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20 de enero de 2020

Kimberly Clark: respuesta al balance canallesco del grupo de Altamira

Por
Walter Relañez y Diego Altamirano Delegados comisión interna Kimberly Clark
Kimberly Clark: respuesta al balance canallesco del grupo de Altamira

Foto: Juan Diez, Ojo Obrero Fotografía

Realizar balances de un conflicto obrero cuando aún no está cerrado es un acto de irresponsabilidad; cuando además incluye difamaciones, mentiras, tergiversaciones y se realiza de espaldas a los trabajadores, es una canallada.

Es lo que ha hecho Patricio Lara, delegado de Kimberly y miembro del grupo de Altamira. Su “balance”, que parece anunciar el abandono del conflicto, evitó ser debatido en asamblea y no se difundió siquiera en el grupo de whatsapp papelero; sin embargo sí giró por las redes sociales. Es evidente que su intención no es polemizar honestamente, sino embarrar la cancha y difamar. Se trata del retiro vergonzante de un desmoralizado. Las luchas hay que darlas hasta el final y lo más importante es que las conclusiones surjan de los protagonistas y se procesen en un debate colectivo que permita elevar la consciencia política de cada compañero para que todos sean activistas aún más sólidos y se conviertan en luchadores de la clase obrera por un gobierno de trabajadores.

Una orientación (y una desorientación), antes y durante el conflicto

El autor afirma que los 70 días de ocupación fueron un laboratorio para la lucha de clases donde se probaron dos orientaciones y que, desde el inicio, hubo dos caracterizaciones totalmente opuestas del conflicto.

En realidad las divergencias son previas al conflicto. Por lo menos desde un año antes se venían desenvolviendo al interior de la comisión interna y de la agrupación un debate sobre lo que estábamos enfrentando.

Hasta el día previo al inicio del conflicto el grupo alineado con Altamira rechazaba la idea de que la patronal preparaba un ataque en regla, argumentando que todas las señales –evidentes para cualquiera– eran parte de una simulación patronal dirigida a condicionar la paritaria. Hacía casi un año que la planta producía al 50% y una parte se destinaba a terceros; el último verano la patronal decidió el cierre por 21 días y avanzó con la baja de todos los eventuales y la anulación de un turno (acción esta última que logramos limitar con la reubicación de más de 30 compañeros).

Veinte días antes de que la patronal anuncie el cierre un plenario de la agrupación votó por amplia mayoría la orientación que explicitaba preparar a los trabajadores para enfrentar un posible conflicto de magnitud en un cuadro general adverso para los trabajadores, y se resolvió salir a recorrer el gremio por la actualización paritaria y contra el ajuste. La moción del autor del “balance” en ese plenario, que quedó reducida a una pequeña minoría, fue iniciar una lucha en la planta por un bono de 30 mil pesos.

El desnorteo de Patricio y compañía les impidió prever lo que se venía: no solo rechazaban la posibilidad de un cierre sino incluso de despidos masivos y, por lo tanto, no hicieron nada para preparar al colectivo obrero de Kimberly Clark para enfrentar la situación.

Por el contrario los compañeros de la agrupación y más en general los trabajadores de Kimberly comprendieron lo que señalábamos una parte de la comisión interna. Esto fue lo determinante para que se realice esta ocupación histórica.

En medio de estos debates se revalidó el mandato de la interna por sexta vez con el 80% de los votos frente a la burocracia. El eje de esa campaña fue la preparación del conflicto, derrotando el planteo de los altamiristas que pretendieron, además, “renovar la interna” dejando fuera a algunos de los históricos dirigentes de la fábrica.

La ceguera faccional se combinó con la incapacidad política para caracterizar un escenario complejo para los trabajadores en un cuadro recesivo, de miles de despidos, cierres de fábricas y quiebras, ataques al salario. Objetivamente el grupo de Altamira fue un obstáculo y este “balance” lo clarifica.

La madurez del colectivo obrero de Kimberly Clark para mirar de frente la realidad, caracterizar y prepararse, fue clave para la enorme acción de ocupación de planta por 70 días. No fue un hecho repentino, sino el resultado de 12 años de organización gremial clasista, de deliberación en asamblea y de ejecución de lo resuelto con un solo puño contra la patronal y el Estado. Una toma de fábrica que persista en el tiempo, frente a un cierre de una multinacional solo se puede dar si los trabajadores están organizados y concientizados para resistir; el cierre no nos tomó por sorpresa a la mayoría de la agrupación, pero sí a la camarilla altamirista.

Las luchas de los trabajadores en diferentes puntos del país, como la de Kimberly Clark, ponen de manifiesto las reservas que anidan en el movimiento obrero, pero también el rol de la burocracia que logra contener o aislar luchas como la nuestra. 

La caracterización de amplias capas de trabajadores sobrepasando a la burocracia sindical, con tendencia a la rebelión fabril y ocupaciones de plantas, es forzada y desvía del gran desafío en este nuevo escenario político para las agrupaciones sindicales combativas: agrupar a los trabajadores contra el pacto social en marcha que ata al movimiento obrero al gobierno de Alberto Fernández y al Estado.

 Sin principios de clase

El balance del grupo de Altamira rehúye un verdadero análisis de las dificultades que atravesó y atraviesa del conflicto. Su única finalidad es atacar al Partido Obrero y nunca se propone hacer un aporte a la clase obrera que ahora debe enfrentar al gobierno de Fernández y su ofensiva contra los salarios, las paritarias y las jubilaciones, mientras continúan los despidos. Tanto es así que las críticas al gobierno actual y al anterior se diluyen en consideraciones genéricas sobre el Estado. Por ejemplo, el “balance” ni menciona el rol del exsecretario de seguridad Ritondo que operó personalmente para consumar el desalojo. En cambio responsabilizan de esa acción ilegal perpetrada por el gobierno de Vidal a los trabajadores que estaban de guardia esa madrugada -y al PO. ¡Un salto a la inmoralidad y la ruptura con los principios de clase!

En esa misma línea acusan a los propios trabajadores de querer aplicar un “ajuste laboral propio” por haber presentado un proyecto productivo para demostrar la viabilidad de la planta contra el argumento patronal de la baja rentabilidad que sustentó el PPC. ¡La multinacional yanqui decide cerrar la fábrica y despedir a los 209 trabajadores y resulta que es un autoajuste! Perdieron la moral y la cordura.

Los trabajadores demostramos que podemos poner en marcha la planta y producir, al tiempo que ocupábamos la fábrica: una acción que constituye un desafío a la propiedad privada empresaria. La prueba productiva expresó la decisión consciente del colectivo obrero de probar que podemos hacernos cargo de la producción. En absoluto nuestro eje fue hacer todo lo posible para que la patronal no se vaya, sino que buscamos que el Estado intervenga. Cientos de entrevistas, intervenciones públicas demuestran el desarrollo de este planteo estratégico.

Aunque en numerosas oportunidades Patricio utilizó el micrófono para vociferar expresiones personales y generalidades, en lugar de reflejar la opinión de la asamblea, él mismo defendió el proyecto productivo en una reunión con el que ahora es ministro de Producción de Kicillof. Discursear para la tribuna tipifica al charlatán no al dirigente obrero.

Una lucha con métodos y orientación de clase

La asamblea de los papeleros de Kimberly fue quien tuvo la total dirección del conflicto. Frente al bloqueo de los grandes medios, la parálisis del sindicato, la complicidad de la Secretaria de Trabajo y la Justicia con la patronal, la asamblea de los trabajadores deliberó y decidió importantes iniciativas de lucha que lograron instalar el conflicto a nivel nacional. En un cuadro durísimo de despidos masivos, la ocupación de Kimberly luchó por marcar un norte en cómo enfrentarlos, y se convirtió en una escuela de cómo luchar. Desconocer y menospreciar las resoluciones de los trabajadores, afirmando que fueron tomadas por un “aparato externo” (que sería el PO) en los términos que coloca el grupo de Altamira, muestra la desconfianza que tienen en la clase obrera.

Los papeleros de Kimberly no somos manipulables, sino los responsables conscientes de llevar adelante una ocupación histórica, enfrentando al gobierno de Macri, y ahora continuando de pie esta lucha en el gobierno de Fernández y Kicillof. 

Pretender que un conflicto obrero se gana con una sola receta predeterminada sin tener en cuenta el marco político es un delirio de aventureros y la marca de una secta.

La acusación de que el PO buscó “parlamentarizar el conflicto y sumar electoralmente” se cae solita con solo repasar las acciones de lucha y el acompañamiento del Partido Obrero y del Polo Obrero que jugó un papel destacado de apoyo a esta lucha, y que los altamiristas nunca reconocieron, menos aún en su “balance”.

Difundir el conflicto en el Congreso burgués y exigir apoyo económico a diputados de fuerzas patronales no significa parlamentarizar el conflicto sino dar la pelea en todos los escenarios políticos, y siempre manteniendo la independencia política de la organización gremial. Por supuesto dimos un debate frontal para que los papeleros de Kimberly votaran y fiscalizaran masivamente al Frente de Izquierda. Es de destacar que el cierre de campaña de Romina Del Plá como verdadera referente de la clase obrera fue en el acampe con una nutrida presencia de compañeros, entre ellos el mismo Patricio que no expresó nada de lo que ahora escribió. 

La tesis de la “parlamentarización” no explica el enorme despliegue de lucha, que incluyó la conformación de la comisión de mujeres y sus numerosos eventos para financiar el fondo de lucha, actos masivos, cortes de autopistas y del Puente Pueyrredón, el bloqueo a la planta de Kimberly en el parque industrial Pilar, recorridas por sindicatos, lugares de trabajo y estudio, el almuerzo en el día de la madre, recorrida por las fábricas del gremio, el rollazo en Plaza de Mayo (que fue cubierto hasta por la TV alemana), etc. De todas estas acciones la camarilla altamirista fue espectadora vip.

El párrafo del “balance” del grupo de Altamira que denuncia “el retiro del PO” luego de las elecciones es simplemente grotesco. Cualquiera sabe que el PO sostuvo el acampe y acompañó todas las actividades. El Polo Obrero fue un puntal del conflicto. Y como muestra basta mencionar el piquetazo de miles de compañeros en la autopista 25 de Mayo el mismo día del desalojo, que tuvo enorme repercusión. Como en tantas ocasiones los seguidores de Altamira no participaron y votaron en contra de realizar la acción en la asamblea. Una minoría marginal que se opone a dar una respuesta contra el desalojo y la represión no tiene arreglo.

Sobre los plenarios en apoyo al conflicto

Lo que dice el “balance” del grupo de Altamira sobre los plenarios en apoyo a la lucha de Kimberly es un verdadero sincericidio que muestra las raíces profundas de su faccionalismo.

Para ellos el primer plenario fue limitado porque tenía amplia representación del FIT-U y una escasa representación del Plenario del Sindicalismo Combativo. Esa convocatoria no solo resultó muy numerosa sino que fue un paso importante para consolidar la ocupación y expulsar del interior de planta a la seguridad privada de la empresa. Junto al acto y corte de autopista realizado el día anterior a 24hs de la ocupación, ambas jornadas le dieron un fuerte impulso al comienzo del conflicto.

Los altamiristas sostienen que fue una iniciativa del PO ocultando que, como todo, fue votada por la asamblea. De este modo reconocen implícitamente que no hicieron nada por garantizarla. Como en casi toda la lucha fueron a la rastra de la asamblea actuando como un peso muerto.

El contraste que marcan entre el primero y el segundo plenario (que pretenden adjudicarse), en el que se habría expresado -¡ahora sí!- la unidad de trabajadores industriales, estatales y desocupados, la necesidad de desarrollar la resistencia obrera y ganar las calles; algo que según parece no existió en el primero, es simplemente absurdo.

El segundo plenario, que también surgió de la asamblea, fue importante aunque no logró sumar nuevas presencias significativas, salvo contados activistas y una delegación de ATE-Quilmes. La contribución de los altamiristas consistió en una visita a Santa Fe resuelta a espaldas del conjunto de la fábrica (que fue más que nada un tour para un trabajo político de su grupo), cuyo saldo económico fue balanceado negativamente en la asamblea de base. Estos viajes al interior por parte de Patricio y su núcleo se repitieron, incluso con la orden de desalojo dictada. No está de más señalar que en las tres “visitas” de la fiscal y la policía, previas al desalojo, los altamiristas brillaron por su ausencia.

La diferenciación de calidad que los altamiristas hacen entre un plenario y otro carece de sentido pero sí importa rechazar el franeleo con la burocracia verde de ATE-Quilmes. En una lucha es valioso el apoyo de diferentes sectores y dirigentes políticos y sindicales, aunque sean estos de fuerzas políticas patronales o conducciones burocráticas; sin embargo, estos pronunciamientos son bienvenidos, siempre manteniendo la independencia política. El apoyo de los seguidores de Altamira a la conducción burocrática y patoteril de Arévalo, que se manifestó en su participación en el acto de asunción de la seccional, es contraria a una línea de conducta antiburocrática que dicen compartir.

La lucha sigue

En síntesis. El “balance” de la lucha de Kimberly firmado por Patricio Lara revela el verdadero papel desempeñado por el grupo de Altamira. Las tergiversaciones y mentiras traicionan una tradición de la que Patricio fue parte y de la que separó definitivamente. Así lo entendieron los papeleros de Kimberly Clark quienes en la última asamblea del 16 enero manifestaron su repudio al artículo. Patricio no se hizo presente ni respondió mensajes cuando ese día estaba fijada una reunión con funcionarios de la provincia y del municipio de Quilmes. La asamblea votó nuevos voceros de la lucha desautorizando el “balance”. Estaremos informando las próximas novedades e iniciativas en defensa de nuestros puestos de trabajo.

En el momento que lo consideremos, en asamblea, los trabajadores de Kimberly debatiremos y realizaremos un balance que apunte a elevar a los compañeros que somos los protagonistas de esta lucha y contribuya a la experiencia del conjunto de la clase obrera.

Quienes somos militantes del Partido Obrero nos empeñamos en organizar a los trabajadores, a partir de su propia experiencia de lucha, para terminar con este régimen de explotación social; el camino contrario es el de las sectas que se apoyan en esas luchas para desenvolver su faccionalismo y su autoconstrucción.

Vivan las luchas obreras.

Seguiremos de pie en esta dura pelea.

Fuerza para los trabajadores y familia papelera kimberliana.

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