19/01/2018

A un año de la ocupación de AGR-Clarín

Este balance es un humilde homenaje al Barba, el Chino, Dimas y todos los heridos y presos de la lucha contra la reforma previsional. ¡Libertad a los presos por luchar!


El 16 de enero se cumplió un año de la ocupación de fábrica que nos marcó la vida a los gráficos y las familias de AGR-Clarín y que dejó un sello de combate impreso en la clase obrera, que hoy enfrenta lo que vivimos en una fábrica a escala de todo el país. Era un caso testigo, de allí la defensa cerrada del gobierno a los atropellos ajustadores de Magnetto, la enorme solidaridad obrera con nuestra lucha y también la complicidad de todo el arco ajustador y la entregadora burocracia sindical con el cierre.


Como dijimos en aquel momento, el cierre de Artes Gráficas Rioplatenses fue un adelanto de la reforma laboral que ya rumiaban las patronales: un cierre trucho determinado no por una crisis o falta de trabajo, sino por el objetivo de destruir conquistas obreras y la organización gremial que las defendía. Avanzando con despidos y precarización laboral.


Los trabajadores, conscientes de que se venía un golpe patronal, sostuvimos una vigilia de 48 hs el fin de semana previo al cierre impidiendo el retiro de máquinas. En la madrugada del lunes 16 la policía comenzó a rodear la planta, y a las 5:30 la seguridad de la empresa -que había sido reforzada en el triple del personal habitual-, pegaba un papel en la puerta donde se anunciaban despidos masivos. La ocupación también fue masiva e inmediata. Invitamos a la seguridad a retirarse, tal como sucedió en 5 minutos, tras lo cual una de las plantas gráficas más modernas de América Latina (y la más grande del país), con todo su parque industrial adentro, quedó enteramente bajo control obrero.


En los primeros días, compañeros con experiencias previas (de mucho menos tiempo, aunque aún no lo sabiamos) nos alertaban sobre lo difícil de mantener la unidad, ya no solo por la tensión y las diferencias políticas o gremiales, sino por la difícil convivencia, bajo una enorme presión, compañeros con costumbres y formas de vida en muchos casos completamente distintas. “Al tercer día se van a pelear por un chicle”, nos decían con la mejor buena fe y para que nos preparásemos como lo hicimos hablándolo en asambleas. Estoy convencido, salvando las distancias, de que así como las revoluciones no pueden forjar una dirección en su propio proceso, sino que debe haber una dirección que haya pasado por una experiencia previa y que tenga una autoridad ante las masas, en el caso de un conflicto de esta magnitud si logramos mantener la gran unidad y homogeneidad que mantuvimos fue por los años de experiencia común con una posición clasista, independiente de la patronal y el Estado.


El gobierno nos mandó a reprimir temprana y violentamente, el segundo día del conflicto. Fue una emboscada: mientras nos convocaron al Ministerio de Trabajo -donde fue una delegación de la interna, todos los trabajadores que no estaban dentro de la planta y muchos de los que nos estaban apoyando-, ilegalmente, sin orden judicial (es decir, por orden del gobierno), varias columnas de Infantería y Gendarmería arremetieron pateando el agua que hervían los compañeros del Polo Obrero para la comida que garantizaron hasta el último día del acampe, y avanzaron con bastonazos, gases y balas de goma contra los familiares, la columna del PO y otros compañeros y activistas que nos bancaban en la puerta. Los trabajadores resistimos con lo que pudimos, incluida el agua a presión de las mangueras anti incendio que teníamos dentro de la planta, que desarmaron las filas de gendarmes que ya se habían apostado rodeando la planta para aislarnos y a su turno desalojarnos. Fracasaron. Y viendo el cuero y la convicción de los trabajadores de AGR, desistieron y solo se volvieron a animar a arremeter en forma directa contra la ocupación 81 días después, con ametralladoras y una orden judicial que autorizaba a usarla contra los obreros.


El enorme impacto de la ocupación, defendida contra la represión, obligó al sindicato grafico, ante el enérgico reclamo obrero, a decretar un paro general que no convocaba desde hacía mas de 30 años. Paro que luego no garantizó y que en ese sentido incluso llamó a realizar “en los lugares de trabajo” facilitando el carnereaje, pero que sí fue garantizado por los piquetes de la Naranja Gráfica, que lograron que antros negreros como Arcángel Maggio tuvieran la primera asamblea de su historia y su primer paro de 24 hs. También fruto de este impacto que se sentía con fuerza en la planta ocupada, con la permanente llegada de solidaridades y corriente de simpatías de sectores obreros incluso en muchos casos desorganizados o sin experiencia política ni gremial, fue que nos atendió el triunvirato de la CGT y gran parte de su consejo directivo, lo que después abrió el camino a que nos atendieran todas las centrales. Allí y en todos los casos llevamos el mandato de nuestra asamblea de paro general contra el ajuste en general y en apoyo a nuestro conflicto, ante lo cual la directiva del sindicato gráfico, perteneciente a la Corriente Federal, aclaró sin que nadie se lo pidiera que le parecía un “exceso”.


La represión fue el inicio de un verdadero asedio de los servicios de inteligencia contra la toma, lo que incluyó infiltrados que tuvimos que echar una y otra vez de nuestro acampe y movilizaciones, antenas y cámaras instaladas en el techo del centro comunal de enfrente y dos combis con cámaras y radares interceptores de señales. La permanente y masiva presencia policial en la puerta de AGR, Canal 13, la redacción de Clarín y la planta impresora del Zepita, así como operaciones de inteligencia y mediáticas acusándonos de destruir plantas gráficas donde supuestamente se carnereaban nuestros trabajos. Una lección que demuestra el verdadero objetivo de las fuerzas de “seguridad” y el rol del Estado en la lucha de clases, máxime en un país donde no deja de crecer el narco y la trata de personas.


La prolongada resistencia de los obreros de AGR y su “comisión de mujeres y familiares” tuvo como primer sostén las perspectiva que le daba al conflicto el clima de lucha en ascenso contra el ajuste, que se expresó en su mayor magnitud en marzo, con los paros y movilizaciones docentes, de las mujeres, y la movilización de los sectores industriales del movimiento obrero empujada por nuestra ocupación -de la que se habló por primera vez en nuestra reunión con la CGT y que terminó derivando en el paro general de abril. El otro factor derivado del primero y de que muchos se sintieron identificados con nuestra lucha y nuestros métodos fue la enorme solidaridad obrera y popular.


La solidaridad, que tuvo en aportes y movilizaciones incluso carácter internacional, se canalizó y potenció con el método asambleario y de frente único obrero que impulsamos y que se desenvolvió en profundidad en los numerosos plenarios obreros realizados en puerta de fábrica, donde en general existió un reconocimiento de nuestra amplitud, respeto y reconocimiento a todos los apoyos, aportes y opiniones que se acercaban a la toma sin caer en mezquindades ni primereos sectarios. Un método que defiende históricamente el PO y la Naranja Gráfica y que se vio desplegado colectivamente en esta lucha. Así como no caímos en faccionalismos, e invitamos a todo el mundo a sumar su apoyo, tampoco desbarrancamos en un coqueteo con otras variantes patronales como sugerían equivocadamente algunas corrientes de izquierda, en nombre de un supuesto frente “anti-macrista” con quienes participan del ajuste y la tregua. Confundiendo el frente único de clase y la obligación que tiene cualquier conflicto que busque un triunfo de ampliar los marcos de apoyo e intentar sumarlos y nunca rechazarlos, con la subordinación política a variantes patronales. Subordinar nuestra lucha al kirchnerismo, que reprimía obreros en las provincias que gobierna para implementar el ajuste, y defendía la tregua cegetista, hubiera desprestigiado el conflicto y desfigurado sus objetivos e intereses obreros. En este caso sencillamente la lucha por la reincorporación, contra el ajuste y la represión.


A quien tuviera dudas sobre el acierto de esta política clasista, el kirchnerismo y sus agrupaciones se encargaron de separarlos: es que a pesar de haber sido convocados como todo el mundo a sumar su apoyo, y hasta a sumarse al acampe en la puerta, salvo aisladas expresiones, el kirchnerismo le sacó el cuerpo notoriamente a todo apoyo económico y de movilización al conflicto. La CTA de Yasky llegó a faltar a una movilización que se había comprometido a convocar en común en la reunión que tuvimos con él en esa central. Es lo mismo que hoy sucede con la lucha por la libertad del Chino Arakaki (hermano de los compañeros de AGR) y todos los presos de la reforma previsional, por los que el kirchnerismo es incapaz de mover un dedo. Es que la lucha contra la corpo para el gobierno anterior tenía otro sentido de clase: defendían un interés patronal en una pugna por el reparto de un negocio (y un poder capitalista), que es el de los medios de comunicación. Que los obreros luchemos contra la corpo ya es otra cosa. Por otro lado, para quien pensara que ese reparto redundaría en una mayor amplitud, los obreros que ocupamos no pudimos conocerla: C5N fue unos de los más celosos defensores del brutal bloqueo mediático que sufrimos y que incluso logramos romper en mayor medida en otros medios televisivos (Telefé, América, Canal 7, etc). A contramano de su dirección, miles de trabajadores identificados con el kirchnerismo sí sumaron su solidaridad y criticaron duramente este vacío.


La solidaridad tuvo expresión en el enorme apoyo artístico y en los mas de 5 millones de pesos recaudados como fondo de huelga entre partidos, sindicatos, internas, colectas fabriles y en lugares de trabajo y estudio -en el que jugaron un gran rol la “brigada” de compañeros agerrianos que recorrían dia y noche reforzando el fondo de huelga y difundiendo el conflicto-, y en la venta de la revista “VIVA las luchas obreras”, producida enteramente en la fábrica bajo control obrero, algo con una complejidad técnica enorme que, como sabemos, dejó perplejo al directorio del Grupo Clarín. Esto sin contar el aporte de cientos de miles de pesos del PO en materia de infraestructura, micros, afiches, alimentos, etc.


El agradecimiento al enorme apoyo recibido, que nos dio una fuerza y una responsabilidad enorme para sostener nuestra lucha, es indescriptible. Quisiera nombrarlos pero seria imposible no ser injusto. Pero la solidaridad de clase y el empeño de miles de militantes, activistas, trabajadores y estudiantes, muchos viviendo día y noche junto a nosotros, sosteniéndonos anímicamente, es parte de la marca y de la experiencia que nos quedará por siempre.


La batalla que libramos en AGR tuvo muchisimos hitos, el conflicto tomó métodos históricos de la clase obrera, comenzando por la propia ocupación, método que le hicimos conocer a la “Señora de Noble” antes de su deceso en pleno acampe. Retomamos métodos históricos de la clase obrera como las campañas de boicot que realizaba el movimiento obrero a principio del siglo pasado, con la campaña de NO COMPRE, como hiciera el conflicto de Atlántida en el ‘97 y como luego hicieron los compañeros de Pepsico. Con la solidaridad de una enorme manifestación y de los camioneros una edición dominical de Clarín no llegó a los puestos de diarios; cortamos la puerta del 13 contra el cerrojo informativo, realizamos jornadas de piquetes y cortes de ruta en todo el país, se tomaron medidas y recibimos solidaridad de internas y trabajadores de otras empresas del Grupo Clarín que enfrentaron el terror patronal, y la lista sigue.


El aislamiento al que condenó nuestro conflicto la burocracia cegetista (y también de la CTA) y el apoyo cerrado de todo un régimen, comenzando por el Estado, sus fuerzas represivas, sus medios comunicación y más, demuestran que AGR enfrentó todo un régimen. No logramos obtener la reincorporación, pero dejamos una marca y una experiencia personal y en la situación política que es un jalón para las luchas presentes y futuras, contra las reformas antiobreras, pero incluso en forma más profunda contra todo un régimen podrido, contra el cual, para un triunfo obrero, ya no solo de un conflicto, sino definitivo, la clase obrera tendrá que usar los métodos y el programa clasista ya no a la escala de una fábrica, sino de todo un país y del mundo entero. 


¡Vivan las luchas obreras!


Abajo el ajuste y la represión.


Por una salida obrera y socialista.

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