16/08/2012 | 1235

Con las peores armas menemistas

Cristina transfirió el APE

Cristina Kirchner trasfirió la Administración de Prestaciones Especiales (APE) a la Supertintendencia de Salud. El APE es un organismo manejado por el Estado, creado durante el menemismo, el cual financia los tratamientos de alta complejidad en las Obras Sociales. Lo hace con una tajada de los fondos (10% de un total de unos 30 mil millones anuales) aportados por los trabajadores a un Fondo de Redistribución Solidaria (FRS), con funciones más amplias: esencialmente, garantizar que las obras de trabajadores con menores ingresos, puedan brindar el Plan Médico Obligatorio. La Superintendencia de Salud, es manejada ahora por la ultrakirchnerista Liliana Korenfeld. De manera que en la transferencia del APE fue barrida la cúpula moyanista que la administraba.


El gobierno tiene por ley la obligación de redistribuir anualmente el sobrante de todo el FRS entre todas las obras sociales de acuerdo al número de afiliados. No lo hizo. Por este concepto acumuló durante los nueve años de kirchnerismo, una deuda de por lo menos 12 mil millones de pesos. Dos mil millones los debe el APE, ahora transferido. La deuda sigue vivita y coleando. Además, ahora esos fondos mensuales aportados por los trabajadores -sea con su aporte o con el patronal, que corresponde también a su salario- van a parar directamente a la Superintendencia de Salud, en manos de Liliana Korenfeld, su nueva titular, quien fuera interventora durante 12 años de la obra social estatal santacruceña. Allí no presentó nunca un balance.


Se trata de un zarpazo que, lejos de devolver lo adeudado, de transformar el sistema del menemismo, se vale de él para un control central sobre los fondos de la salud obrera, en favor la caja del "ajuste 2012" de Cristina Kirchner. En lo que va del año, se ha ejecutado un tercio del presupuesto de la APE, lo que acrecentó este año el ritmo precedente de la confiscación. El manotazo al FRS se suma a los que ya se vienen dando a la Ansés, al Banco Central y al Banco Nación, donde se depositan los fondos de la salud de los trabajadores.


En las semanas de mandato de Korenfeld ha recibido a Caló, a Andrés Rodríguez y a Lingieri, este último administrador del sistema durante el menemato, todos nóveles integrantes del sindicalismo cristinista. Según La Nación, les ha propuesto cancelar la deuda del APE (2000 millones) con 340 millones, es decir, con el 17% de la deuda. Obviamente, la moneda de cambio será privilegiar a los gremios alineados con la Rosada en el reparto de la confiscación del 83% restante y en los sucesivos ingresos y egresos del FRS.


De los otros 10 mil millones que el gobierno debe al sistema no se habla. El gobierno -que no nacionalizó el juego, ni la minería, ni el petróleo, ni los teléfonos- aplica su "dirigismo" trucho para quedarse con una brutal tajada de los fondos de la salud obrera. Entre las amenazas para disciplinar a los sindicatos, el gobierno esgrime una posible estatización general de todo el sistema, sacando a la burocracia sindical el control de las cajas de cada gremio.


Parece, sin embargo, optar por una variante más jugosa y menos complicada que vérselas directamente con la atención de salud a unos 12 millones de personas. Mantiene la perversa "desregulación" menemista que aniquiló el carácter universal de la atención de salud obrera y, especialmente, su carácter intregal, ya que sólo garantiza el Plan Médico Obligatorio, un combo de salud elemental adaptado a la mercantilización del sistema: "recibís la salud que pagás". Ese sistema que metió a las prepagas masivamente adentro del sistema de obras sindicales. Pero ahora, al quedarse con el FRS -del cual lleva robados 12 mil millones- ayuda al proceso de quiebras y concentración, dando poder a los grupos más poderosos de la burocracia sindical y de las prepagas, fuertemente entrelazados.


Con esos buitres negocia la creación de la CGT oficial. Mientras Moyano fue "funcional", se llevó el bocado del león para los negocios de la obra social camionera, notoriamente deteriorada actualmente. Caído en desgracia, los otros "sindicalistas empresarios" le pasan la factura, ficcionando una alianza estratégica con el cristinismo, que durará tanto como sus privilegios y como la capacidad del gobierno de mantenerse en pie sobre estas bases. Tal vez, menos que un suspiro. Es claro que tanto el futuro de todas las reivindicaciones obreras, como el de la salud de nuestras familias, pasa por sacar las manos del Estado de los sindicatos y de las Obras Sociales y de terminar con su socia, la burocracia sindical. Por la devolución de todos los fondos adeudados. Por el control obrero de las Obras Sociales mediante comisiones electas por asambleas de los trabajadores. Por un sistema único de salud, que contemple el hospital público, las Obras Sociales y la salud privada, de carácter universal, integral y gratuito para todos los argentinos por igual.