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16 de mayo de 2019 | #1548

Nuestra política ante el paro del 29

Nuestra política ante el paro del 29

El paro puede ser un campo de intervención para los trabajadores, a condición de desenvolver un programa propio. Foto: Iván Carnevale

La CGT anunció la convocatoria al quinto paro contra el gobierno de Macri: será el 29 de mayo, sin movilización.

Héctor Daer declaró que el Consejo Directivo resolvió la medida de fuerza “por unanimidad”, luego de “un análisis muy pormenorizado sobre la situación social, política y económica”, como si no bastara con echar una mirada a las estadísticas oficiales: la industria, por ejemplo, funciona, en promedio, al 57,7% de su capacidad; el sector automotriz cayó al 35%. La fuga de divisas alcanzó en 2018 el récord histórico de 27 mil millones de dólares. Los despidos y suspensiones, sumados al deterioro salarial, generaron más de un millón de nuevos pobres desde el paro anterior, realizado ocho meses atrás.

La CGT ha sido -y es- el principal pilar de la gobernabilidad, tanto aislando las luchas que estallan por abajo, en torno a los despidos u otras reivindicaciones, como disipando, mediante convocatorias esporádicas, las tendencias a una acción general contra el gobierno. Este quinto paro se inscribe en esa misma estrategia, aunque haya sido precipitado por una serie de factores.

Estos son, en primer lugar, la demora en el pago de los reintegros a las obras sociales que la Superintendencia de Servicios de la Salud había prometido con el propósito de desarticular el paro del pasado 30 de abril, convocado por el Fresimona (moyanismo y Corriente Federal K) y las CTA.

Aunque hace unos días se publicó la orden de liberar 4.500 millones de pesos -a un ritmo de 500 millones por mes-, la demora fue una “mojada de oreja” que se sumó a la falta de respuesta por los descuentos de Ganancias.

La resistencia de los sindicatos más dialoguistas terminó cediendo a la presión de los gremios del transporte -desde adentro del Consejo Directivo- y a las críticas de Hugo y Pablo Moyano por “la inacción de la central”.

La Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte (CATT) ratificó, además, la retención de tareas del feriado del 25 de mayo por el reclamo de Ganancias. El compromiso de algunos funcionarios de arreglar las deducciones fue irónicamente calificado como “otro pacto de caballeros”, en el que nadie confía.

Las primeras noticias de la medida de fuerza se conocieron, sin embargo, en medio del allanamiento a la sede de Camioneros, a poco del paro del 30 de abril, cuando Hugo Moyano reveló que desde la CGT lo habían contactado para avisarle que “la decisión de lanzar otro paro estaba tomada”. El operativo policial (desmesurado) por la causa del Club Independiente fue un mensaje político por elevación al conjunto de la burocracia, implicada en procesos judiciales de todo tipo, lo que explica la solidaridad unánime que recibieron los Moyano. Hasta los enemigos más enconados del clan, como su ex socio Omar Viviani y Rodolfo Daer, de la Alimentación, salieron a repudiar el hecho.

Sin dudas, la borrada del paro del 30 significó un costo alto para el binomio Daer-Acuña de cara a la interna de la central. Aquella medida, sin alcanzar la contundencia de otras, tuvo un acatamiento importante en algunos sectores; en especial, en una fracción de la UTA influenciada por el ex secretario de organización del sindicato, Miguel Bustinduy, hoy opositor al “Gallego” Roberto Fernández y cercano a Moyano.

La adhesión de los trenes y los colectivos al paro del 29 de mayo asegura el éxito de la medida y refuerza la alianza de los "Gordos" con esos gremios clave. Aunque todos ellos, al igual que Moyano, militan por una unidad amplia del peronismo. La simultaneidad del lanzamiento del paro con la vuelta de Cristina a la Mesa del PJ no puede ser casual. Todas las patas de la burocracia tienen algún lazo en esa mesa. El paro apunta al recambio electoral pejotista y a posicionar a la burocracia en el operativo.

El FMI y el diálogo que viene

En la víspera de la reunión del Consejo Directivo, una delegación de la burocracia se entrevistó, otra vez, con los enviados del Fondo Monetario. Según trascendió, la CGT expresó al Fondo su rechazo a los 10 puntos del gobierno y contrapuso la necesidad de un Consejo Económico y Social "serio e inclusivo". Sin embargo, el mismo Daer aclaró después que “la CGT participará, si es convocada, ya que siempre procuró el diálogo”. Un poquito de cristinismo espolvoreado con un poquito de macrismo. No tienen empacho en sentarse a conversar sobre los puntos que definen ataques estratégicos al movimiento obrero, como las reformas laboral y previsional que Macri no pudo completar.

En relación con la inflación y los salarios, el FMI recomendó no "mirar atrás". Es decir, ratificó la línea de paritarias adoptada por el macrismo dirigida a consolidar la pérdida del año pasado.

Para evitar confusiones sobre el resultado de la reunión, Roberto Cardarelli, jefe de la misión del Fondo, afirmó que “con la CGT está todo bien” y reiteró su disposición a mantener "el diálogo y colaboración a futuro, con éste o cualquier otro gobierno".

Impulsemos asambleas y plenarios

En el cuadro de un agravamiento de la crisis económica y política, el paro general puede ser un campo de intervención para los trabajadores, a condición de desenvolver un programa propio y una delimitación de las burocracias convocantes, tributarias de un relevo electoral pejotista. Es decir, a condición de que el clasismo y la izquierda intervengan contra la línea de sus organizadores.

Impulsemos una amplia deliberación en la base del movimiento obrero, con asambleas y plenarios, para que el 29 de mayo próximo -en el 50° aniversario del Cordobazo- sea una jornada de lucha independiente, activa, con una perspectiva: la de un plan de lucha hacia la huelga general, un Cordobazo nacional, para derrotar a Macri, los gobernadores y el FMI.

Es una gran tarea para las organizaciones que integramos el Plenario del Sindicalismo Combativo.

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