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3 de enero de 2019 | #1534

Inti: balance de una gran victoria clasista


La victoria de la Agrupación Naranja en las elecciones de ATE-Inti refuerzan la importancia de una construcción clasista en los lugares de trabajo. La agrupación logró una base social a través de una política de unidad de clase, antipatronal, entre afiliados y no afiliados y afiliados a otros gremios. Por otro lado, su delimitación con el nacionalismo “industrialista” y el centroizquierda de ATE ha sido permanente.

La lucha contra los despidos se produjo a escasos meses del triunfo electoral del macrismo de octubre de 2017, lo que presuponía un avance del ajuste sin mayores sobresaltos. Ello no sucedió. En gran parte, por la orientación política que fuimos madurando con los trabajadores/as, y por la preparación de la lucha que vendría. Durante dos meses previos a los despidos de enero de 2018, recorrimos cada sector del Instituto con un plan de acción: proponíamos asamblea general, paro y ocupación. Una lucha a fondo contra los ajustadores.

Mientras recorríamos los sectores, la Verde nos atacó diciendo que “la Naranja hace la campaña del miedo” y llamaba a “no asustar ya que los despidos son sólo rumores”. La anterior interna reprodujo, a pequeña escala, la orientación de todas las variantes de la burocracia sindical, que bloqueó una lucha integral de los estatales y de todo el movimiento obrero con el argumento de que son “luchas que se pierden”, porque “hay 2019” o “no hay que asustar a los trabajadores”.

Cada voto a la Naranja proviene del resultado de una compleja experiencia: derrota parcial de una lucha imponente y masiva; patronal-Estado y burocracia sindical actuando en común para desactivarla; vaciamiento del sindicato con la caída de casi 400 afiliaciones entre despidos y desafiliaciones, por parte de aquellos que reaccionaron negativamente a la traición de la dirección. 

Por último, la fractura  y división de la Verde

El objetivo de la patronal, con los despidos masivos de enero de 2018 fue borrar del mapa al activismo del Instituto, especialmente al clasismo. Por eso, la victoria de la Naranja en la elección de ATE es vista por los trabajadores como una derrota de la patronal.
Ya consumada la derrota de la Verde, las autoridades han salido a difundir -ver Clarín- que celebraban el “final de un modelo sindical corrupto” supuestamente denunciado por ellos mismos. Falso. La Verde, por más de veinte años, mantuvo acuerdos y prebendas económicas con las autoridades de turno, incluidas las actuales, presididas por Javier Ibáñez. Con todas ellas llevó adelante una política de contención que llegó a su punto más alto en 2018.

En verdad, y luego de realizado el trabajo sucio -que consistió en minar por dentro la ocupación y el paro- la patronal le cobró a la burocracia Verde su incapacidad para contener a los trabajadores que durante 47 días llevaron adelante una lucha que mantuvo en vilo a un sector del gobierno y obtuvo una importante repercusión popular y una corriente de simpatía entre los trabajadores, que siguieron ese rumbo en Télam y Agroindustria -entre los estatales. Para castigar a la burocracia impotente, la patronal le cortó buena parte de sus negocios y prebendas. 

La Naranja del Inti ha transitado cada situación con los trabajadores, con un programa clasista, como parte de Tribuna Estatal y de la Coordinadora Sindical Clasista (CSC). Muchos de sus integrantes han sido candidatos del PO en el Frente de Izquierda (FIT). Esta característica fue usada por la patronal como un elemento de campaña contra nosotros, acusando más de una vez a compañeros como “violentos de izquierda “ o “militantes del Partido Obrero”. Pero también la Verde, en sus dos variantes, utilizó campañas macartistas. 
También sufrimos ataques de cierto activismo filo K por nuestro pronunciamiento por el voto en blanco. Nada de esto impidió que hoy seamos la Junta Interna.

La derrota de la Lista Verde es, también, un durísimo golpe para la política que llevó adelante Opinión Socialista (OS) en el Inti. Durante más de diez años estuvieron integrados a la burocracia, convalidando los negocios con las autoridades, las patotas, los acuerdos a espaldas de los trabajadores e incluso han justificado más de cincuenta despidos con el argumento patronal de que eran “noquis K”. En su afán de desarrollar un carrerismo sin principios, OS ha llevado adelante una política de completa adaptación a la burocracia. Mientras recorrían plenarios de trabajadores arengando que “había que echar a la burocracia de los sindicatos” desarrollaban en el Inti la política contraria. Incluso se sumaron a la campaña macartista contra la naranja, algo grave en una fuerza que se reclama socialista o de izquierda. 

Perspectivas 

La ofensiva patronal sigue su curso como consecuencia del ajuste brutal previsto en el presupuesto de Macri, el PJ y el FMI para 2019. Mientras se reconocía la nueva Junta Interna, se anunciaba la nueva estructura del Inti, que consagra el desguace y el desmantelamiento de líneas de trabajo , precariza y terceriza sectores y crea una mayor burocracia gerencial. Esa estructura se adapta a la descomunal caída de la actividad industrial, que impacta de lleno en el Instituto.

La Naranja del Inti, ahora en la conducción de la Junta Interna, tendrá enormes desafíos como reconstruir el sindicato, diseñar una política para reincorporar a los despedidos, impedir nuevas cesantías y defender las conquistas de los trabajadores. Ya estamos poniendo manos a la obra.

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