15/10/1998 | 604

Crónica de la resistencia de los obreros de Aguila

El viernes 10 a las 6 de la mañana, los trabajadores de la planta Aguila, de Barracas, del pulpo Arcor, se encontraron con las puertas de la fábrica cerrada. El lock-out, que la empresa presentó como una medida preventiva contra una posible ocupación, se proponía quebrar a los 40 compañeros de producción que rechazaron el ‘despido voluntario’ y reclamaron la continuidad de los puestos de trabajo.


La amenaza de cierre se planteó ya días atrás, cuando la patronal, con apoyo total de los jerarcas del Sindicato de la Alimentación, colocó al personal ante la disyuntiva del retiro ‘voluntario’ o un absurdo ‘traslado’ a otras plantas de la empresa en Córdoba, San Luis o Jujuy.


La respuesta obrera fue de lucha. La asamblea en puerta de fábrica resolvió cortar la avenida Herrera y permanecer en puerta de fábrica con el reclamo de que la patronal, el Gobierno de la Ciudad y el ministro de Trabajo dieran la cara, ante la arbitrariedad e ilegalidad de la medida de la empresa. Con los métodos de Cutral Co se cortó la calle con quema de neumáticos, bombos y consignas; el inmediato desfile de los medios periodísticos llevó la lucha heroica de los compañeros a tapa de los vespertinos y noticieros de todo el país. Los carteles con que se tapizó la fachada de fábrica decían «No al cierre»,»No a los despidos», «Daer traidor», «Esta es la ‘familia’ ARCOR». Rápidamente, comisiones de trabajadores organizaron la recorrida de solidaridad a internas de empresas y líneas de colectivos de la zona; de colectas de fondo de lucha sobre los colectivos y automóviles en los semáforos; de propaganda a los medios.


Por la tarde, los compañeros, con apoyo de internas y delegados de la zona (Editorial Perfil, no docentes de Ingeniería, Talleres Protegidos, Crónica, Municipales, Metrovías), se movilizaron al Palacio de Gobierno de la Ciudad, con un petitorio reclamando la intervención para reabrir la fábrica y prohibir la pérdida de los puestos de trabajo de más de 200 familias obreras, en el cuadro de la brutal desocupación presente.


Ante el olímpico ‘lavado de manos’ de los funcionarios de De la Rúa, continuaron hasta el Ministerio de Trabajo exigiendo la intervención de Erman González. El subsecretario de Relaciones Laborales, Iñíguez, tuvo que recibirlos, al compás de los bombos y megáfonos que atronaban Leandro Alem. Pero también pateó para adelante.


El sábado 11, los trabajadores instalaron una carpa y olla popular en puerta de fábrica desde las 6 de la mañana, recibiendo la solidaridad de vecinos, automovilistas y choferes de UTA, especialmente de la línea 148, que paraban sus colectivos en la olla, para sumar su adhesión y dar aliento. Al cerrar esta crónica, los trabajadores habían empezado a recibir los telegramas de despido de un cinismo provocador por parte de esta patronal ultranegrera, «sabemos perfectamente de sus sentimientos y queremos acompañarlo en este momento tan especial», dice un párrafo canallesco. Otra asamblea resolvió mantener la olla y las colectas y una nueva movilización el martes 13, después del feriado largo. Hay que destacar la tenacidad y combatividad de las compañeras, varias de ellas con sus chiquitos a cuestas , a quienes normalmente dejan en la guardería de fábrica.


Aislados por su propio gremio y por las centrales opositoras, que no hicieron siquiera acto de presencia, 40 obreros marcan el espíritu de lucha que reina en la masa de la clase obrera y hacen punta en la lucha planteada por la brutal oleada de despidos, suspensiones y cierres de empresa en curso.