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5 de abril de 2020

Córdoba: el gran hermano en tiempos de pandemia

Cada vez mayores aprietes a los docentes.

En el marco del aislamiento preventivo obligatorio, los docentes de Córdoba y del país nos hemos puesto sobre nuestros hombros la enorme tarea de pujar en favor de que nuestras alumnas y alumnos no pierdan contacto con los contenidos escolares y hemos organizado en muy pocos día las estrategias más apropiadas atendiendo las distintas realidades de cada establecimiento y de cada familia, dando una respuesta a la altura de las circunstancias, en medio de un verdadero huracán de idas y vueltas del gobierno que brilló por su ausencia en materia de soluciones reales.

Por el contrario, el gobierno de Córdoba ensayó la utilización de una plataforma virtual con contenidos para alumnos y docentes, sin siquiera tener en cuenta si las condiciones materiales y tecnológicas están dadas, mucho menos, si están cubiertas las necesidades básicas (por caso la entrega de raciones paupérrimas de viandas y luego módulos alimentarios a través del programa PAICor, las suspensiones de las camareras y fleteros de dicho programa, el recorte salarial a los docentes con descuentos en los haberes, la carga demorada de las horas en el sistema, lo que ha provocado que una gran cantidad de docentes no cobremos parte de nuestro sueldo, etc.).

Ante la incertidumbre sobre la finalización de la cuarentena, el Ministerio de Educación ha comenzado a impartir a través de las inspecciones y por consiguiente de las direcciones escolares una bajada de línea de tintes persecutorios, instando a la utilización de plataformas digitales que permitan guardar registro de la actividad y en algunos casos solicitando las claves de acceso para “visitar” la clase virtual y de esta forma controlar el trabajo realizado por los docentes. Se pone énfasis en que los docentes “aseguremos que todos los estudiantes reciban las actividades” y recalcan la obligatoriedad de las evaluaciones de proceso, cargando sobre nuestras espaldas el sostenimiento de un sistema que solo está mostrando el carácter persecutorio y controlador de un estado que quiere hacer de la labor docente un Gran Hermano en tiempos de pandemia.

Este atropello se encuentra en las antípodas de una real búsqueda de soluciones, solo busca regimentar nuestra labor durante este período excepcional, bajo ningún punto de vista están garantizados por parte del Estado los recursos tecnológicos (netbooks, celulares, acceso a internet) ni tampoco, los recursos humanos para que todos los alumnos tengan un docente “al otro lado del dispositivo” ya que al haberse suspendido todos los actos públicos y las coberturas de horas y cargos, hay cursos enteros que no tienen docente asignado, en este punto, el estado, también se lavó las manos.

-Basta de aprietes de las inspecciones sobre los docentes que ya estamos sobrecargados con esta modalidad de trabajo a distancia.

-El gobierno debe garantizar el acceso a los recursos tecnológicos y de redes para la realización de trabajos virtuales, asimismo, se deben destinar partidas especiales para que, desde las escuelas, puedan imprimirse los materiales para aquellas familias que por distintos motivos no puedan accedes a la conectividad.

-Se debe recurrir a la urgente cobertura, a través de actos públicos virtuales, de todos los cargos y horas cátedra que, por motivos del aislamiento preventivo obligatorio, quedaron suspendidas.

 

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