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9 de mayo de 2019 | #1547

Unidad del movimiento obrero para luchar contra la "unidad nacional" del FMI

¡Vamos por una salida de la clase obrera!
Unidad del movimiento obrero para luchar contra la unidad nacional del FMI

Planteamos la realización de un Congreso de delegados mandatados por la base de todos los sindicatos. Foto: Andrés Ojo

La burocracia sindical de la CGT decide en estas horas si concurrir al diálogo presidencial alrededor de los 10 puntos de "unidad nacional" ratificados por todo el arco capitalista, desde la Iglesia hasta el Grupo de los 6, que reúne al conjunto de las cámaras patronales argentinas. Miguel Pichetto le gestionó un lugarcito a la CGT en el operativo. Mientras tanto, Daer y Acuña esparcen rumores de posibles paros que nunca llegan.

El allanamiento a Camioneros

El cinematográfico allanamiento que militarizó la sede de Camioneros y a su obra social por las acusaciones contra Hugo y Pablo Moyano como líderes de una asociación ilícita en Independiente llegó, sospechosamente, pocos días después del paro del paro del 30 de abril. Claramente, es un apriete en la línea de las conciliaciones obligatorias que aplicaron contra algunos gremios para evitar su adhesión.

Los Moyano y todo el bloque de la burocracia sindical kirchnerista del 21F respondieron con palabras altisonantes, pero evitaron convocar al movimiento obrero a movilizarse para defender el derecho de organización, de huelga y de lucha. No salen de la orientación de “regular” la protesta hasta octubre que definió el kirchnerismo para no favorecer a los partidarios del Plan V (sustituir la candidatura de Macri por María Eugenia Vidal).

El paro del 30 de abril, de Moyano y las CTA, fue ultrarestringido por los mismos convocantes. Pero, además, evitó cualquier planteo de salida a los reclamos obreros y de continuidad de la lucha.

La burocracia deja pasar todo

La viga principal que sostiene esta política sigue siendo la burocracia sindical, tanto la de la CGT, que lo hace groseramente, como el moyanismo y las CTA, que canalizan la bronca popular -con mucha verborragia y algunas acciones aisladas- hacia la salida electoral de un lejano octubre.

Mientras, los despidos continúan al ritmo del desplome industrial que, según estadísticas oficiales, “registró en marzo de este año una caída del 13,4% interanual y acumuló el undécimo mes consecutivo de contracción”: Electrolux, Loma Negra, Longvie, Arcor… la lista es interminable.

La otra pata del colaboracionismo de la burocracia son las paritarias. Los docentes bonaerenses cobrarán desde el 8 de mayo un salario que estará por debajo de la línea de pobreza (25 mil pesos) con 24 años de antigüedad. Al partir de salarios paupérrimos, la cláusula gatillo trucha firmada por Baradel (además trimestral y no acumulativa) cristaliza los sueldos de pobreza.

Es el modelo de acuerdo repetido, con matices, por Comercio, UPCN, Bancarios… que no recuperan la pérdida de 2018 y “actualizan” durante 2019 por ajustes cada tres o seis meses, colocando el ingreso a la saga de la inflación.

Por último, la degradación constante de las condiciones de trabajo, los aumentos de ritmos de producción y la precarización laboral crecen en toda la industria a pasos agigantados. En el caso de los petroleros ya se ha cobrado la vida de ocho compañeros en 15 meses en Vaca Muerta. Derrotarlos ahora es de vida o muerte como se ve.

La Coordinadora Sindical Clasista del Partido Obrero, integrante del Plenario del Sindicalismo Combativo y del FIT, levanta un programa antagónico a los 10 puntos de Macri y el FMI.

Para avanzar en este camino, planteamos la realización de un Congreso de delegados mandatados por la base de todos los sindicatos y la resolución de un plan de lucha con continuidad que comience con un paro de 36 horas hasta la huelga general.

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