25/02/1999 | 617

El impuesto sigue, el salario en penitencia

Es necesario reconocer que el fiasco sobre el ‘financiamiento educativo’ (dirigido a aumentar los salarios docentes mediante el impuesto a los automotores) ha superado todo lo imaginado. Hasta las previsiones más pesimistas se han quedado cortas.


La Decibe admitió que «recién en junio va a saberse a ciencia cierta cuánto dinero llego a juntarse» y dijo que «no deberíamos alterarnos si en el primer año estamos en una situación de pocas certidumbres respecto de la recaudación, porque éste es un programa para 5 años» (Página 12, 10/2). Por otra parte, la ministra anticipó que el aumento será exclusivamente para aquellos docentes «al frente de grado», es decir, excluye al personal con goce de licencias, bibliotecarios, los que trabajan en gabinetes, etcétera.


Silvani, titular de la DGI, ya se había adelantado al señalar que «aunque vamos a hacer todo el esfuerzo posible para llegar a recaudar el máximo, la crisis de Brasil impactará en forma negativa si, como ocurrió en enero, baja la producción y la venta de autos nuevos».


En síntesis, el aumento hasta el momento, es una cáscara vacía, pero… el impuesto sigue en pie, del mismo modo que la reforma del Estatuto del Docente.


Ctera dice que habría que «establecer un monto mínimo de aumento» y «anticipar alguna forma de distribución que fuera una garantía para los maestros… Tiene que haber por parte del Estado una decisión política que permita asegurar un piso» (declaraciones de Maffei, Página 12, ídem). En otras palabras, Maffei, lastimosamente, pide al gobierno, que viene de vetar la cláusula de ‘garantía’, que ‘garantice’ un aumento mínimo y adelante su pago.


Dos años de Carpa y de ayuno… para culminar en una ‘súplica’.


La cobardía y pusilanimidad de Maffei y Cía. está hecha a la medida del ‘cronograma electoral’ y a mostrar la ‘buena conducta’ de los aliados sindicales de la Alianza.


Ante el fracaso rotundo de la política ‘maffeísta’, es necesario un plan de lucha: el ciclo lectivo no debe comenzar; hay que paralizar las clases y decretar la huelga general educativa hasta arrancar el aumento salarial consistente en un básico de 700 pesos.


La docencia debe dejar de ser una convidada de piedra. Que se convoque a un Congreso nacional de delegados, mandatados por escuela, para impulsar y organizar la lucha de conjunto.

 

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