29/06/2000 | 671

De Gennaro impuso la estrategia de la tregua

Tribuna Estatal y el Partido Obrero presentaron a través del compañero Oscar Maidana, delegado de ATE, una moción al Congreso reclamando el rechazo a toda tregua con el gobierno y proponiendo que la CTA tomara la iniciativa de dirigirse a las otras centrales sindicales para votar un paro activo de 48 horas y la preparación de la huelga indefinida.


Pero en menos de cuatro horas, la mesa nacional de la CTA liquidó, en la Federación de Box, su Congreso Ordinario y Extraordinario.


El trámite -por demás expeditivo- no fue resultado de una deliberación política previa, ni mucho menos de asambleas y plenarios. Todo lo contrario: éste fue el ‘congreso’ del silencio; ni siquiera hubo un documento preparatorio.


Con estos antecedentes, se entiende por qué este congreso fue un retroceso fenomenal con respecto al realizado el año pasado en Mar Del Plata. Según la mesa de poderes, se habrían acreditado en la Federación de Box 2.000 congresales contra 8.500 que concurrieron al congreso anterior, algo de por sí notable si se contrasta con el cuadro de ascenso de las luchas obreras y populares, las concentraciones en Plaza de Mayo, la movilización multitudinaria contra el FMI y los paros nacionales.


Sería injusto decir que las bases de los gremios adheridos a la CTA le dieron la espalda al congreso. Sencillamente no llegaron a enterarse de su realización… Esto explica la ausencia de representaciones sindicales y aun fabricas de peso como el Astillero Río


Santiago. Vaciado de activistas obreros, el ‘congreso’ tuvo como protagonistas a los “nuevos movimientos sociales”. En este cuadro de aparato bastaron 240 minutos para aprobar al galope la reforma de los estatutos, la ampliación de la mesa nacional, la junta electoral para las elecciones de septiembre de la CTA nacional y seccionales, el ‘plan de acción’ y las resoluciones del ‘congreso’.


El congreso tuvo propósitos claramente definidos. Por un lado, reformar los estatutos para las próximas elecciones de la CTA. La presencia de un veedor del Ministerio de Trabajo fue pretexto para que De Gennaro saludara al ministerio del flexibilízador Flamarique.


A lo largo del congreso, desde el «comunista» Mendeville, de Judiciales (a cargo del informe de apertura), hasta De Gennaro (quien cerró), los distintos oradores de la Mesa y de las federaciones se encargaron de subrayar la “autonomía de la central” frente al gobierno y los partidos. Tanta obstinación -en boca de quienes fueron los autores intelectuales de la Alianza- intentó desviar el repudio que provocaba en las barras y los presentes la mera mención del Chacho Alvarez o el gobierno. Distinta fue la actitud de los Mendeville y del ‘Tano’: usaron la crítica a los Llach, a los López Murphy y a los Santibáñez para rescatar al “ala política del gobierno”.


En oposición a la moción de Tribuna Estatal y del PO, de un rechazo a cualquier tregua, concertación o acuerdo con el gobierno de la rebaja salarial, el impuestazo y la destrucción de los convenios, De Gennaro reclamó un “dialogo participativo” (que incluya a la CTA). Colocó de este modo a la ‘central alternativa’ en el mismo campo desmovilizador y de freno de todas las burocracias sindicales.


En el Congreso de la CTA hubo dos estrategias contrapuestas. El Partido Obrero centró su intervención en el reclamo de un plan de lucha, contra la tregua, porque ésta es la cuestión capital cuando el gobierno mantiene el ajuste y la reforma laboral. De Gennaro y la conducción de la ‘central alternativa’ se su man, en cambio, al ‘diálogo’ y a la tregua por que quieren evitar que una victoria popular signifique la derrota política del gobierno que contribuyeron a elegir.


Deliberadamente, la CTA opuso también la Marcha Grande por el Trabajo a la moción de Tribuna Estatal y del PO a favor de un llamamiento expreso del congreso -dirigido a las otras centrales obreras- para convocar conjuntamente a un paro activo de 48 horas que impulse la huelga general indefinida hasta la derogación de los decretos de ajuste.


El ‘comunista’ Mendeville se entusiasmó con el ‘eco’ que habría suscitado la propuesta de “shock redistributivo” formulada por la CTA… “aún en los sectores del poder” (sic). Es que el planteo del CTA se parece como dos gotas de agua al que promueven la UIA, el Grupo Productivo, Techint y la Cámara de la Construcción. Este arco patronal propone, para la gilada, gravar a las empresas de servicios y pivatizadas para financiar con los recursos del Estado un fondo para los jefes de familia desocupados; pero a lo que apunta en realidad es a que el Estado se endeude para formar un fondo fiduciario que garantice el financiamiento de un plan de obras públicas en beneficio de la ‘patria contratista’.


La dilación de un mes para la Marcha Grande, desnuda el carácter distraccionista de esta propuesta. La CTA ha creado, además, una “industria del recogimiento de las firmas”, que ya fracasó en el pasado y que reaparece cada vez que se pretende contener la movilización obrera.


El Congreso ha servido para verificar las diferencias estratégicas entre la izquierda revolucionaria y la ‘izquierda centro’ rebautizada como Izquierda Unida. El PC votó disciplinadamente contra el paro de 48 horas y contra la huelga general indefinida, y evitó presentar una moción expresa contra la tregua. Patria Libre cultivó el bajo perfil de quien ha acompañado a las burocracias centroizquierdistas en todas sus agachadas. El resto de la ‘izquierda’ desertó o no abrió la boca.


La tregua abierta por la CTA y disimulada ante el Congreso con la convocatoria a la Marcha del mes que viene, no tiene futuro. Los próximos acontecimientos van a demostrar que el repudio de las bases de la CTA al gobierno aliancista -encaramado gracias a los De Gennaro y las Maffei- plantea con extrema agudeza la preparación de la huelga general votada por un Congreso de bases de los trabajadores. La intervención del Partido Obrero prepara y abona ese camino.

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