03/11/1994 | 431

El Secretariado firmó un convenio negrero

Por Ch. R.

No hay un solo artículo, una sola cláusula del convenio firmado por la UOM para la rama automotriz, que defienda siquiera de modo defectuoso el interés de los trabajadores. No es en realidad un convenio de trabajo, es lisa y llanamente un cheque en blanco en favor de las patronales automotrices y autopartistas para que éstas impongan una superexplotación atroz.


Los burócratas y empresarios “padres de la criatura”, fueron conscientes de la animalada antiobrera que firmaban. Por eso de entrada se comprometen a “preservar un marco de paz social plena… evitando tensiones y conflictos que inexorablemente afectarán los objetivos” (del convenio).


El acuerdo “tendrá una vigencia de tres años”, durante los cuales “los únicos aumentos que se acordarán” sobre los salarios “reales” (básico más adicionales) serán un 3% desde agosto del ’94, un 1% desde abril del ’95 y un 2% desde abril del ’96.


El “aumento” consagra una nueva rebaja del salario. Dispone un 6% acumulado de “mejora” en tres años, por detrás de los propios cálculos de Cavallo sobre la inflación prevista (¡¡¡sólo en lo que va del año  llega al 4%!!!). El salario por la jornada laboral no se alterará jamás durante los tres años, dicen los firmantes, porque los términos del acuerdo sólo pueden “reconsiderarse” ante una “modificación significativa de las variables macroeconómicas”. ¿Qué es significativa?¿Una devaluación del 2%, 5%, 10% o del 40%?  Nada de esto se encontrará en el acta. El secretariado de la UOM ha dejado que las patronales fijen arbitrariamente los salarios, según el criterio de “productividad”. Este es, precisamente, el corazón del acuerdo.


10% de  “productividad obrera” por año


“Las partes convienen un sistema de medición de mejoras productivas mediante la aplicación de una fórmula universal” (que no define), dice el artículo 1º de las “condiciones económicas pactadas”.  Sobre esta base, se acuerda un objetivo de “mejoras productivas… equivalente al 10% para cada año” (de los tres que cubre el convenio). En tal caso y sólo en tal caso, se pagará un adicional del 2 % en el 94, del 3 % en el 95 y del 3 % en el 96.


Al cabo de tres años, si se cumplen los objetivos de “productividad obrera”, la patronal se habrá embolsado el beneficio de un 30 % más de producción y le “retribuirá” al trabajador, único protagonista del crecimiento, un… 8 %.


El convenio se preocupa por establecer, sin resquicio alguno, que el adicional por “mejora productiva” esté atado a la intensificación del trabajo, no a la innovación tecnológica. El acuerdo dice taxativamente: “en todos los casos en que concurren mejoras tecnológicas, modificaciones de métodos, eliminación o incorporación de operaciones u otros cambios… en los métodos de trabajo, se ajustará el tiempo standard… del período base”, es decir, se pagará el plus sólo por el aumento en el esfuerzo físico del trabajador.


Hay más. El convenio fija como “período base de comparación” para apreciar si se ha operado una mejora productiva del 10 %, al “trimestre abril/junio 94”, es decir, el de más alta productividad obrera en todo el período. “En los últimos cuatro años, Sevel cuadruplicó con creces la producción al pasar de 170 a 730 unidades por día, pero su dotación no llegó siquiera a duplicarse” (Página 12, 10/10/94).


“Información”, ¿a quién?


Pero suponiendo que el trabajador agache el lomo y se rompa el alma para aumentar el 10% su “productividad”… ¡¡¡ni aún así tiene garantizado el irrisorio aumento!!! Las empresas se obligan a informar sobre los “volúmenes de producción, evolución de las variables con atinencia a la productividad y toda otra referencia necesaria para la determinación de los parámetros medibles vinculados a los incentivos”, sólo “a las comisiones directivas de las seccionales de la UOM”. Es decir, la determinación final sobre si hubo o no aumento en la productividad, correrá por cuenta de los empresarios y los burócratas que calientan el culo en las seccionales, agentes del secretariado.


¿Qué pasa si hay recesión?


El convenio habla por lo que omite en otro punto crucial: ¿qué pasa si hay un estancamiento o una baja en la producción y por lo tanto todas las hipótesis sobre aumento de la productividad dejan de tener sentido?  El acta no dice una palabra, entre tantas invocaciones a la “paz social”, sobre compromiso alguno de las patronales en materia de ocupación durante el tiempo del acuerdo, tampoco sobre la efectivización de los miles de contratados en terminales y autopartistas.


El convenio establece, luego de esta exhaustiva plataforma de ataque contra los trabajadores, una compensación por única vez equivalente a 90 horas (50 ahora y 40 en el ’95) y en “negro” (“no cotización al sistema de Seguridad Social y carácter no bonificable sobre rubros de naturaleza salarial”).


Patraña


El convenio para la “rama” automotriz fue firmado el 5 de agosto por un puñado de secretarios seccionales de la UOM, quince días después que la burocracia se desgarrara las vestiduras en el plenario de Parque Norte (21/7) proclamando que “se acabó la división por ramas”.  Ante la rebelión de los obreros de Cormec (Córdoba, ex Fiat) y el malestar en otras plantas contra el convenio, el secretariado de la UOM fingió que no estaba aprobado e hizo incluso trascender la posibilidad de un “ajuste de cuentas” de los firmantes.  Parodia pura para medir la reacción obrera: días después, el convenio tuvo la firma del secretariado en pleno, Lorenzo Miguel incluido.


Llamamos a organizar una campaña masiva de repudio al convenio negrero del secretariado de la UOM, a impulsar asambleas que denuncien éste y el conjunto de “actas-acuerdo” que imponen cláusulas de “productividad”, que fijen el reclamo de un salario básico de 1.200 pesos por una jornada de ocho horas, que elijan paritarios para discutir el convenio colectivo. Llamamos a poner en pie una agrupación que se empeñe en la lucha por una nueva dirección y haga carne en los trabajadores que el “Secretariado”  ha destruido a la UOM, y que para salvar a la UOM y sobre todo a los metalúrgicos, hay que acabar con el “Secretariado”.

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