08/03/2017

Despidos en Sancor: la lucha planteada

Por Tomás Eps @tomaseps

La empresa de lácteos SanCor procedió al cierre de 4 plantas en las localidades de Brinkman y Moldes (Córdoba), Coronel Charlone (Buenos Aires) y Centeno (Santa Fe), con la resultante de 500 cesantías de sus trabajadores. Según informan medios especializados, se trata del comienzo de un plan de reestructuración que llevaría a pasar de 15 establecimientos a 9, con el despido de entre 1.500 y 2.000 empleados –de hecho, hay pagos adeudados para 2.000 obreros y está previsto que otras tres plantas frenen sus actividades por tres meses para "tareas de mantenimiento". Fuentes del gobierno y de los sindicatos señalan incluso la posibilidad de un cierre total de las actividades de la lechera, lo que dejaría en la calle a sus 4.000 trabajadores.


 


La burocracia de la gremial láctea Atilra, de Héctor Ponce, no ha tomado medida alguna y señaló en un comunicado que "hasta el día de la fecha, no se han registrado envíos de telegramas de despido" (Télam, 8/3). La tesitura busca encubrir el embate patronal y opera como un acto de carnereaje, cuando los camioneros de SanCor ha procedido a un corte en la Panamericana y a un paro contra el peligro de las fuentes de trabajo dependiente de SanCor. Atilra, incluso, se ha despegado de las acciones con la afirmación "a la Pedraza" de que los manifestantes "son tercerizados". Por su parte, el paro de 24 horas de la rama de Camioneros anunciado por Pablo Moyano busca calmar las aguas con una medida aislada, en un cuadro generalizado de despidos y suspensiones y luego de que el burócrata camionero participase ayer del palco de la CGT que se negó a poner fecha a un paro general de las centrales contra el ajuste –pese al clamor popular en ese sentido– y a resolver un plan de lucha.


 


Ponce interviene en este cuadro no como un dirigente sindical, sino como un consultor empresario, asegurando que "él mismo tuvo entrevistas formales con industrias extranjeras interesadas en invertir en SanCor" y presionando a la patronal para que ceda a las mismas el control de la empresa. La tesitura, que podría aparecer como un contrapuesto "extranjerizante" al planteo de la burocracia de CGT de "defensa de la industria nacional" (mayores subsidios para los capitalistas locales, esto pese a que grandes patronales archisubsidiadas como Clarín han procedido a despidos masivos), comparte con la misma una política de fondo: la sumisión de la clase obrera a las patronales que, nacionales o extranjeras, llevan como bandera principal la liquidación de las conquistas de los trabajadores.


 


La negativa del gobierno nacional a otorgar nuevos subsidios a SanCor (solo el año pasado le dio 250 millones de pesos) podría estar en la línea defendida por la burocracia de Atilra de una apertura de la empresa al capital extranjero. En la misma reunión que le comunicó esa decisión, "el Presidente les habría dicho que no entendía cómo, después de haber vendido parte de una de sus líneas de productos y en dificultades financieras, habían aprobado una paritaria con el gremio que implicaba un 40% de aumento en los sueldos, complicando al resto de la industria" (Clarín, 5/3). En corto: nacional o extranjera, la clave es reventar los salarios y las condiciones laborales.


 


Contra las maniobras y adaptaciones de la burocracia, el camino para enfrentar los despidos es el que colocaron los obreros de AGR-Clarín, que ocupan la planta hace cerca de 50 días contra el vaciamiento fraudulento. La situación en SanCor plantea, en primer lugar, que no haya despido alguno; la defensa incondicional de los puestos y condiciones de trabajo frente a cualquier "reestructuración" y la apertura de los libros de la empresa. Y reafirma la necesidad de un inmediato paro nacional de las centrales sindicales contra el ajuste en curso.


 


 

En esta nota