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21 de noviembre de 2019 | #1573

Kimberly Clark: Amenaza de desalojo

La ocupación de la planta de Bernal de Kimberly Clark cumple dos meses. Una firme lucha de los papeleros por los puestos de trabajo, que incluye un acampe solidario por el que pasaron cientos de compañeros, trabajadores de diferentes gremios y agrupaciones. Un fondo de lucha alimentado por aportes importantes recolectados en lugares de trabajo, universidades del conurbano y la UBA.

Una mención aparte merecen los trabajadores desocupados y jóvenes organizados en el Polo Obrero que, a la vez, protagonizan luchas por sus propias reivindicaciones sin descanso. Una verdadera muestra de acción clasista para que triunfe una ocupación de fábrica a la que la burocracia de todos los pelajes quiere llevar al aislamiento. 

En esa lista de cómplices de la patronal el primer lugar lo ocupa el gobierno saliente y la devaluada Secretaría de Trabajo, que no tuvieron ninguna intención en estos dos meses de buscar una salida positiva a un conflicto que involucra 200 puestos de trabajo. Todo el trámite del Procedimiento Preventivo de Crisis, con audiencias que no iban a ningún lado, tuvo por finalidad generar un desgaste favorable a la presión que la empresa volcaba sobre los trabajadores para lograr retiros voluntarios. 

Ante la evidencia de que lo hecho hasta ahora no es suficiente para quebrar a los trabajadores, esta última semana se sumaron la fiscal Jimena Santoro y el juez Nolfin,  como  ariete de la denuncia penal por usurpación que presentó la multinacional yanqui. Pretenden convertir un conflicto laboral en un hecho delictivo. El delito sería la pretensión de desafiar el despotismo empresario y luchar por mantener sus fuentes de trabajo en un cuadro de cientos de miles de despidos, cierres de fábricas y recesión. 

La mediación que promovió la fiscalía (a la cual accedieron los trabajadores) fue una farsa. La patronal no quiso sentarse en la mesa con los afectados y no llevó ninguna propuesta diferente a la exigencia del desalojo. 

Los papeleros defendieron la viabilidad de la planta e informaron a la Justicia algo que ya han dado a conocer en múltiples actividades públicas, movilizaciones y un Papelazo en Plaza de Mayo: un plan de continuidad productiva, que fue presentado a futuros funcionarios del gobierno electo y próximo a asumir. Las dilaciones en poner en marcha una mesa de trabajo sobre ese proyecto terminan abonando el terreno para los aprietes patronales e incluso para un eventual desalojo violento. 

La puesta en funcionamiento de la planta -que la asamblea votó para el próximo viernes- apunta a: 1) demostrar el estado de las máquinas y la posibilidad de retomar la producción de manera inmediata, y 2) la voluntad férrea de los trabajadores de defender la ocupación como única garantía de triunfo de su lucha. 

Hay que redoblar la solidaridad, reforzar el acampe desde ya mismo y el viernes acompañar a los papeleros en este nuevo capítulo del conflicto.

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