16/09/2004 | 868

Impulsemos el paro activo gráfico

En defensa de los trabajadores de AGR-Clarín

El programa de lucha que se dieron los trabajadores de AGR-Clarín en su huelga de cuatro días (ver Prensa Obrera Nº 867) apuntaba al centro neurálgico del problema: la reconquista de las condiciones de trabajo y defensa del convenio colectivo, por la eliminación del régimen ilegal de semana desplazada (semana laboral de miércoles a domingo).


El otro punto crucial es el pos tergado reclamo de aumento de salarios.


Mientras los trabajadores de AGR reclamaban un mínimo de 1.400 pesos (aumento del 50%), el Consejo del Salario estableció un “mínimo” de 450 pesos.


Bonasso, la Policía y el levantamiento


El gobierno actuó directamente para presionar por el levantamiento del conflicto; los 500 efectivos policiales armados —de los cuales una parte ingresó a la planta— los helicópteros y carros de asalto, la Presencia de la Montada, la Infantería, el grupo GEO y canas de civil, no constituyen un operativo realizado al margen del poder político.


Esto se lo dijimos a Bonasso cuando vino a jugar el rol de “policía bueno”. Este autoproclamado paladín del “periodismo independiente”, y representante de los transversales, se acercó a la asamblea obrera para defender los intereses del monopolio periodístico más importante de habla hispana.


Los trabajadores realizamos una asamblea en el playón, entre los que estaban adentro y afuera. Allí hubo claramente dos posiciones, una planteada por los referentes de la Naranja en el taller, que explicaba que debíamos mantenernos en estado de asamblea y reclamarle a la directiva del sindicato que parara esa misma noche la planta de AGEA-Clarín (diario). También explicamos que era falso que por levantar la medida se preservarían los puestos (con anterioridad, en las asambleas se había votado que si despedían a algún trabajador ocuparíamos la fábrica). Los trabajadores aplaudieron esta posición, pero finalmente, probablemente presionados por el impactante operativo policial, votaron el acatamiento de la conciliación. Acto seguido corrieron a algunos representantes de la directiva sindical, denunciándolos por haber aislado el conflicto y no parar el diario.


Una hora después la patronal comenzaba a desacatar la conciliación, impidiendo el ingreso del personal y despidiendo al otro día a 120 trabajadores, incluidos toda la Comisión Interna y los congresales de la Lista Naranja y de la Lista Verde.


La relación de fuerza


El Ministerio está jugado a bicicleteamos mientras dure la conciliación obligatoria (hasta el 28 de septiembre), mientras los despedidos siguen afuera. Se impide el ingreso de los representantes gremiales al establecimiento y la patronal está citando a los despedidos individualmente, presionándolos para que lleguen a arreglos.


En este cuadro, la orientación de “esperar a que termine la conciliación” para emprender una lucha sólo le regala tiempo a la patronal.


La tarea de la hora es combatir la conspiración de la empresa para “cortamos en rebanadas”, intentando dividimos entre los que no están despedidos y los que sí lo es tán, y a éstos entre los que entran y los que no; tratando de oponer a los de “afuera” con los de “adentro”. Se trata de una infamia que hay que rechazar de forma tajante.


La clave es recuperar la asamblea general y realizar asambleas por tumos para mantener la unidad obrera. Hay que reclamar ya al gremio: asambleas en todos los talleres, plenario de delegados de todo el gremio y paro activo por la reincorporación de todos los trabajadores de AGR y apoyo a su programa de lucha, por aumento de salarios, y pago de todas las deudas atrasadas en los talleres gráficos (Crónica, Ciccone, New Press, etc.).

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