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26 de julio de 2018

No a los despidos en la planta Bunge de Ramallo

En el día de ayer, tras anunciar el despido de 84 trabajadores aceiteros y químicos de su planta de Ramallo (Provincia de Buenos Aires) y amenazar con la suspensión del resto, la patronal de la empresa Bunge desconoció la conciliación obligatoria dictada por la justicia, impidiendo el acceso de los despedidos a la planta. Tras la provocación, que incluyó el despliegue de Prefectura en el predio, finalmente en el día de hoy se acató la resolución judicial -que establece un período de negociación de 15 días- y se permitió el ingreso de los cesanteados.

El anuncio de despidos se produce en un cuadro de vaciamiento de la empresa: ya anularon un turno y desviaron parte de la producción a San Lorenzo -donde el sindicato aceitero de Reguera colabora estrechamente con la patronal, y firmó en enero una paritaria muy por detrás de la inflación.

Nadie cree que esta patronal -beneficiada por la creciente devaluación, así como por las eximiciones impositivas que le brinda Macri y Vidal- esté en crisis. Por el contrario, viene teniendo ganancias fabulosas: acorde al Informe de la Federación de Trabajadores Aceiteros Desmotadores de Algodón, han pasado de facturar 23.530 millones de pesos en el 2014 a 46.033 millones en el 2017.

En verdad, con esta avanzada antiobrera la empresa está accionando para cambiar las condiciones de contratación, buscando imponer convenios a la baja de los trabajadores que queden –motivo por el cual han reforzado la “seguridad” de las entradas, transformando a la planta en una fortaleza. La  destrucción de la organización sindical y de los convenios es la política del conjunto de las patronales para garantizar su cuota de ganancia y sus índices de productividad: menos obreros, misma producción, mayor ganancia.

La demora en el acatamiento forma parte de este apriete impune contra los trabajadores; la empresa actúa a sabiendas de que la cartera laboral de Triaca es un ministerio patronal.

El sindicato que interviene en el conflicto se limita a recorrer los pasillos de la Legislatura y a la realización de sesiones del Concejo Deliberante en la puerta de la planta. Pero no va a ser con “misas” que se reincorpore a los despedidos.

No pueden aislar a Bunge como lo hicieron con Cargill, o ante el cierre de las dos plantas de Atanor. Hay un solo camino: asamblea de la fábrica para resolver medidas de lucha ante los despidos y las suspensiones, que plantee la defensa incondicional de los trabajadores, de su convenio y de la organización sindical.

Y una salida integral, a través de una acción de conjunto de toda la Federación Aceitera y de todo el sindicato químico.

Es necesario un Congreso de delegados de los dos sindicatos con mandato que resuelva lo que la experiencia de los trabajadores del rubro muestra que lleva al triunfo: paro activo y continuado para defender los puestos de trabajo, imponer la apertura de los libros de la empresa y poner la producción bajo control de los trabajadores.

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