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14 de febrero de 2019 | #1537

Interpack: la nueva etapa de una lucha histórica

Interpack: la nueva etapa  de una lucha histórica

La ocupación fue preparada por una larga historia de organización que atravesó todo tipo de luchas. Foto: Juan Diez

La asamblea de Interpack resolvió levantar, con un acto, el acampe que desde hace 64 días se mantiene frente a la planta, como parte del plan de lucha contra los despidos en el taller.

El final de la conciliación obligatoria (que por un artilugio jurídico se extendió durante un mes) cerró otra etapa del conflicto, aunque con escasos avances, en especial, en el tema de fondo: cada parte ratificó su posición sobre los despidos.

Sólo se pactó la desvinculación de tres compañeros con un 135% de indemnización y, como contraparte, el retiro de las causas penales y civiles, más el pago de algunas sumas adeudadas. Es importante destacar que estos arreglos se dieron en el marco de la negociación general; es decir que, pese al “acoso” telefónico que sufrieron los despedidos por parte de la oficina de personal, nadie se cortó solo.
Otros puntos no prosperaron -una propuesta económica para compensar diciembre y un mayor porcentaje en las indemnizaciones- ya que la empresa lo condicionó a un acuerdo global. Pero la amplia mayoría, siete de los once despedidos, concluida la conciliación, iniciaron ya una demanda de reinstalación por vía judicial.

Interpack y La Nación

Las desvinculaciones y el levantamiento del acampe responden a una valoración de conjunto del conflicto: luego de 33 días de toma, movilizaciones multitudinarias, un bloqueo a la planta 2 y la permanencia en los portones, las acciones gremiales circunscriptas a la empresa son insuficientes para torcer el brazo a la patronal.

No hay duda que ésta es la lucha fabril más profunda del último tiempo. Una ocupación -con la planta de producción y la administración bajo control total de los obreros- por más de un mes, en defensa de once trabajadores, contrasta con la mayoría de los conflictos actuales. Por caso, la derrota, prácticamente sin lucha, que la burocracia ongarista les impuso a los gráficos de La Nación (el cierre del taller no dio lugar a una sola medida del gremio. La explicación de un directivo del sindicato, en la puerta de la Secretaría de Trabajo -“no se puede hacer nada”- concentra en cinco palabras toda la impotencia de los que prometieron encabezar la “resistencia con aguante”).

La defensa de una organización

La ocupación de Interpack fue preparada por una larga historia de organización que atravesó todo tipo de luchas, incluyendo una primera toma en 2007 y una huelga de 18 días exigiendo que la patronal cubra los puestos vacantes por jubilaciones (en cuatro años, se produjeron casi 40 bajas por esta causa; luego de apelar sin éxito a todo tipo de ardides para quebrar la estabilidad, la patronal optó por “dejar pasar el tiempo”).

Lo insólito es que un colectivo de trabajadores, que quedó muy reducido, sostenga semejante pulseada contra un grupo empresario poderoso, que se apoya en todos los recursos estatales existentes y que al cabo de dos meses haya logrado defender -e incluso reforzar- su organización, que es lo que realmente está en juego.

Esa reserva combativa no es suficiente para alterar la relación de fuerzas actual, considerando el aislamiento del resto del gremio, y en particular de las otras empresas del grupo Zupan, en manos de la burocracia. El límite de esta lucha lo impone, por ahora, la falta de desarrollo de la situación general, que, a su vez, es el resultado de la política de postración de las burocracias sindicales de la CGT y de la CTA. La asimilación de estas conclusiones será una clave para encarar el capítulo inmediato.

Un resultado judicial favorable podría ser un punto de apoyo para nuevas acciones. Sin depositar un gramo de confianza en la Justicia patronal, hay que considerar que la prueba que existe para tipificar los despidos como “persecutorios” se refuerza por la cercanía de la elección interna, que la patronal espera “ganar”. Es la próxima batalla a librar.

Por lo tanto, el balance provisorio del conflicto es combinado: se mantienen los despidos y el eje de la lucha por la reincorporación se desplazó transitoriamente hacia un campo patronal -la Justicia. Pero la organización de la planta está en pie y el activismo, ya numeroso y curtido, incluso se acrecentó. La ocupación sacudió el “estancamiento” de varios años, luego de las derrotas de la huelga de 2015 y del lock-out de tres meses de 2016.

El acampe

El acampe fue, sin dudas, una escuela de formación política (con charlas, curso y actividades culturales permanentes) y de confraternización de los trabajadores de Interpack con otros sectores en lucha, pero en especial con la militancia del Partido Obrero (de la UJS y del Polo), que realizó un gigantesco esfuerzo para contribuir a su sostenimiento. 

La identificación del conflicto con el PO, de lo que tanto se quejan la patronal y sus adláteres, nada tiene que ver con una “aparateada”; es una genuina experiencia de colaboración y lucha común, que otras fuerzas políticas (en particular el kirchnerismo del sindicato y del gobierno municipal, al que recurrimos buscando una mediación) ignoraron. 

La consolidación y la conquista de nuevos activistas es la real medida del éxito de nuestra orientación. La lucha continúa.
 

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