Sindicales

18/7/1996

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Cómo y por qué ganaron los choferes

Ganaron los choferes. Al octavo día de un conflicto que, seguramente, pasará a la historia, la patronal ‘tiró la toalla’ y los trabajadores obtuvieron el 100 por ciento de lo que reclamaban, y ‘algo más’.


Al llegar al sexto día de la huelga, una asamblea realizada por cientos de choferes, bajo la lluvia y el frío, ratificó el paro, fortaleció los piquetes, consolidó el fondo de huelga, le reclamó a Palacios que bajara al conflicto, y realizó una convocatoria abierta a otros trabajadores a apoyar su lucha y preparar una nueva movilización.


La patronal, el gobierno y la dirección del gremio tomaron nota de que había una voluntad de ‘fierro’ por seguir luchando hasta obtener lo pedido. La Comisión Interna y el cuerpo de delegados desconocieron los despidos que había producido la empresa y la conciliación obligatoria que había dictado el Ministerio de Trabajo, haciendo fracasar el último intento por quebrar la lucha.


El día miércoles 10, a la 17 horas, los delegados fueron citados de improviso a la delegación del Ministerio de Trabajo de Morón; cuando llegaron, estaban presentes el secretario de Gobierno de Buenos Aires, un funcionario del Ministerio de Transporte, la empresa y la plana mayor de la UTA, Palacios y Fernández.


La reunión comenzó con una amenaza del gobierno de lanzar un decreto desconociendo el ‘piso’ (el recorrido) otorgado a la empresa y estableciendo la ‘normalización’ inmediata de las tareas a los trabajadores. La empresa, después de cinco días de decir que ‘no tenía fondos’, ofreció adelantar 200 pesos a cuenta de lo adeudado, que rápidamente fue rechazado por los delegados, volviendo nuevamente a la misma situación. Después de un cuarto intermedio, se apreció la dimensión de la crisis que había provocado el conflicto, pues el gobierno y los funcionarios del transporte acordaron que si no se abonaban los sueldos habría una nueva reunión en La Plata para que se formara una Unión Transitoria de Empresas que se haría cargo del recorrido de Transportes del Oeste, pagando los sueldos adeudados como primera inversión. Ante esto, la empresa pidió un cuarto intermedio para el viernes 12 a las 11 horas.


A pesar de que los delegados no habían sido informados previamente de la reunión, mientras se realizaba la misma, más de 200 choferes se agolparon frente al Ministerio; al salir, Palacios tuvo que ratificar que la UTA apoyaba el conflicto y que no se trabajaría hasta que no se pagaran los sueldos. Se empezaba a ver una luz de solución al conflicto.


Un acta histórica


El jueves, desde las 11 de la mañana, los choferes llenaron las calles de Morón; más de 500 compañeros se agolparon bajo los balcones del Ministerio mientras los delegados discutían con el gobierno y la empresa. Venían preparados para una larga jornada, habían recibido la solidaridad de muchas líneas de colectivos que ofrecían los coches para una manifestación a La Plata. Mientras se escuchaba el ruido ensordecedor de los bombos, fueron apareciendo colectivos para llevar a los trabajadores en caravana a La Plata.


A las 13 horas terminó la reunión; sobre los hombros de un compañero, Carlos Pacheco, el secretario general de la Comisión Interna, leyó el acta (adjunta),donde la patronal se comprometía a pagar a las 18 horas de ese día todos los sueldos, el aguinaldo, a reincorporar a todos los despedidos, incluido a un compañero que había sido despedido antes del conflicto, y que no se empezaría a trabajar hasta que no hubiesen cobrado la totalidad de los compañeros.


Una vez leída el acta hubo una alegría indescriptible. Choferes de más de diez años en la empresa lloraban sin poder contenerse, la totalidad del cuerpo de delegados fue llevado en andas, la patronal había sido derrotada. Con los delegados a la cabeza se produjo una marcha hasta las oficinas de la empresa para esperar que se hicieran las 18 horas; en el trayecto, los choferes eran aplaudidos y saludados por todo el mundo, la reivindicación ganada no sólo era de ellos, era también de los usuarios que se solidarizaron con los choferes, ya que también les quieren destruir sus convenios, sufren atrasos en los pagos y por eso, desde el primer día, se solidarizaron con el conflicto.


Se relanza el conflicto


A las 18 horas, la plata, sin embargo, no había aparecido. La empresa estaba rodeada por la totalidad de los choferes que concurrieron a cobrar, la presión era enorme; aterrorizados por lo que pudiera suceder, los empresarios llamaron a decenas de patrulleros y carros de asalto; la situación se prestaba para una inmensa provocación, pero una vez más se puso de manifiesto la enorme experiencia de los delegados que dirigieron el conflicto.


Se realizó una asamblea donde se intimó a la empresa a que la plata apareciese en quince minutos; si pasado ese tiempo no se cobraba, se reiniciaba el conflicto. Pasado ese tiempo, los delegados, con los choferes de cada cabecera, se retiraron a los lugares donde estaban instalados antes. En menos de una hora se reiniciaron las cinco ollas populares, se comenzaron a cobrar nuevamente los “peajes”, relanzando el conflicto con la misma fuerza. Los delegados eran conscientes de que la empresa ya no tenía más margen de maniobra; se quedaron exigiendo al veedor del Ministerio de Trabajo el inmediato cumplimiento del acta, responsabilizándolos a ellos y a la empresa por lo que ocurriera en las  horas siguientes. Así, a la una de la mañana, llegó la plata y se empezó a cobrar. Recién a las 13 horas del viernes se reinició el transporte. Durante toda la mañana, la empresa y el Ministerio reclamaron desesperadamente que se empezara a trabajar porque la plata estaba, pero hasta que no se pagó al conjunto no se reinició el servicio. El triunfo había sido casi total.


Conclusión


Las claves de la victoria de los choferes hay que buscarlas con mucha anticipación. Existió una enorme tarea de concientización de que lo que estaba en juego en la empresa no era el atraso en los pagos, sino el intento de una rebaja salarial y la destrucción del convenio colectivo. En asambleas por cabecera, y en boletines que sacó la interna, se explicó detalladamente cómo se quería imponer un convenio del tipo Fiat-Smata para el transporte, cómo se querían tercerizar los talleres y las estaciones de servicio. Los delegados sacaron un importante balance de la lucha de los compañeros de la 148 (El Halcón), cuando la patronal de la zona Sur propuso, como si fuera de ella, un convenio que todas las patronales tenían en mente (los 64 puntos) para reventar los convenios.


A partir de la lucha de El Halcón, fueron conscientes de que había que presentar una lucha muy firme; cuando se largaron al conflicto esto estaba muy presente, como lo dijo para Prensa Obrera Carlos Pacheco, uno de los principales dirigentes: “Desde que estalló el conflicto los compañeros nos superan en las iniciativas. Nuestras propuestas no sólo son aceptadas sino que se incrementan. Casi espontáneamente se formaron los piquetes” (Reportaje de Prensa Obrera, del jueves 11).


El conflicto de Transportes del Oeste es el punto más alto de la resistencia de los choferes contra estos intentos patronales, pero es sólo parte de una lucha que ya se viene librando; los compañeros de la 148 resistieron en una gran lucha por lo mismo, los compañeros de la Río de la Plata también lograron sus reivindicaciones y la reincorporación de los despedidos, demostrando que si se lucha, y se apela a la movilización y a la solidaridad con otras líneas y con los demás trabajadores, se puede triunfar.


Se está forjando en todas estas luchas una gran camada de activistas y delegados que le están cambiando la fisonomía al conjunto del gremio. De sus experiencias comunes, de su coordinación, pueden surgir las iniciativas que no sólo los choferes necesitan, sino todo el movimiento obrero. Se ha quebrado con esta gran lucha uno de los argumentos fuertes de ciertos burócratas sindicales, de que los métodos de lucha son parte del pasado. Los delegados de Transportes del Oeste ya saben: si se lucha a fondo se gana, esto vale para todo el movimiento obrero.

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