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9 de enero de 2019

UTA: Seguidilla de huelgas en grandes empresas

Por Corresponsal

Durante la primera semana de enero se produjo una oleada de huelgas en importantes líneas de colectivos.

En la zona oeste de la provincia de Buenos Aires pararon los trabajadores de la 216 S.A.T. (líneas 166, 216, 236, 269, 441, 443, 504 y 634) en repudio a la agresión sufrida por un chofer durante el recorrido.

En la zona sur, pararon los trabajadores de la empresa MOQSA y San Vicente. En la primera (líneas 159, 219, 300, 372, 584, 603 y 619), fue en reclamo de salarios, adicionales y vacaciones adeudados. La medida de fuerza se levantó luego de que la empresa pagara finalmente lo adeudado. 

Por otra parte, en la empresa San Vicente (líneas 51, 74, 79, 177, 263, 370, 385, 435, 503) los trabajadores fueron al paro en reclamo de la reincorporación de un chofer despedido, luego de 3 meses de negociaciones con la patronal sin ningún resultado. La huelga se levantó luego de dictada la conciliación obligatoria, que la patronal finalmente no cumplió al negarse a reincorporar al chofer. En el curso de esta lucha, los trabajadores realizaron una dura denuncia contra los delegados propatronales de la UTA que hicieron todo lo posible (agresiones incluídas) para carnerear el paro.

Esta seguidilla de importantes huelgas en el transporte arroja varias conclusiones.

Con relación al propio gremio, anida una rebeldía extendida de sus bases  contra las patronales y también contra la burocracia sindical de UTA que intenta acallar la lucha de los trabajadores, sobre todo con el método de las patotas. Este proceso ha tenido su expresión previa con la huelga de la UTA Córdoba y los “Autoconvocados”.

El “mar de fondo” de la situación del gremio está dado por la crisis del transporte que se agudiza con la quita de subsidios y el tarifazo en el boleto, lo cual ha abierto una disputa entre los grupos monopólicos del transporte por el reparto del negocio y ha lanzado a las patronales a una ofensiva flexibilizadora de las condiciones de trabajo y salariales de los choferes. Y sobre esta base de crisis también se ha consumado una aguda división de la burocracia sindical en dos sectores; el de Fernández con el grupo Nueva Metropol y el de Bustinduy, que quedó fuera de la conducción de UTA, con el grupo DOTA.

Los “nuevos aires” que corren en el gremio están dados por los numerosos intentos del activismo combativo de sacarse de encima a la burocracia sindical mediante la recuperación de los Cuerpos de Delegados en las empresas. Pero para avanzar en esto ya cobra una importancia decisiva la organización independiente del activismo en una agrupación con un programa clasista  que pueda sintetizar toda esta experiencia y hacerla avanzar.

Reapertura de la paritaria. Cese de despidos y sanciones arbitrarias. Pago de horas extras según ley. Seguridad bajo control obrero. Democratizacion de la Uta. Fuera todas las camarillas burocráticas

 

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