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24 de julio de 2019

El antisindicalismo de Macri y el antiluchismo de las burocracias aeronáuticas

El antisindicalismo de Macri y el antiluchismo de las burocracias aeronáuticas

Dietrich, el titular "low cost" de la cartera de Transporte

El gobierno lanzó un nuevo ataque antisindical contra los aeronáuticos, usando como pretexto una medida de los pilotos de Aerolíneas Argentinas que consistió en leer a los pasajeros un mensaje desde la cabina, en el que denuncian la política aerocomercial y los planes de achicamiento de las empresas, que llevan al atraso en el cobro de salarios y despidos encubiertos bajo la forma de retiros voluntarios.

La acción desató la ira de funcionarios oficialistas, que acusaron que se trata de una campaña política en el marco de las elecciones. A través del presidente de Aerolíneas, Luis Malvido, del ministro de Transporte, Guillermo Dietrich, y hasta de la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, anticiparon que sancionarán a los pilotos que hayan participado.

Es una escalada por parte del gobierno de Macri, que ha hecho del ataque a los sindicatos un eje de campaña. Su objetivo es congraciarse con las cámaras patronales que han aprovechado la disputa electoral para volver a colocar al tope de la agenda la necesidad de una reforma laboral, que entre otras cuestiones dé a los empresarios “libertad para descontratar” -como reclama el vicepresidente de la UIA, Daniel Funes de Rioja. En particular, puede tomarse como un caso testigo esta ofensiva contra los aeronáuticos porque, entre la introducción de las low cost para vuelos de cabotaje y el acuerdo de “cielos abiertos” con EEUU para vías internacionales, los trabajadores sufren una fuerte presión por barrer con varios ítems de su convenio colectivo de trabajo.

La lucha de los aeronáuticos

Lo que leían los comandantes de cada vuelo al aterrizar era que “Como resultado de la actual política aerocomercial, hoy tenemos empresas que no pueden pagar salarios, que han suspendido sus operaciones, que reducen las dotaciones de pilotos con despidos encubiertos o que se achican devolviendo aviones, levantando destinos y cortando frecuencias. Ante esta situación que pone en riesgo miles de fuentes laborales en el país, ratificamos nuestro compromiso de seguir defendiendo la aviación argentina”.

No hay un ápice exageración en el mensaje citado. Actualmente, Aerolíneas está achicando el área internacional, devolviendo aviones, levantando destinos y recortando frecuencias. Según el sindicato APLA, fueron despedidos en los últimos años más de 200 pilotos. A la par, se desarrolla el vaciamiento de las otras empresas, como Andes, Latam y la propia Flybondi. La “revolución de los aviones” se está llevando puesto a todo el sector.

Es por todo esto que entre octubre y diciembre se desarrollaron paros con acatamiento casi total y movilizaciones importantes en Ezeiza y Aeroparque, donde se expresó una importante predisposición de lucha, y se logró retrotraer suspensiones masivas. Los controladores aéreos vienen de arrancar recientemente la reincorporación de una compañera, conquistas salariales  y de hacer retroceder el intento de cerrar oficinas.

La entrega de la burocracia

Con este cuadro, es notoriamente insuficiente la medida de leer mensajes dentro de los aviones, tanto por la magnitud de los ataques como a la luz de la voluntad de lucha de los aeronáuticos. Pablo Biró, el secretario general de APLA, ha decretado una tregua desde diciembre, dejando pasar todos los ataques mientras el gobierno avanzaba en las negociaciones para implementar los “cielos abiertos”. Al igual que Yasky y Moyano, se opone a toda discusión de un plan de lucha a la espera de un recambio electoral. Pero la bronca crece por abajo, como se expresó en APTA, donde los técnicos aeronáuticos derrotaron en una asamblea el intento fraudulento del burócrata Ricardo Cirielli de reformar el estatuto para perpetuarse al frente del sindicato.

Incluso para el triste papel de la burocracia, vale la consideración de aeronáuticos como un caso testigo. El gobierno y las empresas montan una ofensiva brutal contra los puestos de trabajo y los convenios, mientras la conducción de los sindicatos sostiene una tregua sin condiciones. Si la campaña antisindical del macrismo busca consolidar el apoyo de los capitalistas en su plan de guerra contra el movimiento obrero, los Fernández oponen como atractivo propio el recurso de la burocracia sindical como carta necesaria para la contención social, fundamental para evitar un ascenso de las luchas.

Para derrotar la ofensiva del gobierno, la agrupación La Pista pelea por convocar asambleas de todos los aeronáuticos, donde se vote un paro de 36 horas con movilización al Ministerio de Transporte, para dar inicio así a un plan de lucha. Es una muestra palpable de que sólo el clasismo traza una perspectiva para enfrentar los planes flexibilizadores y coloniales que las patronales y el FMI reclaman. El Frente de Izquierda – Unidad lucha por el voto del movimiento obrero con una campaña preparatoria para las peleas que se vienen, y cada adhesión conquistada refuerza la alternativa para oponer una salida de los trabajadores a la quiebra nacional.

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