05/12/1996 | 522

Fraude, abstención y crisis

En las elecciones de la UOM, la burocracia miguelista ganó en todas las seccionales: en 45 como el ‘oficialismo’, y en 6 como la ‘oposición’. Las listas que derrotaron a las burocracias regionales en Campana, San Juan, Santa Fe, Córdoba, Mar del Plata y Rafaela, se referenciaron, como sus adversarios, en la cabeza del actual secretariado. Esto demuestra la ausencia de una política alternativa en el seno del ‘aparato’ de la UOM y consagra el fracaso de todos los intentos ‘reformistas’ que, en distintas circunstancias, insinuaron Brunelli, Minguito o, incluso, Curto.


En los últimos tramos de la campaña se pudo advertir que el secretariado, que estuvo al borde de una fractura con la firma del convenio Fiat-Smata, llegó a un acuerdo en defender el convenio Fiat por el Smata. El ‘Barba’ Gutiérrez (UOM Quilmes) no tuvo empacho en firmar un convenio por fábrica para Diasa, la empresa con la que Fiat reemplazó a Macri en Berazategui; deja de lado el convenio por rama, y fija un salario menor y condiciones de flexibilización que no tienen nada que envidiar a las del convenio Fiat. Gdansky (UOM Matanza), también inscripto en la línea de los convenios por fábrica, terminó haciendo campaña como hombre de Lorenzo Miguel,


En la UOM Córdoba ganó la lista de Salluzzo, que, aunque se opuso al convenio Fiat en un terreno declamativo, acabó conciliando con la fracción de Almada, que intentó aplicar el convenio Fiat en Cormec.


En consecuencia, los “nuevos secretarios generales pertenecen al oficialismo” y  “en el colegio electoral no se prevén grandes modificaciones en el secretariado nacional de la UOM” (Diario Gremial, 25/11).


Cáscara vacía


Aunque la burocracia informó de una participación de “130.000 votantes”, la adulteración de padrones y la ausencia de control sobre los comicios le quitan al dato cualquier seriedad. En Córdoba votaron unos 3.000 metalúrgicos, una cifra inferior al 40 % del padrón reconocido. Esto plantea, proyectados los datos, un fabuloso grado de abstención.


La reelección del secretariado no cambia un ápice el grado de crisis terminal en que se encuentra la UOM. Luego de prometer llevar “10.000 metalúrgicos” a la marcha de la Aduana, la UOM no llevó ni a su secretario general. Atada a los grandes pulpos por la privatización de las jubilaciones y a la ‘desregulación’ de las obras sociales, sin otra política que preservarse como ‘comisionista’ de cuanto convenio se firme, la burocracia sufre una crisis política crónica.

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