17/06/1999 | 631

Fiat, Techint y Arcor, piden la devaluación del peso

Por ejemplo, el presidente de la Unión Industrial, Osvaldo Rial, dijo sin ambigüedades: «Hay que cambiar el Mercosur porque como está no nos sirve más» (Gazeta Mercantil, 7/6).


«A partir de la devaluación de Brasil, vimos que el Mercosur no puede seguir funcionando. Los productos argentinos, con precios en dólares, no pueden competir en el mercado regional», plantearon en un documento los patrones de Arcor, Techint, Grupo Macri, Pérez Companc y Bridas (Clarín, 14/6).


La reciente reunión Menem-Cardoso, en Buenos Aires, agravó las divergencias, en lugar de limarlas. «Si no hay un giro de 180 grados en la posición actual de Brasil, no creo que pueda haber avances importantes en ninguno de los anuncios que hicieron ayer Carlos Menem y Fernando Cardoso», comentó un hombre de la Cancillería argentina (Ambito Financiero, 9/6). Lo mismo opinan los brasileños, claro que responsabilizando a la Argentina de la impasse.


La propuesta de la Argentina y Brasil de firmar una especie de Tratado de Maastricht, con topes al déficit fiscal, fue interpretado, en todo el mundo, como una parodia y como una manifestación de que Menem y Cardoso andan sin rumbo.


Brasil tiene un déficit fiscal colosal y el de la Argentina no tiene financiamiento. No tienen ninguna posibilidad de cumplir una meta de equilibrio fiscal.


El bloque de la Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay ya estaba estancado, porque no lograba aumentar la producción ni expandir el comercio exterior, mientras que sus Tesoros estaban reventados por el peso de los servicios de la deuda externa. Cuando lo golpeó la recesión, entró en bancarrota por la fuga de capitales y la suba de la tasa de interés.


La devaluación brasileña (el dólar ya está a 1,80 real) modificó la estructura de costos y precios en el Mercosur, sacando de la competencia a ramas y empresas enteras y alterando por completo la división del trabajo y la tasa de ganancia entre las industrias y empresas de la región.


La recesión deprimió la escala de producción en toda la región, lo que implica un sobrecosto por la capacidad ociosa del capital inmovilizado.


Por ejemplo, mientras la industria automotriz del Mercosur se preparó para producir 4 millones de autos, en 1999 el mercado regional apenas podrá absorber la mitad y las plantas recién inauguradas siguen con el personal suspendido. Algunas no pudieron entrar en funcionamiento. El intercambio automotor entre Brasil y la Argentina se deprimió un 25% por la combinación de la recesión en ambos países.


Con todo, para la Argentina la crisis es superior aún, porque «de un día para otro las exportaciones argentinas perdieron competitividad en enorme magnitud. Industrias montadas a la vista del comercio entre los dos países —como es el caso típico del sector automotor— se vieron de repente con capacidad e inversión ociosas y enormes dificultades para colocar sus productos en otros mercados» (La Nación, 18/5).


En estas condiciones, comenzaron a cobrar fuerza los planteos de deshacer el Mercosur y buscar una integración con el Nafta, el bloque de EE.UU., Canadá y México, o dar paso al ALCA, la integración continental bajo la hegemonía de los EE.UU. Sin embargo, «entre los países participantes, existe la opinión bastante generalizada de que el ALCA es un proyecto que hoy ofrece más incertidumbre que certeza sobre su concreción a largo plazo» (La Nación, 18/5).


De allí es que la burguesía vuelve a mirar a Europa. La plataforma de la Alianza propone profundizar los vínculos con la Unión Europea. Pero Europa mantiene sus mercados cerrados a los productos de exportación de la Argentina. «Es que la política de incentivos y proteccionismo que la Unión Europea instrumenta en materia agrícola perjudica directamente las exportaciones del Mercosur» (La Nación, 16/5). Francia volvió a patear el tablero al ratificar que no está dispuesta a reducir los subsidios a su sector agrícola.


Es más que evidente que las burguesías del Mercosur están en una impasse. La crisis internacional volvió a ponerle una barrera a su acceso al mercado internacional. Se hundieron el ‘plan real’ y el de ‘convertibilidad’, que sustentaban una entrada de capital especulativo.


Todo esto se refleja con mayor intensidad en la Argentina. La crisis brasileña le cerró la última puerta al ‘plan de convertibilidad’, golpeado de muerte desde fines de 1994.


En estas condiciones, comenzó a tomar fuerza en la burguesía agraria e industrial un ala devaluacionista, que está encabezada por Techint y Fiat. Estos dos pulpos colocaron al duhaldista Rial al frente de la Unión Industrial.


Techint está duramente golpeada por la crisis y por las fuertes pujas internacionales en la siderurgia. Sus inversiones en Venezuela, en la planta Sidor, sufrieron un fuerte golpe y no pudo levantar algunas deudas. Días pasados, logró que Menem aprobara medidas antidumping contra la importación de acero de Brasil, pero eso desató las críticas de las automotrices que reclaman por el precio más caro de la chapa. Los brasileños juraron tomar represalias.


Fiat, por su parte, hizo una fuerte apuesta en el Mercosur y está con enormes pérdidas por el achique de las ventas. Por eso presionó por el Plan Canje —es una de las favorecidas—, pero éste no alcanza para sacar a la industria automotriz de la crisis.


No es casual que ahora Techint, Arcor, Macri, Pérez Companc y Bridas planteen «que las monedas de los cuatro países deberán empezar a variar entre sí con un margen de amplitud establecido a priori por el bloque: nadie podrá devaluar más allá de un nivel pactado previamente». Además, que «las monedas de los cuatro países del Mercosur deben estar referidas a otra moneda extranjera. Y esa otra moneda no tiene por qué ser el dólar» (Clarín, 14/6).


La propuesta entonces apunta a la devaluación en la Argentina y a la flotación de la moneda de los cuatro países, en una especie de devaluación permanente. Pretenden relanzar el Mercosur a través de exportaciones abaratadas. Antes, claro está, la Argentina deberá pasar por una profunda crisis, aún más, con la quiebra de capitales enteros. Lo mismo ocurrirá con Brasil, que aún no digirió su propia devaluación. En estos términos se plantea hoy el Mercosur.

 

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