09/10/2021

Elecciones en la Confederación del Transporte: nubes de tormenta en la unidad de la CGT

Nueva conducción moyanista y portazo de la UTA y La Fraternidad.

El congreso de la CATT -sin los delegados de La Fraternidad y de la UTA, que dieron el portazo- consagró una nueva conducción encabezada por Sergio Sasia de la Unión Ferroviaria y Juan Carlos Schmid de Portuarios. El hombre detrás de este armado es Hugo Moyano, que desde hace un año viene reuniendo adhesiones de gremios confederados -hace unas semanas realizó un plenario con más de veinte- a su alianza con Sasia y el proyecto del gobierno para rediseñar todo el transporte de carga.

La sociedad Moyano-Sasia buscaría también controlar la Catedha, la confederación de sindicatos de la Energía, promoviendo la candidatura de Guillermo Moser de Luz y Fuerza.

La contraparte de este pacto será el apoyo del ferroviario y sus aliados del Semun (Sindicatos En Marcha por la Unidad Nacional) -que agrupa a treinta organizaciones que estarían regresando a la estructura formal de la CGT, como Taxistas o Correos- a Pablo Moyano para dirigir la central.

En su primer discurso como secretario general de la CATT Sasia expresó: “Queremos que exista un conductor de la CGT (…) y si es más de un conductor que integre ese triunvirato o cómo se conjugue; ese conductor es Pablo Moyano”.

La unidad que no fue

Para muchos, la elección de la CATT era una primera prueba de la consistencia del operativo para unificar a todas las fracciones de la burocracia bajo el paraguas de la CGT, en vistas a que todas apoyan al gobierno del Frente de Todos, incluso o especialmente ante la derechización de su gabinete y de su política tras la derrota electoral.

Los intentos por presentar una lista con todos adentro, controlada por el moyanismo, chocaron con la resistencia de Omar Maturano y Roberto Fernández, que defendían la continuidad de Schmid. Maturano es un crítico frontal del Frente de Todos (al que considera un refrito del Frepaso, no peronista), y Fernández de UTA mantiene un enfrentamiento histórico con el Camionero, entre otras cosas por el manejo de la CATT.

Por la brecha de esa confrontación se coló un tercer candidato, el piloto Pablo Biró, presentado por algunos sectores aeronáuticos como una alternativa de “consenso”, pero finalmente la presión de la Fempinra, la federación de sindicatos portuarios -presidida por Schmid, pero que responde a Moyano- terminó por “convencer” a su jefe de secundar a Sasia.

La Fraternidad y la UTA son dos de los gremios más gravitantes por el peso de sus aparatos y su capacidad de “parar el país”, como les gusta alardear a ambos; aunque, al revés, su orientación, tanto ahora como con Macri, fue contener todo proceso de lucha y garantizar la tregua. En estas horas Sasia está proscribiendo en las elecciones del Ferrocarril Roca una lista Multicolor de la oposición combativa.

La determinación de ambos sindicatos de romper la CATT para resucitar, según adelantaron, la Unión General Argentina de Trabajadores del Transporte (Ugatt) -un sello surgido en 2013- proyecta una sombra sobre el futuro Congreso de Unidad de la CGT, convocado para el 11 de noviembre.

El camino tortuoso

El bloque de Los Gordos e Independientes, de Héctor Daer, Andrés Rodríguez y Gerardo Martínez -que hoy forman la mesa chica de la central- dice tener “alineado a alrededor del 70% de los dos mil y picos de congresales” que deberán elegir la nueva conducción de la CGT. La variante que suena por estas horas es un nuevo triunvirato compuesto por el mismo Daer, Antonio Caló -en representación de la otra columna del poder sindical: la Confederación de Gremios Industriales, liderada por el Smata- y Pablo Moyano.

Quedaría excluido Sergio Palazzo, cuyas pretensiones fueron licuadas por la derrota electoral, y algo similar ocurrió con la idea de sumar alguna mujer; incluso aún se espera el borrador para adaptar el estatuto de la central a la ley de cupo femenino, vigente desde hace décadas: una fantochada que oculta la completa falta de toda política de la burocracia sindical en defensa de los derechos de la mujer.

La otra prueba que deberá atravesar el “operativo unidad” será el apoyo a los actos oficiales del 17 de octubre y la marcha del 18, el Día de la Lealtad peronista, convocada por la CGT y los movimientos sociales agrupados en la Utep, en apoyo al gobierno. Lejos de levantar los reclamos de salario, jubilaciones o la defensa de los convenios, se hace con las consignas de las patronales: Desarrollo, Producción y Trabajo. La recuperación económica, en base a una mayor precarización y miseria, refuerza el papel antiobrero de la burocracia sindical. De realizarse la marcha del 18 será de la lealtad al ajuste del FMI que aplica el gobierno ahora mismo, preparando el pacto poselectoral que condicionará todo el futuro de los trabajadores argentinos.

Las “nubes de tormenta” en la unidad de la CGT son un reflejo más de la crisis profunda del peronismo, que tuvo un episodio en la derrota electoral del 12 de septiembre, pero que será un aspecto clave del explosivo cuadro social, antes y después de las generales de noviembre.

El reciente plenario de CSC votó una gran campaña de agitación y explicación del contenido reaccionario de unidad de la CGT para acompañar la “reforma laboral de hecho”, que avanza sector por sector, siguiendo el modelo de acuerdo Smata-Toyota. El acto que hemos propuesto al Frente de Izquierda, que se realizaría de ser aceptado el 30 de octubre, llenaría la Plaza de Mayo de manera antagónica al operativo cegetista destinado a ser la malla de contención ante la descarga de la crisis sobre las espaldas de la masas y, sin dudas, una de sus consignas será el rechazo a toda forma de la reforma laboral.

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