25/10/2020

La lucha de los trabajadores de Murata une, El Mangrullo divide

Una agrupación de vigiladores que se opone al pase a planta.

La agrupación de vigiladores El Mangrullo, a través de su referente Florencio Martínez, postea permanentemente contra la lucha por el pase a planta de los trabajadores de Murata en la página de la Agrupación Causa Ferroviaria Mariano Ferreyra-Lista Gris. El Mangrullo revista en el grupo de Altamira.

Esta agrupación considera que las empresas de seguridad no son tercerizadas ya que tienen una continuidad, más allá de la permanencia en un objetivo, y que el vigilador cumpliría un rol profesional, aunque precarizado. Por lo tanto, llama a unirse como vigiladores y rechaza los planteos de pase a planta. ¡Denuncia a los compañeros de Murata que luchan… como divisionistas y sectarios!

La posición de El Mangrullo y Martínez es equivocada y, a la vez, profundamente reaccionaria y burocrática, en su defensa de un corporativismo abstracto enfrentado con los trabajadores que luchan.

Las empresas de seguridad son tercerizadas porque son contratadas para dividir el colectivo obrero de un establecimiento en diferentes convenios, de modo de arrastrar el salario y las condiciones de trabajo a la baja. En algunos casos, inclusive se utilizan para constituir una fuerza de choque contra la masa de trabajadores organizada, como sucediera en el Inti y tantos otros casos.

Lejos de cualquier profesionalización, los vigiladores no reciben instrucción alguna, son enviados a enfrentar situaciones de riesgo o a puestos fijos inhóspitos y abandonados a su suerte. Cuando el vigilador es armado, se constituye en fuerza de choque de la patronal, que terceriza una función asignada a las fuerzas de seguridad bajo el Estado capitalista.

Los 350.000 vigiladores que habría en nuestro país, según El Mangrullo, no tienen unidad alguna, la inmensa mayoría carece de representación gremial, y hay poquísimos afiliados divididos en una decena de gremios burocráticos y de camarillas muchas veces integradas por elementos de la propia patronal.

Por el contrario, el instinto de clase que separa al trabajador del patovica se expresa en los procesos de organización y lucha como el que protagonizan los compañeros de Murata, en el ferrocarril San Martín, así como lo expresó el movimiento de elección de delegados de MCM que derivó en el despido de diez compañeros de las líneas Roca y Sarmiento hace un año y medio. Del mismo modo sucedió hace diez años con la lucha por el pase a planta de los trabajadores de Mapra, SGC y Segmar en el ferrocarril Roca, entre trabajadores de diferentes tercerizadas. En forma similar se manifiesta entre tercerizados aeronáuticos y de otros gremios.

Esa es la expresión genuina de la clase obrera entre los trabajadores de la seguridad, de quienes han enarbolado siempre el planteo del pase a planta permanente como eje ordenador de su lucha, más allá de las condiciones de relación de fuerzas con la patronal que permitan conquistarlo. Estos procesos son los que unen a los trabajadores, inclusive en los llamados de estos compañeros a la unidad de todos los tercerizados y en sus manifestaciones de solidaridad con la lucha de Dánica y de los ocupantes de Guernica.

Curiosamente, estos planteos de El Mangrullo coinciden con un acercamiento de la agrupación ferroviaria de la «tendencia» con un burócrata pedracista desplazado de la conducción Verde en el ferrocarril San Martín, que opera contra la lucha de los compañeros de Murata.

La lucha de los trabajadores deberá abrirse paso contra la férrea alianza entre las empresas tercerizadas y el gobierno -expresada en la negativa de los funcionarios de Transporte de recibir a los trabajadores-, y el papel de contención de las luchas que cumplen tanto las burocracias sindicales ferroviaria y de seguridad, así como de quienes colaboran desde el campo de la propia izquierda.

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