera y convertirla en sujeto histórico de una revolución. Eso supone, ante todo, luchar por reunir a sus organizaciones (a los sindicatos, en primer lugar) detrás de un programa de ruptura con la burguesía y sus agentes, las burocracias de todo pelaje. El plenario del 23 puede ser un paso importante en esa dirección.

Por eso, una intervención decidida del FIT para ampliarlo, y luego para que sus resoluciones tengan el mayor alcance y difusión posibles, será un aporte fundamental en momentos decisivos para el movimiento obrero.

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