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6 de diciembre de 2018

Aerolíneas: sin lugar para una tregua

Un masivo paro obligó al ajustador Luis Malvido a echar atrás las suspensiones y retomar negociaciones salariales. Pero el plan de desmantelar los convenios sigue en pie.
Aerolíneas: sin lugar para una tregua

"Un estado de deliberación recorre todos los sectores, que comienzan a tomar iniciativas a través de fotos grupales."

Después de un paro total de sus 12.000 trabajadores, el presidente de Aerolíneas Argentinas convocó a una mesa de diálogo, mostrando los límites que encontraron las provocaciones del macrismo. El ajustador Luis Malvido dio marcha atrás con las 376 suspensiones ejecutadas en represalia contra el anterior paro, dijo que considerará el pago de la cláusula gatillo de septiembre (6,5%) y prometió una propuesta salarial para la paritaria vencida.

Este primer round deja varias conclusiones y tareas en una lucha que recién comienza.

El plan de Malvido

Desde su llegada, Malvido presentó un plan para equiparar las condiciones de trabajo a las low cost, que no tienen convenios ni organización gremial.

En esa línea, informó a los aeronavegantes que pensaba eliminar decenas de puntos convencionales, achicando el número de pilotos y tripulación por avión –lo que intensifica el trabajo en vuelo–, reduciendo los descansos en las escalas y modificando el cálculo para determinar cuándo comienza y termina la jornada, con el objetivo de desconocer las tareas que desarrollan los tripulantes en tierra antes y después del vuelo.

A los mecánicos se les quiere aplicar cláusulas de productividad –un intento en el que ya fracasó el ex presidente de AA designado por el kirchnerismo, Mariano Recalde– y reducir las dotaciones de la línea de mantenimiento y los apoyos técnicos en las escalas.

A los técnicos despachantes se les impondría el despacho remoto, que elimina las funciones junto al avión, para reemplazarlos por personal descalificado sin habilitación ni experiencia en la tarea. Esta precarización debilitará los rigurosos controles imprescindibles para garantizar la seguridad aérea.

Provocaciones y respuestas

Para forzar a los gremios a una negociación, la patronal montó diversas provocaciones. Se canceló la ruta a Barcelona, se iniciaron causas penales a pilotos por emitir un comunicado gremial en vuelo, se incumplió la cláusula gatillo de septiembre y se rechazó negociar la paritaria vencida.

Después de años de comunicados, volanteadas y reuniones con la oposición, que no podían frenar la ofensiva macrista, la burocracia de los Sindicatos Aeronáuticos Unidos decidió realizar "asambleas" –un cese de tareas encubierto–, confiada en una rápida conciliación obligatoria que no llegó. El gobierno dejó correr la medida para lanzar una campaña mediática y así justificar las suspensiones. Pero la campaña entre los pasajeros fracasó, notándose la bancarrota política del macrismo entre los sectores medios. Mientras la patronal anunciaba la quiebra potencial, la denuncia de la burocracia de una destrucción o privatización de Aerolíneas Austral buscaba crear un clima intimidante.

Atrapados por sus contradicciones y fracasos, ni la burocracia (que convocaba a un paro en casa y a la vez pedía a gritos la conciliación) ni la patronal (que cancelaba todos los vuelos) pudieron evitar la contundencia del paro de 24 horas, que se extendió en algunos sectores por la medida de fuerza de la Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte (CATT) y con asambleas en rampa en Ezeiza durante el G20. Se ha filtrado un principio de intervención obrera que modifica el escenario.

Asamblea y plan de lucha

El levantamiento de las suspensiones y el pago de la cláusula gatillo serán usados como prenda de cambio para desmantelar los convenios colectivos.

Junto a la invitación al “diálogo”, Aerolíneas abandonó la ruta a Río Hondo –que fue tomada rápidamente por Avianca, asociada a la familia Macri. A su turno, la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC) prorrogó la autorización emitida para el G20 para que la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) y la Fuerza Aérea actúen como carneros en tareas de rampa de aeropuertos -precisamente el sector en el que el último mes se produjeron tres accidentes graves, con varios compañeros heridos, fracturas e incluso miembros amputados.

Los trabajadores no han sido consultados en esta etapa de la lucha. La burocracia quiere las manos libres para actuar con los hechos consumados. Sin embargo, un estado de deliberación recorre todos los sectores, que comienzan a tomar iniciativas a través de fotos grupales y videos, buscando unificar el reclamo en defensa de los convenios y a la vez alertar a los pasajeros sobre el riesgo que entraña su destrucción. Estas iniciativas deben abrirse paso hasta concretar verdaderas asambleas que garanticen un curso de victoria.

No hay lugar para ninguna tregua.

 

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