11/06/2003 | 824

«Brukman es de los obreros y no de los carneros»

El jueves 30 de octubre, la Legislatura porteña aprobó la expropiación parcial de la fábrica Brukman y su entrega a la cooperativa integrada por los trabajadores. La ley fue aprobada luego de un largo año y medio de dilaciones para que la patronal pudiera retomar la fábrica. Tras ese objetivo estuvieron también el violento desalojo de marzo pasado y la permanente postergación judicial de la quiebra. La lucha obrera, aun desde afuera de la fábrica, quebró estos intentos de salvataje patronal y forzó a la Legislatura a tratar la expropiación; ésta no se produjo – como lo presentaron los diputados patronales – por haber alcanzado «los consensos necesarios». En realidad, el «consenso» para aprobar la ley tuvo otros propósitos: establece una «ocupación temporaria» del inmueble de la calle Jujuy y una expropiación que sólo cubre el 40% del valor de las máquinas. Terminado el plazo de dos años, la cooperativa de trabajadores deberá afrontar la compra del inmueble y de las máquinas. Además, el PJ y Fuerza Porteña condicionaron su voto a la aprobación de un artículo que obliga a los trabajadores a incorporar a la cooperativa «a aquellos ex empleados de Brukman que así lo soliciten». De este modo, se habilita una modificación de la composición de la cooperativa con elementos afines a la ex-patronal y a punteros oficiales que están en la tarea de copar la dirección de las «fábricas recuperadas». La introducción de esta cláusula fue el resultado de una negociación sigilosa, a partir de la activa participación del abogado Luis Caro y del presidente del bloque del PJ, Santiago de Estrada. Apenas veinticuatro horas antes del día previsto para tratar el proyecto, los trabajadores fueron citados a una reunión oficiosa, con la participación de De Estrada y Caro, pero también de la diputada Moresi, presidenta de la Comisión de Presupuesto y representante directa de Ibarra dentro de la Legislatura; allí fueron conminados a aceptar ese proyecto de ley «consensuado». En su intervención – cuyos aspectos fundamentales reproducimos a continuación-, Altamira denunció esta maniobra y reclamó la derogación de esta cláusula. La fuerza de esta denuncia y el apoyo evidente de los trabajadores presentes en la sesión, estuvo a punto de colocar en crisis el «consenso» trucho, al punto que los legisladores macristas propusieron una «modificación» que resultó ser puramente cosmética. Pero la denuncia de esta extorsión y del propósito de confiscar la gestión obrera calaron hondamente en los trabajadores presentes. Lo revela la consigna que encabezó el festejo posterior a la sanción de la ley: «Brukman es de los obreros y no de los carneros».

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