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26 de marzo de 2020 | #1586

Lucro capitalista o lucha contra la pandemia

Apenas pasadas algunas horas del anuncio del “aislamiento preventivo y obligatorio” anunciado por el gobierno nacional, el escenario quedó claro: las patronales comenzaron a esquivar la cuarentena, amparadas en las imprecisiones del DNU, a presionar por mayores excepciones y a violarla de hecho en muchos casos.

La ausencia de un anuncio relacionado con la prohibición de despidos y suspensiones es estratégica para la burguesía, porque les habilita todo tipo de maniobras.

El silencio de toda la burocracia sindical es un cheque en blanco para que empresarios y gobierno actúen libremente.

Mientras las patronales desconocen la cuarentena, el gobierno emplea las fuerzas de seguridad para imponer, abusos mediante, el aislamiento al pueblo trabajador. Las migajas anunciadas para el sector informal e independiente de la economía demuestra el desprecio por los trabajadores. A su vez, exhibe una preocupación de la burguesía en línea con la entrada en escena de las Fuerzas Armadas en el operativo sanitario del coronavirus: posibles estallidos sociales por el hambre. 

Los trabajadores, mientras enfrentamos a las patronales en los lugares de trabajo, tenemos que levantar un programa frente a la crisis capitalista y sanitaria.

Los trabajadores resisten. 

La burocracia, cómplice de las patronales

Muchas empresas incumplen con las licencias obligatorias de grupos de riesgo o de padres y madres con hijos pequeños, suspenden sin paga, reducen los salarios (como la aerolínea Latan) y anuncian despidos. 

Los anuncios del bono de miseria para un sector de monotributistas, autónomos y cuentapropistas los condiciona al hambre durante la cuarentena. Más delicada aún es la situación de los trabajadores de empresas recuperadas, exentos absolutamente de ayuda estatal. El Estado debe garantizarles un ingreso de 30.000 pesos a todos aquellos que se vean privados de sus ingresos hasta que se supere la crisis sanitaria.

Los trabajadores de grandes industrias como Siderca, Clarín, Quilmes e Isenbeck, Atanor o Pepsico denunciaron situaciones irregulares y protagonizaron medidas de lucha. Lo mismo en varios ferrocarriles y líneas de colectivos. En Morvillo, la batalla contra la insistencia patronal para reabrir la fábrica es permanente. 

La patronal del subte intentó alargar la jornada de trabajo por las licencias, los call centers hacinan a miles de trabajadores, los empleados de supermercados (uno de los sectores más expuestos) están reclamando la reducción de la jornada laboral. 

Los docentes fueron una “avanzada” que logró imponer la suspensión de las clases y más tarde las guardias mínimas. Se pueden citar ejemplos de las reparticiones estatales, judiciales y, desde ya, de la Salud, la primera línea de combate contra el virus, que cuentan con presupuestos completamente insuficientes y condiciones de trabajo deplorables. 

El movimiento obrero da batalla al aislamiento y agudiza su capacidad creativa. En este cuadro tan complejo, las redes sociales cumplen un rol importante, deliberativo y resolutivo, como instrumento de organización obrera.

Estas acciones “por abajo” contra los abusos de los capitalistas contrastan con la parálisis de la CGT y las CTA, que han salido a respaldar enteramente al gobierno e instan a los trabajadores de sus gremios a “poner el hombro”, mientras ellos se protegen en sus casas. 

Frente a denuncias masivas de atropellos a las normas de la cuarentena y salubridad establecidas, apenas responden con tibias cartas que nadie toma en cuenta, cuando no se alinean directamente con las patronales. Superar a estas direcciones sindicales es una cuestión de estricta salud pública.

Un programa contra el virus y contra el abuso patronal

La Coordinadora Sindical Clasista está difundiendo una declaración política frente al abuso patronal y la crisis sanitaria en el marco de la bancarrota capitalista. En su programa declara: “Los trabajadores somos quienes cada día, y hoy más aún, aseguramos el funcionamiento de la economía y, por lo tanto, los únicos realmente interesados en velar por las condiciones de trabajo, higiene y salubridad. Para eso impulsamos la puesta en pie comités de higiene, seguridad y preservación de la salud en cada lugar de trabajo de actividades esenciales. 

Pero el aislamiento y la protección no son suficientes para derrotar al virus. Para luchar efectivamente contra la pandemia es imprescindible volcar enormes recursos que están, pero se usan para honrar los descomunales pagos de la deuda pública. Para ilustrar esto digamos que, entre enero y marzo, los vencimientos suman 280.000 millones de pesos. Se trata de un negociado de los grupos financieros a tasas infernales de interés, que han ido sumando deuda sobre deuda.

Es necesaria la centralización de todo el sistema sanitario -estatal, privado y de obras sociales- bajo control de los trabajadores y reconvertir un sector de la industria que no esté afectado a la producción de bienes esenciales para fabricar respiradores, camillas y todo lo necesario para alimentar y curar a la población. La nacionalización de empresas estratégicas, como laboratorios y las dedicadas al equipamiento sanitario, se debe colocar a debate de la clase obrera. 

Para garantizar el cumplimiento riguroso de la cuarentena y defender las medidas elementales que las patronales incumplen defendemos irrestrictamente el derecho de organización gremial y la acción política y sindical de los trabajadores.” 

Los trabajadores tenemos que sacar conclusiones de la crisis. La burguesía no conoce de límites en aras de aumentar sus ganancias y preservar sus negocios. El Estado capitalista funciona como el garante de esos negocios. La salud del pueblo trabajador no puede quedar en sus manos. La lucha contra la pandemia no es compatible con el lucro capitalista.
 

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