10/03/2016 | 1402

Grupo 23: el Ministerio de Trabajo macrista, cómplice de los vaciadores K

Más de un mes de ocupación en Tiempo y dos meses de paro en América
delegado de la CI de Tiempo Argentino


En el conflicto del Grupo 23, el gobierno nacional fue ajustando su política. Al principio, se caracterizaba por la parálisis indolente. Con esa actitud buscaba posicionarse por fuera de una crisis que, desde su perspectiva, aparecía como una arista más del derrumbe político y “cultural” del kirchnerismo. Además, claro, legitimaba el ajuste que ellos mismos preparaban. Nada mejor que “tercerizar” el ajuste en el kirchnerismo para darle un carácter de política de Estado.


 


Pero la acción decidida de los trabajadores fue transformando a un conflicto considerado “propio” del kirchnerismo en un problema político para el gobierno. Luchamos por una orientación de independencia política respecto de la patronal. La lucha se centró, de entrada, en la defensa de los 800 puestos de trabajo y de los derechos de los trabajadores. El festival del Parque Centenario con más de 25 mil participantes y laas sucesivas acciones de lucha junto con el Sipreba colocaron al conflicto en el escenario político y obligaron al gobierno a involucrarse. Lo hizo, sin embargo, para abonar la política de desgaste que ejecutaban los Szpolski, Garfunkel y Martínez Rojas.


 


Así, la cartera laboral pasó de una actitud beligerante con la nueva patronal (amenazar con multas y promover los Repro para los trabajadores) a ser vocera directa de las versiones de una supuesta operación comercial. Así, justificó la postergación de las multas a la patronal, a la vez que incumplía los acuerdos rubricados en sede ministerial. Se acabaron las multas y comenzó el cajoneo de los expedientes a favor de los Repro. Las autoridades políticas del ministerio (Silvia Squire, tercera en la línea de mando) se involucraron personalmente en la serie de mentiras y dilaciones de la patronal. El gobierno cobró conciencia de que, detrás del conflicto en el G23, se está jugando una partida más general en la relación de fuerzas entre todas las patronales de medios y los trabajadores a través de su nuevo sindicato, el Sipreba.


 


En la contundente movilización del 3 de marzo a la Plaza de Mayo, la actitud del gobierno fue nuevamente la de ningunear el conflicto, para producir un mayor desgaste entre los trabajadores. Sin embargo, finalmente, tuvieron que acceder a conceder una reunión con el vice ministro de trabajo Ezequiel Sabor que, al cierre de esta edición, estaría próxima a realizarse. Una vez más, la beligerancia de los trabajadores de prensa volvió a poner las cosas en su lugar y, ante la ausencia de una respuesta patronal redoblaron su plan de acción orientado al poder político.


 


La masividad de la asamblea del lunes 7 de marzo es una muestra de que, entre los trabajadores, hay reservas de lucha y que, paso a paso, van asumiendo la conciencia de que, para encontrar una salida, deberán mantenerse firmes y pacientes en el conflicto durante un período más o menos prolongado.


 


Allí los trabajadores resolvieron avanzar en más medidas de acción directa orientadas a la obtención inmediata de los Repro (hay casos recientes de paliativos de esa naturaleza), a la vez que volver a tomar la medida de editar un diario con el propósito de desafiar el lock-out y, ahora, aspirar a que el propio diario sea una herramienta de recaudación de fondos a través de solicitadas y avisos.


 


Radio América ya emite hasta tres veces por día a través de la frecuencia oficial programas que, principalmente, difunden el conflicto y su desarrollo. La orientación de retomar el camino de la salida de una publicación (por ahora digital), está lejos de encontrar una inspiración autogestiva. La continuidad de los puestos de trabajo depende de la imposición al Estado para que genere las condiciones necesarias para la continuidad de los medios a partir de la pauta adeudada al G23 y la generación de mecanismos que impidan el cobro de los vaciadores y aseguren, en primer lugar, el pago de la deuda con los trabajadores.


 


 Son 35 días de ocupación. Tres meses de sueldos adeudados y el aguinaldo. Y la pelea sigue. Un capítulo extraordinario de la lucha de los trabajadores de prensa. Un gran aporte para toda la clase obrera acerca de los métodos para enfrentar el brutal ajuste del gobierno nacional.


 

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