20/06/1996 | 499

“Hay que oponerse muy fuertemente a la paritaria por universidad”

PO: Carlos, explicános cuáles son tus argumentos.


C.M.: Creo que el principal es que el rechazo de la paritaria por Universidad significa rechazar una estrategia global de la patronal, en nuestro caso, el Ministerio de Educación y el Consejo Interuniversitario Nacional, de debilitar el poder de negociación de los docentes universitarios. Esta estrategia se articula perfectamente con el hecho de que la propia labor docente universitaria, por la cantidad de empleos que tiene que tener un docente para mantenerse dignamente, implica una fragmentación de sus lugares de trabajo, una desarticulación en las relaciones con sus compañeros de trabajo, un pluriempleo —que significa, a veces, tener dos horas en una facultad, dos horas en otra, etcétera—, y esto hace que se acentúe la desarticulación del espacio gremial para una lucha social efectiva.


La estrategia siempre es dividir. La estrategia en la reconversión de las obras sociales es que las chicas desaparezcan y hegemonicen las grandes; con la previsión privada pasó lo mismo; se habla de provincias “viables” e “inviables”… toda la estrategia global de las nuevas formas que adquiere el sistema de dominación se está proyectando sobre un espacio que hasta hace un tiempo parecía inmune, parecía resistir los embates de esta política, aunque, hay que decirlo, la flexibilización laboral está instalada en las facultades desde hace mucho tiempo, antes que en otros lugares del sistema productivo.


El argumento central es que, sin hacer dogma de los mecanismos de lucha social en este caso, nos parece que la paritaria por Universidad responde a los intereses del acuerdo de Colón para la reforma de la UBA; de la instalación del FOMEC; de los incentivos para investigación, que implica dividir a todo el cuerpo docente en beneficiados y perjudicados, o mejor dicho, en privilegiados y no privilegiados con este tipo de recursos. Entonces, me parece que va a haber universidades que se salvan y universidades que se quedan afuera; facultades, carreras, incluso cátedras y materias que se salvan y otras que quedan afuera. Es una especie de cadena darwinista, de ‘sálvese quién pueda’, que significa instalar la lógica del mercado —que en este momento es salvaje, para nada transparente y muy oligopólico—, mercado que va a distribuir los recursos en función de la ‘productividad’ de cada unidad académica.


Por eso, hay que oponerse muy fuertemente a la paritaria por universidad, porque significa la desarticulación de la Universidad pública, sería el golpe de gracia, más aún si lo aprueba una dirigencia gremial.

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