01/12/2011 | 1205

El clasismo gráfico copó la asamblea general

El 25 de noviembre pasará a la historia de los gráficos como un hito en la lucha contra la burocracia de Raimundo Ongaro.

La asamblea general para tratar las memorias y balances (20072010) y votar la junta electoral que organizará las elecciones de abril, se convocó en horario laboral y casi sin ninguna difusión -es decir, con el propósito de excluir a la masa del gremio y facilitar su control por parte del aparato de la Verde. Tal como ocurre desde hace 25 años.

La noticia de la jornada fue sin embargo la extraordinaria movilización de la oposición encabezada por la Naranja Gráfica, junto a la recién constituida Agrupación Bordó, que conmovió el salón Felipe Vallese de la CGT.

Trescientos compañeros de Interpack, Morvillo, AGR-Clarín, Ipesa, World Color, Donnelley y numerosos activistas de otros talleres como Cedinsa y Lavels Plast, irrumpieron en una combativa columna común, dispuestos a quebrar el fraude que siempre empieza a cocinarse con la elección de una junta títere de la directiva.

La movilización fue preparada por una declaración de la Naranja llamando a unificar fuerzas contra la Verde, que se distribuyó en más de 50 fábricas. El acierto de impulsar esta batalla confirma el valor de la disputa por la dirección del sindicato, pelea que desde siempre orienta el accionar de la Naranja -y más aún en la etapa de disolución de la burocracia ongarista.

La sorpresa de los oficialistas por el despliegue de fuerzas de la oposición apenas podía disimularse; ya desde el principio, cuando se impidió que muchos compañeros ingresaran al salón confinándolos a los pasillos, quedó claro que no se ahorrarían medios para evitar una derrota.

El desarrollo de la asamblea -que duró apenas una hora- fue escandaloso por donde se lo mire: con dificultad un compañero logró tomar el micrófono para presentar la moción de conformar una junta electoral compartida proporcionalmente de acuerdo con los votos obtenidos en la asamblea, y presentar nuestra propuesta de lista integrada por delegados de once talleres de las trece ramas.

La moción apenas pudo escucharse porque, como es habitual, se la tapaba con los bombos o se cortaba el sonido desde la mesa. Todo esto fue caldeando más el clima, que explotó en el momento previo a la votación. El cordón armado por la Verde empezó a empujar hacia la puerta a los compañeros que se encontraban en los pasillos.

Otro orador de la oposición tomó la palabra para reforzar la moción de junta compartida como la única alternativa para garantizar elecciones transparentes, que expresen la voluntad de las bases. Mientras la barra del primer piso abucheaba la intervención, varios jubilados ubicados en las primeras filas aprobaban con la cabeza e incluso aplaudían. Un dato revelador que corrobora la decisión de sectores del oficialismo de «no acompañar la moción de la Verde» -algo que nos había sido comentado antes y se condice con la crisis instalada en el seno del ongarismo, que enfrenta a diversas facciones y produce «purgas» constantemente.

A la luz de esto queda claro por qué la burocracia impidió el debate y luego pudrió la votación: efectivamente, cuando los empujones se convirtieron directamente en gresca, el presidente de la asamblea, Amichetti, actual secretario adjunto y candidato a suceder al «loco» (así llaman a Ongaro sus seguidores), llamó a levantar la mano y, sin siquiera simular un recuento, sentenció el triunfo de la propuesta de la Verde por «amplia mayoría».

Ahí mismo, sin dejar el micrófono, mientras las cosas ya estaban fuera de todo control, llamó a gritos a aprobar «a libro cerrado y por aclamación» las memorias y balances ¡Cuatro años de desastre sindical despachados sin debate y sin contar los votos!

En este punto, la determinación fue acallar nuestra interpelación a la directiva por los balances truchos que ocultan el derrumbe de la obra social. Según nuestra información, el pasivo ronda los 60 millones de pesos y allí solo se reconocen 13 millones (aunque en otros materiales oficiales se habla de 35 millones).

Se suma la denuncia por los despidos persecutorios en la clínica central, por el ilegal descuento compulsivo para los no afiliados acordado en la última paritaria, por la complicidad de la directiva con las patronales que evaden y negrean como Arcángel Maggio y Artes Gráficas Modernas (dos plantas que han tenido una enorme expansión apoyadas en la precarización laboral, mencionadas por Cristina Fernández como ejemplos del modelo productivo). Esto es lo que no toleraban escuchar y mucho menos podían rebatir… por eso la pudrieron.

Un aspecto muy grave es la actitud cómplice de los veedores del Ministerio de Trabajo, que miraban impasibles cómo se desarrollaba el «espectáculo» sin decir palabra.

Por supuesto, este gigantesco desatino será impugnado administrativa y judicialmente. El propio Abraham, secretario de organización del gremio, en un reportaje publicado en la página plazademayo.com confiesa que «no hubo debate» y «no contaron los votos» (curiosa muestra de democracia), lo que alcanzaría para declarar nulo todo lo actuado; más allá de ello, la asamblea constituyó una contundente demostración de fuerza y una expresión del ascenso antiburocrático y combativo que cruza a todos los gremios y en particular al gráfico. Este fue el punto de partida de la enorme lucha que estará planteada de aquí al 20 de abril por la conquista del sindicato.

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