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25 de abril de 2019 | #1545

Qué se juega en la lucha de Clarín 

Los trabajadores de Clarín decidieron contestar la última andanada de despidos con una serie de paros totales e incrementales, el último de los cuales se encuentra en curso en estos momentos. 

Los trabajadores resolvieron, además, sostener un quite de firmas por tiempo indeterminado, una forma de alterar el producto que enloquece a las patronales. 

Con los retiros de firmas, los trabajadores de los diarios rompen momentáneamente con el proceso de individuación alienante al que los somete la competencia en el mercado y se funden en una acción colectiva y "anónima" que abre paso a otra individualidad, potencialmente emancipatoria, con la reivindicación que los compañeros hacen de su lucha, con nombre y apellido, en las redes sociales. Sacan la firma del producto y la estampan en la viralización de su pelea.

Con todo, el factor clave de la lucha de Clarín es el paro. Concretaron uno de 36 horas y aumentaron a 48. 

Hace 30 años que no se paraba en Clarín de esa manera. En ese período pasó de todo. Despidos, retiros voluntarios a granel, cambios en el proceso de trabajo con ajuste, deterioro salarial, atropellos de todo tipo. Hubo mucha lucha, innumerables acciones, cada una de las cuales escaló en sus desafíos a la patronal. Pero fue difícil parar.

Los despidos de más de cien compañeros en el año 2000, con la totalidad de la comisión interna, supusieron una lucha tenaz, titánica, pero el paro no pudo sostenerse. En gran medida porque la UTPBA, el sindicato que debía defender a los compañeros, estaba aliada a la patronal. Hoy, aunque preserva el monopolio de las paritarias, no pincha ni corta. 

En aquella oportunidad, además, la represión fue feroz, sobre todo a nivel interno. Ahora, la patronal de Clarín nada en plata, pero no está claro que disponga de los recursos políticos para aplastar a sus trabajadores: sus mandos altos y medios no tienen la autoridad de otrora y hasta algunos se pliegan o simpatizan con las medidas. Además, su línea editorial recibe sopapo tras sopapo en paralelo al proceso de hundimiento del gobierno al que está aliada. El factor represivo es, hasta ahora, externo al diario, un elemento de intimidación con la seguridad privada adentro y la policía afuera. Clarín es un gigante con pies de barro. 

Más allá del contexto, y el paro y la ocupación de Télam como un mojón, el paro en Clarín tiene un sostén firme en las asambleas. Es decir, que estaríamos frente a un cambio en gestación en la base, con su potencialidad de irradiación a todo un gremio golpeado por los cierres, los vaciamientos, los despidos y una miseria salarial rampante. 

Un gremio que aún no logra reconstruir sus condiciones para la huelga general, tras las décadas de abandono de la UTPBA, pero que está curtido por años y años de medidas de fuerza durísimas, aunque aisladas en cada empresa, y por todas las variantes de la autoconvocatoria y la autoorganización. Con récord de movilizaciones, cortes de calle y piquetes, la mayoría de los cuales llevados adelante sin sindicato, o con la vetusta burocracia de la UTPBA en contra. 

El Sipreba nació de ese proceso e intenta ser la expresión organizativa de esa trayectoria. Su aparición, producida en un marco de catástrofe social de los trabajadores de Prensa, coincidió con la existencia de un gremio aguerrido, pero con una tradición huelguística debilitada. 

La huelga de Clarín puede ser, entonces, un punto de inflexión si además de sostenerse entronca y/o dispara acciones generalizadas en las redacciones y se convierte en punto de reagrupamiento de una vanguardia de lucha más general, que irrumpa como factor en la crisis de régimen político que se procesa al calor de la debacle del gobierno de Macri, el FMI y los gobernadores cómplices.

Es fundamental que impulsemos en las asambleas de los medios el plan de lucha aprobado por el Plenario de Delegados del sindicato, que ya se puso en marcha con la retención de tareas que acompañó la conferencia de prensa del martes 23 y que incluye, además, un retiro de firmas el jueves y la adhesión al paro general del 30 de abril. 

La lucha de Clarín puede cambiar la historia. 
 

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