21/08/2003 | 814

¿Gestión obrera o reconstrucción capitalista?

En la reciente exposición de la Rural, una de las empresas acaparó la atención general. Fue la fábrica recuperada Zanello. Presentó un tractor único, que mereció un premio a la innovación.


Desde que fue salvada por sus trabajadores, Zanello ha experimentado un crecimiento prodigioso. Pasó de fabricar repuestos y proyectar una escasa venta de tractores a una producción anual de 500 unidades. La misma expansión se verifica en el empleo, pues la dotación inicial de trabajadores se ha cuadriplicado, ascendiendo en la actualidad a 240 compañeros.


Pero una parte no menor de esta gigantesca reconstrucción de la fábrica ha ido a parar a los acreedores. En una primera etapa, los trabajadores de Zanello estuvieron pagando un alquiler (un canon locativo) al juzgado que administra la quiebra de la empresa a cambio del uso precario de la planta. La empresa no llegó a expropiarse ya que esa alternativa tropezó con la negativa del gobierno de De la Sota.


El Banco de Córdoba no aportó un sólo peso en los meses críticos para el financiamiento del naciente emprendimiento, actitud que contrasta con la generosidad con que el banco se manejó con los capitalistas de la provincia, incluidos los antiguos dueños de Zanello. Sí impuso un acuerdo por el cual los trabajadores debían comprarle la deuda que la firma mantenía con esa entidad financiera, en su carácter de principal acreedor. El acuerdo contempló la entrega inmediata de un millón de pesos, que ya los trabajadores desembolsaron, y 60 cuotas mensuales de 150.000 pesos. En definitiva, el Estado delasotista le quitó a los trabajadores el ahorro que habían logrado reunir.


Importa destacar que la cuota de 150.000 pesos es equivalente a la suma de salarios que los trabajadores cobran mensualmente. Esos 150.000, entonces, habrían permitido duplicar los salarios y que los trabajadoes dejaran de percibir ingresos ubicados por debajo de la línea de pobreza.


Zanello, además, es un consorcio organizado bajo la forma de sociedad anónima, en el que los trabajadores poseen el 33% de las acciones. Otro 33% lo tienen las concesionarias y el último 33% le pertenece al personal jerárquico. El 1% restante lo tiene el Estado municipal de Las Varillas, donde está alojada la planta. El capital de trabajo fue puesto por los concesionarios, que tienen un peso gravitante en la marcha de la empresa. Quiere decir que este proceso de salvataje tiene, de entrada, un sesgo capitalista mucho más marcado que otras experiencias cooperativas en curso. Si bien al día de hoy existe una retribución igualitaria – desde el gerente general hasta el último operario ganan el mismo sueldo – eso no puede hacernos perder de vista que la orientación estratégica de la firma está en manos de grupos empresarios. El control capitalista en las decisiones de la empresa, tarde o temprano, se sentirá en la organización interna de la fábrica y conducirá inexorablemente a un proceso de diferenciación y desigualdad salarial.


La experiencia de Zanello vuelve a poner de relieve la necesidad de un programa que apuntale los emprendimientos de la clase obrera. 1) Expropiación de todas las empresas vaciadas ocupadas y recuperadas por sus trabajadores. 2) Entrega gratuita d e sus bienes a sus trabajadores. 3) Puesta en pie de gestiones obreras que pongan en funcionamiento esas empresas. No a la injerencia patronal. La gestión obrera debe concentrar en sus manos el control, la administración y la propiedad sobre la totalidad de los bienes afectados a la explotación. 4) Auxilio económico estatal a través de subsidios no reintegrables. La indemnización prevista por la ley para los antiguos dueños de las empresas expropiadas debe ir dirigidas a sostener a la gestión obrera. 5) Nacionalización de la banca, de modo de colocar los recursos financieros al servicio de los trabajadores y sus necesidades.

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