27/03/1997 | 532

Crónica de la superexplotación

A pedido de un corresponsal de Prensa Obrera, el compañero P. del sector nuevo de Fiat en Córdoba nos envió la siguiente crónica:


“Me pediste que te contara sintéticamente lo que pasa en Fiat, pero no puedo dejar pasar muchas cosas. Te contaré en principio de mi ingreso. Te hacen un test psicológico donde muchos laburantes se quedan afuera, pero me llamó mucho la atención la revisión médica, donde no podés pesar más de 90 kg con una estatura normal, te ponen en puntas de pie durante un minuto, aproximadamente, y te empiezan a brotar las várices; calculá, uno que sea veterano no está 10 puntos. Ni te cuento si te encuentran pie plano, algo en la columna o en la vista. Esta revisión es muy discriminatoria. Después de pasar la revisión te hacen una entrevista donde te preguntan si tenés alguna actividad gremial, política, qué religión, si tenés juicios, qué pensás de Menem, de la flexibilización laboral; después te averiguan en tu casa, en los vecinos, en la policía. Una vez analizado todo esto, te dan el visto bueno y te meten en un curso de ‘capacitación’ donde están metidos el Ministerio de Trabajo y el gobierno. Este curso dura dos meses y te pagaban 14 pesos diarios, ahora se paga 12 pesos y lo cobrás mensualmente. No podés faltar por nada. Por dos faltas te echan del curso pase lo que pase: si te enfermás, si tiene familia tu mujer, si se te muere algún pariente, estás chau. Las primeras dos semanas te encierran 8 horas por día y te hacen un lavado de cerebro. Te meten en la cabeza Fiat, Fiat, Fiat. La gente sale preparada para ser azotada por la patronal.


“Después te mandan al ‘laboratorio’ para la práctica; como vos estás en el curso no podés hacer producción ni te pueden mandar a planta. Sin embargo, a algunos grupos los mandaron directamente a la línea de producción a laburar y te metían que era la única forma de ‘aprender’; a algunos compañeros los hacían quedar después de hora (horas extras) y no se las reconocían por estar en el curso. Las condiciones de trabajo eran muy malas; calculá, era verano y no andaba el sistema de ventilación, aproximadamente había 40º C. Cuando se originaron los despidos en Cormec y tomaron la fábrica, se nos juntó a todos en la UTE (‘Unidad Tecnológica Elemental’, equipos ‘multifuncionales’ sobre los que se organiza la producción de la fábrica) y se nos dijo que a lo mejor podían venir a la planta nueva y hacer una asamblea, que no les diéramos bola, que no se responsabilizaban si íbamos con ellos. No podíamos cruzarnos a Cormec ni hablar con los compañeros. Hay gente de Cormec que tiene sus hijos en la planta nueva y no se puede hablar porque los echan.


“Actualmente es muy sangrienta la forma en que se trabaja donde estoy, aunque no conozco las condiciones de otras UTE. Al principio éramos … compañeros en la línea de producción y cada uno tenía una función con cierta cantidad de tiempo que te reventaba. Fueron mandando compañeros a otras UTE, actualmente somos la mitad. Calculá lo que puede ser esto, somos la mitad de lo que éramos, cumplimos varias funciones y la línea de producción va cada vez más rápido. Son las 10 de la mañana y la gente pide a gritos el descanso; nos corresponde un descanso de 40 minutos por turno según el convenio del Smata, pero no se cumple. De prepo se para dos veces en el turno durante 20 minutos cada vez, pero es una pelea constante por este tema. Para cuando se hagan dos turnos de trabajo nos van a dividir a la mitad (una cuarta parte de los que éramos al principio).


“Tengo varias cosas para contar, pero lo que me llama la atención es por qué los compañeros de Cormec no hacen participar a la gente de la planta nueva, ni en las asambleas, ni en la fábrica, siendo que todos juntos podemos torcerle el brazo a esta patronal sangrienta que cada día nos oprime más”.

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