28/03/1995 | 441

Cese de la persecución penal contra los delegados de La Prensa

El 24 de marzo de 1993, cuando Jorge Brodsky ingresó en el diario La Prensa a tomar sus tareas, se desató una de las más aberrantes persecuciones contra una representación gremial que se recuerde en los últimos años. La persecución culminó con  el encarcelamiento de Brodsky durante 12 horas, la condena a un mes de prisión en suspenso contra otro delegado (Adrián Alvarez), la búsqueda policíaca, con orden de detención e incomunicación, contra otro compañero (Ernesto Gutiérrez), llevada a cabo por personal de civil, y una increíble sucesión de resoluciones judiciales que, favoreciendo primero a los trabajadores, posteriormente se terminaron volcando a favor de la empresa.


La última maniobra de la empresa  fue  recusar (sacar de la causa) al juez que en dos oportunidades había sobreseído  a Brodsky en la causa penal que le siguió la patronal  por “violación de domicilio”.


No resulta extraña esta  obstinación patronal en llevar a fondo este  ataque contra los  trabajadores. La composición, la historia, la ideología y los intereses de esta patronal, (los Gainza, los Reynal y Agote, Amalita Fortabat, Aramburu) revelan que tiene una conciencia de clase explotadora muy desarrollada. Más aún, ante el peligro potencial que implicaba la organización independiente de gráficos y periodistas, que se esbozó claramente durante todo el proceso en el cual la empresa estuvo en concurso preventivo, arrinconada en los propios estrados judiciales por la denuncia y la movilización de los trabajadores, que se hicieron presentes en todas las asambleas de acreedores. Ni un solo trabajador pudo ser despedido durante ese proceso, y la empresa hasta se vio obligada a otorgar un aumento general de salarios que no estaba dispuesta a dar.


Por eso Amalita Fortabat, actual dueña del diario, quiere tener las manos completamente libres, ya que estaríamos nuevamente —y a pesar de que La Prensa logró salir del concurso preventivo, gracias a que el Banco Ciudad pagó por el viejo edificio de La Prensa 4 palos verdes más de lo que llegó a pedir en su momento la propia empresa— en presencia de una eventual bancarrota empresarial. Por eso se pretende destruir hasta la sombra de la organización gremial interna.


Se ha decidido  una campaña de denuncias y pronunciamientos a los juzgados, con copias a la conducción de la UTPBA, que hasta el momento no ha dado señales de reaccionar pese a la gravedad de los hechos.

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