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1 de agosto de 2019

Toyota suspende, Smata dispone

Por Corresponsal

Los trabajadores de Toyota Zarate enfrentan un nuevo ataque de la patronal contra el convenio colectivo de trabajo. Desde noviembre del año pasado la empresa ha suspendido la producción los sábados. Aunque Daniel Herrero, presidente de Toyota argentina había declarado que “no vamos a suspender a nuestros empleados”, luego confirmó la suspensión de sus 5 mil trabajadores hasta el 5 de agosto.

Las suspensiones se dan con “horas crédito”, que se descuentan del “banco de horas”. Esos créditos se compensan con francos, en vez de pagarlas. El banco de horas es uno de los puntos más resonantes en el borrador de la reforma laboral que los grandes empresarios reclaman y que el Gobierno Nacional hizo llegar al senado en 2017, y no tuvo condiciones llevar adelante luego de las movilizaciones del 14 y 18 de diciembre contra la reforma previsional.

Esto no es nuevo dentro de la rama automotriz. Con la excusa de la caída de la actividad el SMATA ha pactado con todas las empresas del sector decena de miles de suspensiones de sus afiliados, viabilizan los retiros voluntarios y gestionan los recursos preventivos de crisis de parte de industrias que ganaron fortunas.

En Toyota por ejemplo, la conducción del sindicato cedió reivindicaciones claves del Convenio para “alentar las inversiones” (se incorporaron las horas crédito, se incrementaron los ritmos laborales, la reducción de los tiempos en las líneas, tres meses de asistencia perfecta para recién cobrar los premios de producción y presentismo, los contratos a prueba por dos años, etc). O sea, una reforma laboral por empresa que incrementará el ya explosivo nivel de enfermedades profesionales que sufren los trabajadores.

Por una salida de los trabajadores

Los trabajadores no somos responsables de la crisis que han generado el gobierno y los grupos económicos que lo apoyaron.

Ante la baja del comercio y la producción, como consecuencia de la política económica recesiva del gobierno nacional y la crisis mundial, rechacemos las suspensiones y reclamemos el reparto de las horas de trabajo sin afectar el salario. No caigamos en la extorsión de que la única salida para mantener las fuentes de trabajo es la reforma laboral.

Hay que defender los puestos de trabajo y el salario con un plan de lucha que comience con un paro general activo de 36 horas. Ocupación de toda fábrica que cierre o despida y apertura de los libros de esas empresas, para comprobar su real situación económica.

Por un congreso de delegados de base con mandato para desarrollar un verdadero plan de lucha. Control de los ritmos de producción, para terminar con la superexplotación que provoca enfermedades laborales. Respeto de los convenios colectivos de trabajo.

¡Que la crisis la paguen los capitalistas! ¡Por una nueva dirección en los sindicatos!

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