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25 de enero de 2007 | #979

La Matanza Indiel: Una gran lucha y un resultado contradictorio

Aprovechando la ausencia de personal por la “parada” de vacaciones, la patronal despidió sin causa a siete operarios, cuatro efectivos y tres contratados. Este golpe se inscribe en un plan de cierre de sectores, de implementación de un sistema de producción ajustada, de rebaja de “costos salariales” y de la inevitable reducción del plantel.
 
Al retornar a la planta los trabajadores de menos antigüedad, realizaron la asamblea en el turno mañana que determinó el paro indefinido, y que fue reafirmado en el cambio de turno por una asamblea general.
 
A diferencia de lo ocurrido en otros conflictos recientes, la voz cantante recayó en un grupo de compañeros muy jóvenes (con apenas uno o dos años de antigüedad o contratados) que literalmente le pasaron por encima a la Comisión Interna. De ellos surgió la moción de sumar otros dos puntos muy sentidos: la efectivización inmediata de todos los trabajadores “de agencia” y la equiparación salarial con los más antiguos. Hoy hay tres niveles de ingresos; los más nuevitos están en el básico pelado.
 
Coincidiendo con una audiencia en la Subsecretaría de Trabajo, el miércoles se realizó un nutrido corte en la Avenida San Martín, del que participaron varios delegados de otras plantas metalúrgicas de la seccional; esa acción (que fue reflejada en varios medios) fortaleció los ánimos y puso en evidencia las primeras señales de vacilación de la empresa.
 
La burocracia de la UOM apenas asomó su nariz por el conflicto. De la Directiva sólo estuvo presente “Coco” Pereyra, que es integrante de la interna de Indiel. El reclamo insistente de que el sindicato se ponga al frente encontró como respuesta de la burocracia una borrada universal. La interna, por su parte —con la honrosa excepción de un par de delegados que impulsaron y estuvieron al pie del cañón—, fue un lastre, completamente superada por el empuje de la asamblea. Los tímidos intentos de algunos de sus integrantes para desactivar el paro hicieron explotar un repudio incubado por varios meses (o varios años, según de quién se trate) de inacción.
 
La huelga se mantuvo con mucha firmeza hasta el jueves, cuando se produjo un paradójico punto de inflexión. Arrinconada por los compromisos contractuales y desalentada en su expectativa de erosionar la medida con presiones y amenazas, la empresa dio a conocer su “oferta final” de reincorporar a dos efectivos y a dos contratados (los otros despedidos aceptaron la indemnización), pagar en marzo uno de los ítems reclamados (el de menor monto), efectivizar a 16 contratados en dos tandas y garantizar un año de continuidad al resto.
 
Esta propuesta distaba mucho de satisfacer la totalidad del pliego votado; sin embargo, constituía una derrota inocultable para la patronal que hubiese dejado a los trabajadores en posición ofensiva. Considerando las características vacilantes de la conducción actual y la relativa proximidad de las elecciones, tal desenlace hubiese abierto una clara perspectiva de renovación combativa de la Comisión Interna.
 
La asamblea de ambos turnos, guiada por el entusiasmo de una lucha gestada “desde abajo”, empezaba a doblegar a una patronal soberbia, ratificó el paro por los tres puntos. ¿Era previsible que la pretensión de “ir por todo” obligaba a la empresa a endurecerse aún a riesgo de incumplir con las entregas y perder mercado? Responder esto ahora sería una pedantería imperdonable.
 
Lo concreto es que la suspensión de todos los contratados dispuesta por la patronal el viernes, rompió “materialmente” la unidad mantenida hasta entonces y las intimaciones de despidos que llegaron poco después empezaron a minar la confianza y a sembrar dudas en la justeza de las resoluciones adoptadas. Percibiendo esto, la empresa cambió su posición sustancialmente, manteniendo las reincorporaciones y el pago de los adicionales, pero desvinculando automáticamente a los compañeros de agencia más expuestos. Pese a las tensiones y el estado de discusión que se instaló en la planta, el paro se mantuvo todo el viernes y la mañana del lunes, hasta que la asamblea general resolvió levantarlo aceptando la “salida” patronal.
 
Un extraordinaria lucha que terminó con un resultado contradictorio. Resulta evidente que el desenlace deja un gusto amargo. Se conquistaron algunas cosas y se perdieron otras (más importantes sin dudas); pero el equilibrio de fuerzas interior es sumamente inestable y transitorio.
 
Sacar un balance correcto de esta extraordinaria lucha servirá para rearmarse de cara a los próximos acontecimientos.

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