20/09/2007 | 1010

La crisis de la CGT

Los Kirchner quieren que las patronales decidan el encuadramiento sindical

La larga crisis que arrastra la CGT tiene un nuevo capítulo. De los 33 miembros del Consejo Directivo, se fueron los 8 “gordos” en 2005 y ahora Barrionuevo anuncia el retiro de una cifra no definida (que podría alcanzar 14 sindicatos). Con 22 de los 33 miembros afuera, la CGT está diezmada. Hace mucho que su Consejo Directivo no se reúne; después de los hechos de San Vicente dejó de hacerlo también la llamada “Mesa Chica”. La CGT es nada más que las decisiones de Moyano. Hoy, la “familia” Moyano dirige la CGT con los “pibes” tipo “Madonna” Quiroz.


Los demás gremios acusan a Moyano de romper los “códigos” de la burocracia al apoderarse del encuadramiento de otros sindicatos.


Si se mira con cierta atención, es evidente que la ofensiva contra Moyano proviene claramente de las grandes patronales del país. Los que han roto “todos los códigos” sindicales, de la mano de las empresas, son precisamente Empleados de Comercio y la Uocra. Mientras se pone el grito en el cielo sobre los 22.800 trabajadores de la logística de los supermercados y los del Correo que pasaron a la órbita de Camioneros, la Uocra y el Sindicato de Empleados de Comercio se apoderaron de los casi cien mil trabajadores desencuadrados en todo el país. En los convenios de estos sindicatos se adoptan horarios cortados, no se reconoce la antigüedad, se elimina la indemnización por despido y la grilla salarial es de las más bajas.


Hay trabajadores de juegos de azar, levantadores de cosechas, operarios de cargas de autos en barcos, centenares de parques industriales de cualquier industria y petroleros en los convenios de Cavalieri y Gerardo Martínez. Un solo ejemplo ilustra toda esta patraña. En la localidad de Las Heras, en el norte de Santa Cruz, de 10.000 trabajadores que se desempeñan como petroleros, sólo 3.000 están encuadrados en su sindicato; los demás son de la Uocra y de Empleados de Comercio, e incluso hasta de trabajadores rurales. Así, las patronales se ahorran millones de pesos en salarios y en condiciones de trabajo.


El futuro gobierno se encamina abiertamente a un pacto social, en el cual el problema de la flexibilización laboral es central. El primer paso fuerte del gobierno en ese sentido es la liquidación de la doble indemnización. Ahora las patronales pretenden bloquear en el Senado el “indubio pro operario” (una figura que obliga al juez a favorecer al trabajador en caso de dudas); lograr que la indemnización en caso de quiebra no sea la misma que la de despido; van contra la presunción de existencia de embarazo en caso de despidos y hasta por el permiso de trabajo de menores en la minería.


Moyano jugó un papel valioso para el gobierno. Logró que durante todo lo que va del mandato de Kichnner no hubiera un solo paro general. Logró establecer un miserable piso de 14,5% con cuotas en las paritarias. Como contrapartida se llevó una “torta” de varios millones en la administración de las obras sociales y subsidios millonarios en gas oil para las patronales de camiones.


Las patronales quieren que el próximo gobierno ponga fin a los bloqueos o paros que después sean tomados en conflictos obreros de cualquier naturaleza. Esta pretensión se disfraza con la frase de “que los sindicatos industriales tengan un papel preponderante”. En plata, esto es la postulación de la UOM para dirigir nuevamente la CGT. Es poner a la cabeza de la CGT a la más entreguista de las conducciones burocráticas de la UOM de su historia. La que lleva sin librar un conflicto desde hace 20 años.


En julio próximo estará planteado el desenlace respecto de la continuidad o no de Moyano. Si su gran aliado De Vido cae en desgracia, sus días estarán contados. De nada le servirá el “desenfrenado cristinismo” de la última semana. La realidad de la CGT es que quedan 11 miembros de los 33.


La burocracia gira aún más a la derecha acompañando la derechización del gobierno mientras que el movimiento obrero está comenzando a jugar un papel en los parques industriales, y está saliéndose de los encuadramientos truchos de las patronales y los burócratas, con sus propios métodos. No hay elección posible entre moyanistas, barrionuevistas, o gordos. “Fuera la burocracia de los sindicatos” va a ser la voz de mando de los conflictos del próximo período.