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10 de agosto de 2019

Testimonio de un tarefero en lucha del Polo Obrero de Misiones, desde el acampe en Posadas

Por Corresponsal

Los tareferos y tareferas son los cosechadores de yerba. Trabajadores rurales que trabajan en condiciones de semi esclavitud. La enorme mayoría no quieren ser blanqueados porque el trabajo en blanco es incompatible con la AUH, pero, a su vez, si no están registrados no reciben el subsidio intersafra, que es una miseria de $2.300. Éste año la cosecha terminó antes por lo que están sin trabajo. Ahora un sector se encuentra haciendo un acampe en Posadas pidiendo una solución. Ni el gobierno provincial, ni el nacional les dan respuestas a sus reclamos, solo han recibido el hostigamiento policial. El reclamo principal es trabajo anualizado, bajo convenio como una solución definitiva, o en su defecto, un subsidio intersafra que tendría que ser establecido por ley y que lo empiecen a percibir automáticamente con el fin de la cosecha equivalente a la canasta familiar. Los Estados nacional y provincial, así como la burocracia de la Uatre son responsables del abandono de las familias tareferas. A continuación reproducimos un reportaje que le hicieron a nuestro compañero tarefero organizado en el Polo Obrero sobre la situación y la lucha que protagonizan.

Extraemos el reportaje del sitio El Reportero.Info

“Me crié en la yerba, toda la vida soy tarefero y es injusto que estemos aquí…”

Celestino Acuña pertenece al Polo Obrero de Oberá y participa del acampe con el que algunas agrupaciones de tareferos reclaman medidas de ayuda por parte del gobierno provincial. Además de expresar las demandas puntuales que trajeron a las autoridades, Celestino nos da su testimonio en el que describe la precaridad histórica en que viven y trabajan los cosecheros de la yerba mate. 

Este año la cosecha de la yerba se extendió solamente por tres meses, dejando a las familias tareferas sin trabajo en medio de una situación de recorte por parte del gobierno nacional de los subsidios interzafra. Si bien el gobierno provincial se había comprometido semanas atrás a cubrir una parte de lo que el gobierno nacional deja de aportar, los requisitos que se les pide a los tareferos para acceder a los beneficios son difíciles de cumplimentar para ellos.

Entrevistamos a Celestino en la Plaza 9 de Julio de Posadas, frente a Casa de Gobierno, donde hace seis días acampan esperando que alguna autoridad acepte recibirlos. Permanecen allí bajo carpas de lona a pesar de que la lluvia mojó casi todas sus cosas y que entre ellos hay una cantidad importante de niñas y niños. Sin embargo, plantean la imposibilidad de regresar a sus hogares sin alguna solución a la difícil situación que atraviesan:

“Los beneficios que dicen que son para los tareferos nos están pidiendo muchos requisitos, están pidiendo recibos muy altos, donde nosotros tenemos muchos compañeros que no tienen esos recibos y no van a recibir esas ayudas” resume Celestino, quien critica las medidas con que se pretende desde el Estado que los tareferos demuestren que lo son. Uno de los requisitos que se les exige para el pago del subsidio interzafra de $ 2300 son los recibos de sueldo que deben alcanzar un monto mínimo. Sin ellos, los trabajadores no pueden demostrar que son “verdaderos tareferos”. Ante esta situación Celestino opina que el control de quienes trabajan en la cosecha de yerba debería realizarla el Estado inspeccionando los yerbales durante la cosecha, lo cual – dice – nunca ocurre:

 “Como Estado están generando una pelea de pobres contra pobres (…) hay muchas autoridades que intervienen a través de los trabajadores y no se toman el trabajo. Cuando para la tarefa que nosotros salimos a la calle a luchar nos salen a decir que están buscando la solución, pero mientras el tarefero está trabajando, está siendo explotado nadie se acuerda, ni siquiera el INYM (Instituto Nacional de la Yerba Mate) ni la UATRE. Nosotros como tareferos quedamos afuera de todo…” señala.

Consultado por la incidencia del trabajo no registrado en la actividad, Celestino explicó que el tarefero se enfrenta a diversas situaciones de precariedad, incumplimiento de los precios que deben pagarse por la cosecha, falta de certezas sobre la cantidad de días que van a trabajar, riesgos laborales muy altos, que terminan influyendo en la no registración del vínculo laboral. Dice que a veces prefieren no registrarse para no perder, por pocos días de trabajo mal pagos, otros beneficios como la Asignación Universal por Hijo o algún plan de trabajo.

“Cualquiera que tenga familia, siendo tarefero o no siendo tarefero, creería que sería lo mejor ganar más un poquito y sujetar a tu familia que no la pase tan mal, que tirarte arriba de esos camiones de la muerte que si subís no sabés si volvés a tu casa o te quedas en el camino como ya ha pasado con muchos compañeros…” describe, a lo que agrega que los contratistas pagan menos que lo acordado por el INYM y las condiciones laborales no son inspeccionadas por las autoridades:

“Como tarefero me crié en la yerba, me crié arriba de un camión… nunca vi ni una autoridad como dicen que está la UATRE, que está el INYM que ellos son la ley de los tareferos. Ellos nunca salen, ellos solamente en la oficina, están ahí y nunca salen y no averiguan nada. Los compañeros tareferos están siendo explotados y ellos en vez de ejercer el trabajo que tienen como autoridad lo único que saben es explotar a los compañeros tareferos y no salir a las calles…”

Consultado desde cuándo trabaja en la tarefa Celestino es enfático en expresar que ya su madre era tarefera y que se crió trabajando en los yerbales:

“Tengo cinco hermanos que nacieron abajo de los campamentos, abajo de las lonas, me crié en la yerba… toda la vida soy tarefero y creo que es injusto que estemos en este momento aquí…” dice en relación al sacrificado trabajo que realizan, en el cual también se registra una alta incidencia del trabajo infantil.

Sobre las autoridades, que desde que iniciaron el acampe niegan su presencia en el Casa de Gobierno y los envían a hablar con los efectivos policiales de la guardia, Celestino señala que “buscan el desgaste de la gente” y que en su opinión deberían buscar una solución de fondo a la situación que año tras año lleva a los tareferos a salir a las calles a reclamar ayuda luego del fin de la cosecha.

“No jugar con la necesidad de la gente cono lo están haciendo año tras año. (…) Creería que preferimos estar en nuestras casas y tener para comer un reviro aunque sea, que ni eso tenemos con esta malaria que hay. Estamos pidiendo puestos de trabajo, estamos pidiendo respuestas y mientras no tengamos esas respuestas no nos vamos a ir…” concluye.

 

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